Max Rojas, el poeta del caos

El poeta Juan Máximo Rojas Proenza, mejor conocido como Max Rojas, murió la semana pasada -el viernes 24 de abril- en su casa de la ciudad de México, a los 74 años de edad.

Nacido en la capital del país, en 1940, el también promotor cultural se distinguió por mantenerse en la periferia de la poesía mexicana, aunque, debido a la fuerza y cuidado de su obra, logró ser reconocido por un público amplio.

En una semblanza del autor, realizada por Iván Cruz Osorio, se destaca que Rojas estuvo siempre lejano a las grandes editoriales y que sus libros se publicaron en sellos independientes, con tirajes cortos y distribución casi inexistente.

“A contracorriente de cualquier modelo de marketing, la obra de Max Rojas ha sido puesta en la arena principal de la poesía mexicana por una legión de lectores y escritores jóvenes, no como una simple moda, sino como un trabajo consciente de crítica y relectura”, se apunta en dicho perfil.

Max Rojas realizó estudios de Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Fue director del Instituto del Derecho de Asilo-Museo Casa de León Trotsky durante 1994-1998 y Presidente del Fomento Cultural en Iztapalapa A. C., entre 1998 y2004.

Es autor de los libros de poesía: El turno del aullante, Ser en la sombra y Cuerpos, los cuales, según la editorial Malpaís ediciones, lo constituyeron como una de las figuras de mayor influencia en la poesía mexicana reciente.

Fue miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte del FONCA en los periodos 2005-2008 y 2010-2013. Obtuvo el Premio Iberoamericano de Poesía Carlos Pellicer 2009 para obra publicada, por el libro Cuerpos uno: Memoria de los cuerpos.

Sus más recientes trabajos poéticos publicado son Cuerpos, editado por Conaculta en 2011, y Poemas inéditos, Malpaís, en 2013. (Vía La Jornada)


A continuación compartimos una de las semblanzas más acertadas del autor, escrita hace algún tiempo por la también escritora mexicana Mónica Gameros.

Por Mónica Gameros |

Lo verdaderamente animal que me sostiene
está dolido.

Max Rojas

Max Rojas es un hombre del tiempo en caos. Constructores de la Nación Zapoteca, y políticos exiliados de Cuba, de ascendencia española, opositores al dictador Machado, a Batista y a Franco, son las raíces de Max, quien nace en nuestro país en 1940 y crece rodeado de artistas rebeldes socialistas.

No es de extrañar que este hombre haya sido comunista, poeta de culto desde su primer libro "El Turno del Aullante" y un vago que ha ido por las calles y los barrios de Iztapalapa para promover la cultura toda su vida.

Alguna vez director de la Casa de Cultura Trotsky, es fumador empedernido, promotor cultural, rebelde de los de a de veras y aún así, Max Rojas se hizo poeta en completa y absoluta soledad. Su cercanía a José Revueltas, Efraín Huerta, León Felipe, Juan Rijano y Emilio Prados entre muchos otros, le llevó a la vida noctámbula frente a las teclas, ¿cómo sería de otra forma?, si las horas del día estaban dedicadas a la difusión de la cultura…

El Turno del Aullante, libro que hoy nos ocupa, fue publicado por primera vez en 1973 con sólo 100 ejemplares de una plaquete que se gestó lentamente desde 1958.

El Turno del Aullante es un clásico de la poesía mexicana, a pesar de su limitado tiraje, a pesar de su poca difusión en medios, a pesar de la esquemática cultura mexicana que prefiere televidentes a lectores, espectadores y no creadores, pasivos neandertales mediáticos.

Max dice “me convertí en poeta de culto porque edité El Turno del Aullante en plaquete y lo regalé a unos cuantos, nadie sabía que era poeta y eso se convirtió en el detonante de una fama pre postuma de la que viví hasta que escribí "Cuerpos"… llegó a ser uno de los libros más fotocopiados en México”.

Se cosecha lo que se siembra, infancia es destino o llámele como quiera. Cuando se habla de un artista, un creador, un inventor de historias hechas poesía como lo es Max, surge la pregunta: Qué detona la bomba literaria de alguien que escribe de esta manera que hiere, que nos transporta por el vacío, la oscuridad, la muerte, la locura, la soledad que lo quema todo:

Tal vez sea la historia de la familia atacada por la represión, el terrorismo de la dictadura, las consecuencias de la segunda guerra mundial, el mundo bipolar, las bombas atómicas, el capitalismo devorándolo todo, las publicaciones clandestinas para juntar fondos para el activismo, sus pasos por encima de tierra, húmedas fábricas, rocas en vez de caminos, cloacas & ciudades perdidas.


Tal vez sea su natural espíritu rebelde, medio anarquista, medio ermitaño, su vida trazada por su Max solitario, un hombre que fue perdiendo su vida colectiva debido a su decepción por la incredulidad y la apatía en la que hemos caído todos. Pero momento, no se equivoquen, porque Max Rojas no es un misántropo, hoy es el poeta de mayor reconocimiento entre escritores y poetas de todas las generaciones, es Premio de Poesía Iberoamericana Calos Pellicer por su libro inicial de Cuerpos, es un filósofo que comparte su tiempo libre con cualquiera que tenga la osadía de plasmar sus demonios con letras, grabar sus palabras en pliego, dejar su voz en el eco abismal que nos rodea.




Max es un vago, un revoltoso, un humanista, un poeta de culto publicado por editores independientes, un poeta poco publicado en papel, muy fotocopiado, mucho muy leído en internet, es un poeta suicida que busca la muerte en un poste por adicción de adrenalina, es un joven al que le ganó el tiempo.

El tiempo siempre el maldito tiempo
presuroso e imparable,
me ha permitido conocer a Max, acercarme al escritor,
tomar tequila con el solitario, leerlo sin duda alguna,
me ha tocado la suerte de escuchar sus versos con su ronca voz,
con el jaguar que mantiene vivo a Max.

Su letra oscura recoge los vocablos de los de abajo y los convierte en arte. Quién dijo que la poesía pertenece a los excelsos, a los académicos, a los intelectualoides bien entendidos de los “secretos que guarda la poesía”, no conocen a Max y se han perdido en el vasto campo de la poesía bonita y artificiosa que hace de la belleza una droga destructiva

Si no tienen el libro El Turno del Aullante llévenlo con ustedes, porque tendrán la oportunidad de viajar al inframundo con este oráculo que lo sabe y lo ve todo, si ya lo tienen, vuelvan a llevarlo en sus bolsas porque este libro es una edición de autor, una cosa de colección, un libro que vale más de lo que ha costado en su producción, es una caja de Pandora que les llevará por las oscuras calles de la memoria de Max y tendrán en sus bibliotecas a un poeta clásico, un oráculo que desde sus años de juventud ya nos responde a cualquiera de las posibles preguntas que surgen en el transcurso de una vida: la rabia, el amor, el orgullo, la desazón, la soledad como efecto secundario del amor.

I
Lo furioso, lo verdaderamente animal
que me sostiene, lo que me guarda en pie
con el rencor crecido, esto como de hueso,
como de dientes que me muerden
después de haber mascado el polvo,
esto de sangre, esto de grito ahorcado
como un aullido en la garganta,
esto como un muro, como un sollozo
largo de noche sin hogueras, lo animal,
lo verdaderamente bronco que me duele en los ojos.
Dije que el mar es algo así como esa diaria muerte
de mi cuerpo. Hoy me sale lo bronco
y me revuelvo, hoy me sale lo herido
y me desgarro –perdón por esta forma
de amargura, pero es que hoy
de muy dentro me sale lo animal desbocado,
la verdadera furia que me empuja:
esto de maldecir espinas por la boca
lo formalmente triste
lo exactamente amargo como el llanto.
Max Rojas, El Turno del aullante


El "Carmín Tropical" de Rigoberto Perezcano


Cinetiketas | Por Jaime López Blanco | 


Un enlace telefónico es el medio elegido para que Rigoberto Perezcano, realizador de cine mexicano, platique con este espacio sobre su más reciente cinta, la cual se llama “Carmín Tropical”, nominada a 10 premios Ariel en su 57va. edición.  “Carmín Tropical” centra su argumento en el regreso de Mabel, un travesti de Oaxaca, a su pueblo de origen, con el objetivo de encontrar al asesino de su amiga Daniela. 


El filme en cuestión opta por las categorías de Mejor Película, Mejor Director, Mejor Coactuación Masculina, Mejor Guión Original, Mejor Sonido, Mejor Maquillaje, Mejor Fotografía, Mejor Vestuario, Mejor Edición y Mejor Música Original. Viene avalado por el premio al Mejor Largometraje de Ficción en el reciente Festival de Morelia.


Rigoberto Perezcano comenta que está contento con las nominaciones, pero también señala que “los premios no te dicen nada, nada más son un indicador de por dónde debes ir y saber que estás haciendo bien las cosas… No te hacen un buen o un mal cineasta”. A su vez, Perezcano cuenta que “Carmín Tropical” estaba pensada como su ópera prima, pero que, por diversas razones, se vino abajo, llegando a sus manos el proyecto de “Norteado”, cinta con la cual, en ese entonces, también obtuvo 10 nominaciones al Ariel.


Referente a “Carmín Tropical”, su realizador relata que lo más difícil fue enfrentarse al género de suspenso, al género negro, “un tipo de cine al que, no solamente los cineastas mexicanos, sino los cineastas en general, le tienen miedo porque tiene sus propias reglas y eso implica demasiado trabajo”. 


Igualmente, Rigoberto Perezcano charló sobre la elección de sus actores; del equipo de trabajo que lo acompañó detrás de las cámaras y; de realizar un trabajo al que calificó de “sólido y divertido”. A pesar de su buena aceptación en Morelia, y sus recientes nominaciones al Ariel, “Carmín Tropical” no tiene una fecha exacta de estreno comercial en nuestro país. 


Compartimos con ustedes la entrevista para Cinetiketas y el tráiler de la película.


 

Se llevará a cabo el "Vecindad Kalavera Fest" de Aguascalientes



A lo largo de los años, la escena musical hidrocálida ha dado númerosas bandas de las cuales Aguascalientes se siente orgulloso, en el transcurso de los años, La Vecindad del Rock ha brindado sus cuartos para proveer de lugares para ensayar a un gran número de bandas.


Las Komadres, Undersound, Folsom, 4Niken, El Cerro del Muerto, Los Muertos Sospechosos; son algunas de las bandas que se vienen a la mente cuando se escucha el nombre de "La Vecindad del Rock”. Por más de 20 años este lugar ha visto nacer y madurar a varias propuestas musicales de la escena underground hidrocálida.


El recinto ubicado en la Calle Guadalupe en plena zona centro ha abierto anteriormente sus puertas para la realización de un par de festivales con bandas locales, pero en aquellas ocasiones con mano ajena al movimiento musical, siendo así la propuesta de esta índole relegada a segundo plano.


Con la intención de fomentar el talento hidrocálido y en retribución a los espacios que ha brindado el lugar durante tantos años, músicos y promotores de La Vecindad del Rock han anunciado el Primer “Vecindad Kalavera Fest”, que contará con la participación de bandas meramente locales e independientes, así como colectivos de artistas dedicados a la poesía y el arte.



Las agrupaciones confirmadas para el festival son: Koktel Kalavera, Pueblo Bravo, El Coko, Todos somos muertos, La Polla Enmaskarada, Stormchaser, Pippen Percussion, Choice of Revenge, The 50-50, Tonayan’s Punk y Colectivo Tierra.


Cosmic girl

 Pirotecnia Verbal | Por Tuto Flórez |


(Monólogo en paralelo)


Robaré el título, no puedo robarme su aliento, tampoco su alma, pero al menos al tener su título, en cierta forma llegaré a poseer una parte preciada de aquello que llaman espíritu, así es, tendré un pedacito de cielo como trocitos de su ser.

¿Que por qué me fije en ella? No lo sé, la verdad es que no lo sé, sólo vagaba entre mundos, mares y vastos océanos de eternidad, de absoluta nada, de tedio total, me condujeron hasta ese lugar, pueden creerlo, de entre tantas posibilidades, terminé frente a un estúpido pc, en una insulsa red social y justo allí frente a mis viejos y cansados ojos apareció ella; una figura mágica, evanescente, a simple vista, difícil de sujetar, mujer bella y bellaca, de ojos oscuros que miran profundo, siendo oblicua su mirada y estática su imagen, comencé a recrearla en mi mente, traté de figurarme su aroma, imposible, traté de recrear su cadencia al caminar, también fue en vano… entre más me concentraba en la imagen que tenía frente a la pantalla, mayor brillo adquiriría, parecía generar cierto tipo de movimiento, me asuste un poco, sentía como si estuviese experimentado los efectos de un LSD endógeno, que amenazaba con extenderse  por todo el cerebro.

Una angustia extrema, se apoderó de mi cuerpo, porque no podía descifrarla, porque no podía ir mas allá de una simple foto que era incapaz de contener su belleza, no nos separa la distancia, no me separan seis grados de su estela, realmente creo que en este punto ella lo ignora, pero a lo mejor realmente es sólo eso, ha olvidado su génesis cósmica, no recuerda cómo vine a parar a este lugar, poderosa afrodita, simple y sencilla, aun cuando luce austera es imposible ocultar su poderosa fuerza y la magnitud de una belleza que no pertenece a este mundo insulso, a este remedo de otras tierras, ¿qué haré ahora contigo?


Contaré los minutos y dejaré que el universo nos coloque de nuevo en el camino correcto, que el tiempo se despliegue para acercarme a ti de nuevo, de momento sólo me resta agradecer tu presencia, gracias por aparecer de nuevo; de forma simple diré: encontré a la que me gusta, encontré a una mujer que no se asusta, resulta encantadora con su forma humana, sólo espero robar su atención, que me mire y sonría de nuevo. Gracias, Cosmic Girl.


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El autor: Tuto Flórez, nacido en el departamento de Santander, en la caótica y convulsionada, pero hermosa tierra del suramericano país llamado Colombia. Melómano consumado, amante del rock, de la música hecha con sentido, sobre todo de los años noventa y la cultura underground. Cinéfilo por convicción. Crecí entre los textos, de Henry Miller, Charles Bukowski, Allan Stewart Königsberg más conocido como Woody Allen, H. P: Lovecraft y Allen Ginsberg. @tuto201333

Letrinas: El príncipe de las equivocaciones

 Por Eusebio Ruvalcaba |

 

Cuento 

 

El príncipe de las equivocaciones

 

 

Vivo con poco dinero. Poco es lo que necesito. A veces pienso que todos necesitamos poco, pero nos hacen creer que necesitamos carretadas. Y por esa razón nos devastamos. Nos quebramos por dentro. Siempre para tener más. Y más. Lo que he tenido por carretadas es equivocaciones. Me equivoqué en el modo de educar a mis hijos. Me equivoqué en el modo de sobrellevar mi matrimonio. Y ahí sí no había de otra con semejante bruja que me casé. Pero ahí no terminan mis equivocaciones. Desde luego que no. Me equivoqué en la carrera que elegí. Soy ingeniero civil. Alguna vez tuve la opción de radicar en el extranjero y preferí quedarme en este país. Otra equivocación. Si hiciera un recuento, no terminaría.
 
         Y ahora mismo estoy a punto de cometer una más.

         Soy el príncipe de las equivocaciones. Así me pueden decir. Me va bien.

         Estoy solo en casa. En cualquier momento va a sonar el timbre. Es Rosalba. La criada. La tengo que hacer mía. Llevo semanas esperando este momento. Se me antoja muchísimo. La espío siempre que hace el aseo. Si se agacha, se me para cabrón. Cuando sirve la comida, escudriño sus pechos. Por supuesto que no puede andar escotada. Mi esposa brincaría. O peor, la correría. Con la escoba con la que Rosalba barre. Mi esposa es una bruja. Y Rosalba una diosa. Pero en el fondo sé que sí. Que tiene ganas de mostrarme sus tetas. Se ve que las tiene grandes. Enormes. Me encantaría sacárselas por encima de la blusa, que se quedaran atoradas en el brasier, y mamárselas. Es de lo que tiene ganas. Como yo. Ni modo. Tiene novio. Lo primero que voy a hacer es prohibírselo. Viene por ella. Todos los días. Huevón de mierda. La espera enfrente. Recargado en el árbol. Ella sale de minifalda. Se la pone cuando se va. Aquí en la casa no podría andar de minifalda. Mi esposa protestaría. Hay dos hombres aquí en la casa y no quiero tener problemas, le diría. Pero más miedo le daría por mi hijo Bruno. Cabrón. Está guapo y es seductor. De 19 años. Su novia cursa la universidad con él. Se me olvida la carrera. Hay tantas carreras nuevas. Ni siquiera dejan que los jóvenes piensen dos veces qué carrera seguir. Los manipulan para que elijan una carrera que a la larga ni siquiera resulta de su agrado. Nada nuevo bajo el sol. Pero la bruja de mi mujer estaría sobre Rosalba si se imaginara cualquier cosa.

         Ya sonó. El timbre está sonando.

         Me tomaré mi tiempo. Si le abro en forma inmediata se va a dar su importancia. Lo primero es hacerse del rogar. Eso es digno. Así conquisté a la bruja de mi esposa. La procuraba muchísimo, ya saben: atenciones, regalitos, sorpresas. Y de pronto le daba una desconocida. Cuando percibía yo que ya se sentía demasiado segura, la dejaba plantada. Se me olvidada alguna fecha para ella significativa. Le decía Irma en vez de Susana. Lo que fuera. Y las cosas me salían. En lugar de enojarse, su cariño —ya de por sí empalagoso— crecía hasta ser más alto que un volcán. Más ígneo. Más puro. A mí eso me daba risa. Saber que la tenía en las manos me conmovía hasta el hartazgo.

         Una vez más el timbre.

         Me tardaré un par de minutos. Le diré que estaba en el baño. Apenas entre, le pondré la mano en su culito. Capaz que se voltea y me da una cachetada. O quizás sonría y me ofrezca sus labios. El dilema está abierto. Si yo he notado cierta coquetería. Cierto jalón. Como si quisiera y no. Es natural. Le tiene miedo a la bruja. Si supiera. Haremos las cosas de tal modo que jamás se dé cuenta la vieja. Nada hay más fácil que engañar a tu mujer. Son tan vanidosas que se la viven en la estupidez.

         Allá voy.



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El Autor: Nacido en la ciudad de Guadalajara en 1951, Eusebio Ruvalcaba se ha dedicado a escuchar música. Cabal y rotundamente. Pese a que ha publicado ciertos títulos (Un hilito de sangre, Pocos son los elegidos perros del mal, Una cerveza de nombre derrota, El frágil latido del corazón de un hombre…), pese a que se gana la vida coordinando talleres de creación literaria y escribiendo en diarios y revistas, él dice que vino al mundo a escuchar música. Y a hablar sobre música. Y a escribir sobre música.

Cinetiketas: La Tirisia




Cinetiketas | Por Jaime López Blanco |


La primera secuencia es intrigante. Una joven mujer, que más tarde descubriremos que se llama Ángeles, contempla detenidamente una bolsa de plástico atorada en la parte alta de un cactus; la bolsa intenta escapar de la trampa en la que está metida, pero las espinas de la planta no la dejan irse, quieren retenerla allí en contra de su voluntad, el lapso que sea necesario. Ángeles observa la escena, con mucha cautela, quizá porque se siente identificada con la imagen que está presenciando. Se trata de una  mujer lozana, embarazada, atrapada entre sus circunstancias y una comunidad donde el tiempo parece no avanzar en ningún sentido.


A este primer cuadro se irá agregando otro retrato femenino, el de Cheva, una mujer adulta que vive con sus dos hijos, espera el nacimiento de un tercero y tiene un marido ausente, en un pueblo que no ofrece buenas oportunidades de trabajo para casi nadie. Un cuadro que no es nada ajeno a la cotidianidad de miles de familias, pobres y marginadas, que conforman este extraño país llamado México.


Tangencialmente, descubriremos las historias de Silvestre, Canelita y la madre de Ángeles. Todos ellos, de alguna u otra manera, refuerzan los conceptos machistas que, tristemente, constituyen una gran penosa parte de nuestra cultura e identidad nacionales; asimismo, irán complementando la radiografía de una sociedad sumergida en la enfermedad.


Y es que a pesar de que el argumento de “La Tirisia”, segundo largometraje de Jorge Pérez Solano, centra su título en una superstición netamente mexicana, la cual habla sobre la ausencia del alma o de la presencia de inmensa tristeza, en este caso, en un par de mujeres a las cuales se les orilla a abandonar a sus hijos para complacer a los hombres del hogar, pareciendo que sólo se enfoca en historias individuales específicas, lo cierto es que también estamos ante la revisión de la historia colectiva de un país tirisiento, hundido entre los ecos de la pobreza; la discriminación sexual; ciertos usos y costumbres dañinos de las comunidades; la violencia y doble moral de instituciones como el ejército; la indiferencia de los políticos; el olvido y; las falacias de las utopías.  


Esto es lo que se le agradece a cintas como la de Pérez Solano, el hecho de poseer un guión donde aparentemente no ocurre nada pero que, simbólicamente, es una rica y dinámica antología, la cual encierra múltiples significados y alegorías que evidencian una historia pensada y armada de manera concienzuda e inteligente. Amén de un ritmo pausado en la narrativa que logra transmitir esa pesadez del tiempo y del trabajo en un pueblo rural que se ha convertido en un fantasma más del sistema, sin sustancia propia y sin espíritu.   


La fotografía de César Gutiérrez, además, aporta ese aire de provincia a lugares que difícilmente podríamos ver como protagonistas en diversas historias transmitidas por la televisión, medio en el cual se centralizan y urbanizan los argumentos, dejando como un simple relleno a las comunidades rurales. Acá se podrá sentir la austeridad material de las casas de las protagonistas; la mexicanidad de los esporádicos visitantes ambulantes; la seca rutina de las familias que trabajan en las salineras o; los primeros planos de los rostros de mujeres dando a luz en sus propios hogares sin ninguna asistencia médica.  


¿Qué decir de las actuaciones? Adriana Paz es fascinante en esa introspección de una madre muerta por dentro, que sufre la ausencia de uno de sus hijos. Gustavo Sánchez Parra cumple, con apenas unos cuantos diálogos, al darle vida a ese hombre machista que no deja de soñar despierto cuando mira hacia el cielo. Mercedes Hernández erige sutilmente la conducta femenina de la discriminación hacia las integrantes de su propio género. Gabriela Cartol sorprende con la naturalidad, frescura y tenue interpretación con la que construye a su Ángeles, papel que podría marcar un antes y después en su carrera actoral. Y Noé Hernández es exquisito como Canelita, ya que demuestra su encanto y sus dotes cómicos, mostrando una personalidad totalmente opuesta a la de su anterior trabajo, en Miss Bala.    

     
“La Tirisia” viene avalada por distintos reconocimientos como el obtenido en el Festival Internacional  de Cine de Tesalónica, Grecia; ser la  única  película mexicana  seleccionada  dentro de  la 58va. Muestra  Internacional de Cine en México y; sus  seis recientes  nominaciones al premio Ariel de este año,  pero, sobre todo, por  mostrar  y hacer universal  la fisonomía  agonizante de  una  nación que deambula  entre  el rezago,  la clandestinidad y  los sueños rotos de una vida mejor. 

                   

Letrinas: Ñosue

Por Mónica Castro Lara |
 
 
Ñosue

 
Me despierto súbitamente y con una angustia que francamente he experimentado pocas veces. Miro a mi alrededor y mi cuarto esta tan pacífico y desordenado como cuando me fui a dormir. Hace un calor de la chingada, probablemente eso hace que me ponga a soñar incoherencias. Pero la verdad es que estoy sintiendo horrible... fue un sueño de esos que te ponen a pensar si fue un sueño o no. Lo sentí tan real que en verdad me angustio. Empiezo a acordarme de su cara, la de mi papá, el accidente. Todo. Agarro mi celular y busco en internet el significado de mi sueño, a ver qué demonios puede ser, pero no encuentro más que estupideces que no me ayudan a resolver nada. Me fijo en la hora y son las 3:12 am.


Decido ir al baño a ver si así se me pasa el susto y para variar mi hermano agarró mis chanclas y quién sabe dónde carajo puedan estar. Cuando voy caminando por su cuarto, me aseguro de que está ahí y me detengo a oír sus ronquidos; al parecer está más cansada de lo normal porque es raro que ronque así. Entro rápido al baño y lo único que quiero es secarme este pinche sudor de la cara y del cuello, así que me los lavo con uno de esos geles de baño que tanto le gustan, para mí todos huelen igual pero me guío por los colores y escojo uno rojo. Alzo la mirada al espejo y la veo en mi rostro. Me quedo contemplando sus facciones y me digo en voz alta:


-“Para de mamar tantito Marcos, no te pongas de cursi”.


Me echo una orinada rápida y decido no jalar para no despertarla, dándole chance a que me regañe mañana y me diga una vez más lo puerco que soy.


Regreso a mi cuarto y la cama está asquerosamente caliente, pero ni modo. Me gana el sueño y después de un buen rato me despierta con su habitual pellizco pero me da tiempo de agarrarle la mano y besársela, lo cual obviamente hace que mi mamá me mire feo y me pregunte qué me pasa. En mi sueño no podía concebir mi vida sin ella y veo que en la realidad tampoco.
 
 
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La Autora: Publirrelacionista de risa escandalosa. Descubrió el mundo del Social Media Management por cuenta propia. Gusta de pintar mandalas y leer. Ácida y medio lépera. Obsesionada con la era del jazz. Llámenme anticuada… ¡por favor!
 
 
 
 

Poesía: La nostalgia es un perro negro

Por R. Israel Miranda |

LA NOSTALGIA ES UN PERRO NEGRO


I

¿de dónde proviene esa punción
esa molestia
ese cosquilleo desesperante que brota
precisamente
cuando se nos viene abajo un amor tan intenso?

¿dónde habita ese dolor
esa desesperanza de largas madrugadas sin sueño?

si cada célula fue incinerada por sus labios
si cada esquina de nuestro cuerpo
aún conserva rastros de su paso desbocado
¿cómo arrancar esa sensación
si es casi imposible determinar
el punto exacto del cual emana?

ahora las noches están fracturadas
y la nostalgia
es un perro negro
dando vueltas alrededor de la cama
y nuestro aliento intranquilo refleja
el vértigo y la certeza
de lo irrevocable

sabemos el desenlace
(siempre lo hemos sabido)
pero no queremos admitirlo
no queremos aceptar
que lo hemos perdido (casi) todo

que hemos sido lanzados al vacío

II

¿de dónde proviene esa punción que nos derrumba
que nos astilla el corazón
y nos despeña hacia una penumbra
que nunca termina?

en verdad que no lo sé
pero sigo buscando
sigo escarbando
y la nostalgia
es un perro negro
dando vueltas alrededor de mi cama
se mete en mis sueños
se apodera de mis ansias

y no soy más que un niño asustado
esperando lo inevitable

ya no me contengo

me arrojo a una penumbra hosca
inacabable

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Israel Miranda ha escrito algunos libros de poesía: Polaroids, Muro de silencio, El monstruo de arriba de la cama y Porno para perdedores y otros sucios hábitos; además de uno de narrativa: Palabras de Sabiduría. Además de escribidor, 'El Miranda' es músico, diseñador, maestro y filósofo. 

Zappa, el hombre de utopía

El Banquete de los Pordioseros | Por Rodolfo Popoca Perches


No es la primera ocasión que le dedico un Banquete al gran Frank Zappa, y si Dios lo permite, tampoco será ésta la última, cualquier cosa que se diga de él, cualquier estudio o análisis crítico que se haga de su música, siempre dejará un hueco que habrá que llenar posteriormente y la tinta derramada en su honor nunca será suficiente.

Decir que Frank Zappa es uno de los mejores músicos en la inagotable y siempre inconclusa historia del rock es un lugar común, es caer en el facilismo siempre injusto con los grandes creadores de cualquiera de las diferentes disciplinas del arte.

Sin embargo, no podemos ni debemos rehuir al comentario, efectivamente, él es uno de los mejores y más importantes músicos, pero no sólo del rock, sino de toda la historia de la música en el siglo XX. En realidad, para Frank Zappa la música no es el fin, sólo el medio para otros fines. La música es el vehículo ideal para la expresión de todas sus inquietudes políticas, sociales, culturales, filosóficas. La música es su pretexto, su justificación, su infalible medio de expresión y lleva ese medio de expresión hasta sus últimas y más radicales consecuencias. Y es que sí, de verdad, Zappa es un genio, no sé si lo podamos llamar virtuoso, pero sin duda es un genio, es uno de los músicos más creativos, ambiciosos e inteligentes, y uno de los críticos más punzantes y aguijoneantes que registra el rock.

Más allá de sus inconmensurables solos de guitarra impregnados de la más pura y viva esencia del blues, más allá de sus sublimes y majestuosas composiciones, ya sea para The Mothers of Invention o para sus ensambles, Moderno e Intercontemporáneo, para quienes ha creado algunas de las más exigentes obra de la música contemporánea, está su contundente e irónica visión de la sociedad, ese implacable comentario crítico ridiculizando a la sociedad en la que nació y creció. Nadie más severo que Frank Zappa para señalar con dedo acusador el “American Way of Life”. Se refugia en la creación artística, esa es su inviolable trinchera y desde ahí lanza sus dardos punzantes.

Pero aunque la crítica social y política sea el motor móvil de su propuesta, resulta exquisito concentrarnos en su música. Sus “Mothers of Invention” es una de las más sólidas escuelas de la escena internacional del rock. Sin duda junto a la Corte del Rey Carmesí de Robert Fripp y los Bluesbreakers de John Mayall, las Madres de la Invención de Zappa es una de las asociaciones musicales más solventes en el rock. 


Sus facultades como guitarrista virtuoso son incuestionables, de hecho, en alguna ocasión, la crítica musical de su país afirmó que de haberse concentrado más en la ejecución de la guitarra que en el contenido de sus composiciones, se le podría considerar definitivamente, como uno de los grandes guitarristas en el rock. Tampoco dentro de este género no acepta clasificaciones y por naturaleza renuncia a todo intento de etiquetar su música: rock progresivo, rock duro, rock ácido, ponerle un nombre resulta estéril y hasta ridículo, así que es más sano superar esta terrible tentación, la de ponerle un nombre a la obra creativa de Frank Zappa.

Dentro del terreno de la música contemporánea ha realizado verdaderas obras maestras, como su producción “The Yellow Shark” presentado en concierto con la orquesta de cámara The Modern Ensemble, o la obra The Perfect Stranger con el ensamble InterContemporain dirigido por el maestro Pierre Boulez, uno de los más reconocidos directores de orquesta especializados en la música contemporánea, pero su trabajo creativo va más allá incluso de la música, ha trabajado como director de cine y de videoclips, también es reconocido por diseñar portadas de discos y, en la producción discográfica, es responsable del trabajo realizado en los casi cien discos que grabó con sus Madres de la Invención, además de todos sus proyectos solistas, entre los que se incluye sus trabajos realizados dentro del contexto de la música clásica, contemporánea, jazz, blues, rock, e incluso se sumergió en las insondables profundidades de la música concreta. De hecho, entre algunas de sus más evidentes influencias, están, además de lo que el rock pudo ofrecerle, músicos como Edgar Varése, yo creo que este es el pilar más sólido sobre el cual Zappa desarrolló todo su trabajo creativo. Lo más sorprendente de todo este asunto, es que Frank Zappa no tiene una formación musical académica, es autodidacta y resulta incomprensible cómo es que sin el conocimiento erudito de la música pudo edificar estas estructuras musicales tan impresionantes.

Algunas de sus más representativas producciones son, entre otras -ya dijimos que en su catálogo hay casi cien grabaciones únicamente con sus Madres de la Invención, además de sus producciones solistas- “Freak Out, su primer disco y con esta extraordinaria producción inaugura su fértil y sorprendente carrera. “Chunga’s Revenge”, “Apostrophe”, “Over-Nite Sensation”, una serie de seis grabaciones en concierto llamada: “You can do that on stage anymore”, “Lumpy Gravy”, “We’re only in it for the Money”, “Just another Band from L.A.”, “Zoot Allures”, Actos I, II y III de “Joe’s Garage”, “The Man from Utopia”, “Does Humor Belong in Music?”, “Frank Zappa Meets the Mother of Prevention”, “Shut up and Play yer guitar”, en fin, estas son sólo algunas, quizás las que más me gustan, pero sin duda, tú tendrás otra lista igualmente convincente, la música de Frank Zappa es inagotable.

Frank Zappa nació el 21 de diciembre de 1940, murió el 4 de diciembre de 1993. Es el hombre que creyó en las utopías, y claro, uno de los músicos más creativos en la música del Siglo XX.



rodolfo_popoca@hotmail.com

Mexrrissey: el " homenaje " mexicano a Morrissey



En opinión del músico y productor Camilo Lara, Morrissey comparte algunas similitudes con un personaje mexicano tan emblemático como Juan Gabriel. Al igual que el cantautor de "Querida", el líder de la desaparecida agrupación británica The Smiths es dramático, pasional, irónico, es un poeta de la canción popular y sus seguidores pertenecen a diversas generaciones.

Tal vez de ahí le vino la idea de imprimirle un toque mexicano a la obra de Morrissey, de cambiar guitarras eléctricas por trompetas del mariachi y grabar sus propias versiones de su obra.

"Morrissey es sin duda lo más cercano que existe a Juan Gabriel, en una extraña manera. Quizá por eso aquí hay tantos seguidores de Morrissey, porque su música llega a tocar fibras tan sensibles y a desatar tantas pasiones como lo hace el Divo de Juárez", dijo Lara a The Associated Press en una entrevista reciente realizada en la capital mexicana.





"Mexrrissey" es el nombre del proyecto musical con el que Lara rinde homenaje al británico. El también líder del Instituto Mexicano del Sonido (IMS) reunió a un grupo de amigos y colegas que lo ayudaron a imprimirle un sonido proveniente de cada región del país a canciones como "Suedehead", "First of the Gang to Die", "Everyday Is Like Sunday", "Girlfriend in a Coma" y "The Last of The Famous International Playboys".

Jay de la Cueva (Moderatto), Ceci Bastida, Alejandro Flores (violinista invitado de Café Tacvba), Chetes (Zurdok), Ricardo Nájera (Furland, Instituto Mexicano del Sonido), Sergio Mendoza (Calexico), Álex Escobar (Twin Tones), y por supuesto, Camilo Lara, dan vida a la agrupación que interpreta en español clásicos de Morrissey y The Smiths haciendo uso de instrumentos como trompetas, guitarrones, vihuelas y jaranas.

"Todos en esta banda hacemos música, somos mexicanos y tenemos un ADN que nos hace componer e interpretar la música de cierta manera. La música de Morrissey de cierta forma tiene también ese ADN que le imprime dramatismo, pasión y humor negro, digamos que comparte mucho con la música mexicana, así que lo que quise fue cruzar esas dos cosas y hacer este experimento sonoro", contó Lara.

El proyecto de escuchar "mexicanizadas" sus canciones ya fue aprobado por el propio Moz, como también es llamado Morrissey, quien hace unos días escribió en su página oficial sobre este experimento musical.

"Digamos que (Morrissey) con ese mensaje nos dio su bendición. Hemos estado hablando con él para ver si eventualmente nos acompaña en un show de Inglaterra, en el Barbican Centre de Londres, lugar donde iniciaremos la gira" el 25 de abril, dijo Lara. "Hasta el momento no ha confirmado, pero esperamos que ocurra".

La gira, "Mexico Goes Morrissey", comprende varios conciertos en el Reino Unido antes de llegar a Los Ángeles y Nueva York en mayo. La primera presentación en vivo del proyecto ocurrió la semana pasada en El Pasagüero, un pequeño foro alternativo de la capital mexicana.

"Mexico Goes Morrissey" forma parte de las actividades culturales que México ofrecerá en el marco del "Año del Reino Unido en México y el Año de México en el Reino Unido", que celebra las relaciones bilaterales entre ambos países.

"Es una iniciativa del Festival La Línea en Inglaterra, así que contamos con el apoyo del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) para poder llevar el concepto. Somos nueve músicos sobre el escenario, por ese lado fue interesante. Es un proyecto que nació hace un par de años y coincidió con que este 2015 es el año de México en Inglaterra", explicó.

Por ahora "Mexrrissey" sólo se presentará en vivo, aunque Lara ya planea documentar en un disco estas versiones "mexicanizadas" de Moz, a quien antes otro músico mexicano, el guitarrista de Café Tacvba Joselo Rangel, había rendido honores con un set en 2011, como un DJ llamado "After Morrissey".

"A los mexicanos nos gusta sufrir y hacer sufrir. Melodrama, ironía, sarcasmo. todo eso lo compartimos con Morrissey. Si la forma de arte pop mexicana más elevada son las telenovelas, entonces es fácil comprender por qué los mexicanos amamos a Morrissey", dijo el productor.

Por Natalia Cano/AP

Ustedes escuchen y juzguen, aquí "El primero del gang en die" y luego la versión original de Morrissey "First of the gang to die. 





Ojalá algún día nos puedas perdonar, Moz.

Mon Laferte hace vibrar Aguascalientes


La cantautora chilena Mon Laferte se presentó este lunes 20 de abril en Aguascalientes como parte de la cartelera musical que ofrece la Feria Nacional de San Marcos en su edición 2015.

Ante un Foro del Lago repleto, la irreverente compositora hizo vibrar a miles de asistentes de todas las edades que disfrutaron de una noche llena de energía con rolas que fueron del rock al ska, pasando por el reggae e incluso llegando a tocar un par de boleros de esos tequileros; todo aderezado con la potente voz de Mon Laferte.

Les dejamos la reseña fotográfica del concierto y una lista de reproducción para los que aún no conocen el trabajo de la sudamericana. (Fotos: Alex Carrillo).


Reseña fotográfica de la presentación de la cantautora chilena Mon laferte en la Feria Nacional de San Marcos 2015
Posted by Sputnik Fanzine on Martes, 21 de abril de 2015


Hablemos de Billie Holiday ahora que se ha ido

Call me old fashioned… please! | Por Mónica Castro Lara |


Hace tan sólo un par de días, se cumplieron 100 años del nacimiento de una de las grandes voces del jazz: Billie Holiday. Mi motivo principal para escribir sobre ella en esta ocasión, era con el afán de bajarle un poco a la testosterona a mi sección y de compartir la fuerte presencia e influencia de mujeres en el jazz, pero ahora que rectifico su fecha de nacimiento, me pregunto si no habrá de verdad una cuestión celestial de por medio (parecida a la que me sucedió con Nat King Cole) que me induce a escribir sobre cierto cantante o músico en una fecha específica. Tal vez son ellos los que se me están manifestando y personalmente me gustaría pensar que fuese así (aunque hasta ahora no he aprendido a leer bien ese tipo de mensajes).

La segunda o tercera ocasión que escuché hablar sobre Billie, fue porque mi querido Tony Bennett (otro de mis íntimos amigos) comentaba con gran pena la muerte de Amy Winehouse y que su voz era tan poderosa y maravillosa que fácilmente podía compararse con las voces de leyendas como Ella Fitzgerald, Sarah Vaughan y Billie Holiday. He de confesar que en su momento, no le di mayor importancia al comentario, pero una vez que me decidí a escucharla, entendí exactamente qué es lo que intentaba decirnos Tony.

La voz de Eleanora Fagan Gough, cuyo nombre artístico fue Billie Holiday y posteriormente apodada "Lady Day", es realmente única y fácil de reconocer al ser rasposa, seductiva y melancólica, así que no hay de otra: su voz era inigualable. Puede notarse su prácticamente nula educación vocal pero eso es lo que más se disfruta y agradece de la cantante. Los grandes jazzistas y críticos musicales, insisten en que, a pesar de ello, fue una de las pioneras en crear una nueva forma de manipular el fraseo y tiempo de las canciones que interpretaba (si ya vieron la película "Whiplash", probablemente ya tengan una idea general de lo que es un tiempo o tempo en el jazz y estén traumados con esa palabra tanto como lo estoy yo). Su descubrimiento fue muy parecido al de Ella Fitzgerald: estaba cantando en un bar de Harlem llamado "Cover's" y, como por arte de magia, la oyó un productor de música que de inmediato pensó que estaba escuchando a una versión femenina de Louis Armstrong. Le fascinó, la contrató y pronto se encontró grabando canciones pop al estilo swing.


A pesar de todas esas virtudes que la hicieron una de las más reconocidas cantantes de jazz, la vida personal de Billie es una de las más tristes y desafortunadas que he leído, y créanme que no exagero. Con una mamá de tan sólo 13 años y un papá que rápidamente la abandonó, la pequeña tuvo que recibir y sufrir a muy corta edad, terribles golpes de la vida, como lo fueron vivir y ser educada por extraños, ser abusada sexualmente a los 10 años, abandonar la escuela, trabajar en un prostíbulo con el único afán de escuchar los discos de Louis Armstrong, prostituirse junto con su madre, ser encarcelada y todo esto a la edad de 14 años. El problema fue que estos eventos tan desafortunados, no terminaron ahí: una vez que ya era conocida como Billie Holiday, la adicción al opio, a la heroína y al alcohol, acabaron con su voz en sus últimos años de vida. Su selección de parejas, tampoco fue el más adecuado: se casó con sus "dealers" y que a la vez eran tipos violentos y abusivos, con ella y con su dinero. Terminó falleciendo en un hospital tras un edema pulmonar y fallos cardiorrespiratorios, además de padecer una severa cirrosis, todo esto mientras era arrestada por posesión ilegal de drogas y con tan sólo .70 dólares en su cuenta bancaria. Sinceramente, uno de los finales más trágicos para tan renombrada cantante.

Personalmente creo que hubo dos eventos que la marcaron: el primero, el racismo que vivía día tras día y que la llevó a interpretar una de sus canciones más representativas “Strange Fruit” derivada de un poema de Abel Meeropol sobre el caso de dos hombres afroamericanos que fueron linchados y colgados de un árbol por un crimen que no cometieron, y el segundo evento fue que la primera vez que la llevaron a juicio por posesión de narcóticos, le suspendieron la licencia para aparecer en cualquier bar, club o cabaret de Nueva York, lo cual redujo sus ganancias y la deprimió bastante.

A pesar de todo lo que ya les conté, propongo que dejemos un lado tan dramática historia, y nos dejemos llevar por ese par de gardenias que Billie solía usar como accesorio para su cabello, mientras escuchamos “Don’t explain”, “All of me”, “I’m a fool to want you” y “Gloomy Sunday”, ésta de preferencia en un domingo tranquilo, por supuesto. ¿Cuántas veces no habremos escuchado "The Way You Look Tonight"? Pero les aseguro que la versión de Billie Holiday es sin duda muy diferente a las demás: más alegre, más contagiosa, más auténtica.

Con este artículo, contradigo totalmente a su canción “Please don’t talk about me when I’m gone”, porque ¿cómo no hablar sobre Billie Holiday?


Han Solo y Chewbacca en el nuevo avance de Star Wars VII



Si lo poco que nos habían mostrado de 'Star Wars VII: El Despertar de la Fuerza' nos había dejado con ganas de más, hoy tenemos una buena noticia para todos los fanáticos de la saga. Lucasfilm acaba de publicar un segundo teaser que es bastante más completo que el anterior y nos deja ver todavía un poquito más de la película que está por venir. El estreno será el 18 de diciembre.


En el breve clip aparecen nuevas caras que se estrenan en la saga. A Finn (interpretado por John Boyega) ya le vimos caracterizado de stormtrooper en el anterior adelanto. Rey, a la que da vida Daisy Ridley, también tiene varios momentos de protagonismo. Y también aparece Oscar Isaac como Poe Dameron, un piloto X-Wing. ¿Y qué me decís de los viejos conocidos? ¡Menudo final! We're home!


J.J. Abrams y parte del reparto asistieron hoy a la Star Wars Celebration y, entre otras cosas, hablaron un poco sobre el rodaje de la película y mostraron algunas imágenes del set. ¿Estará esta película a la altura de lo que esperan los fans?, le preguntaron a Abrams. "Sí", contestó él con rotundidad, aunque reconoce que hay bastante presión. "Nosotros también somos fans", decía después para demostrar que ellos son los primeros que quieren que el resultado sea excelente.


¿Se repetirá la "polémica" que hubo con algunas escenas del anterior teaser? No parece probable. De momento, las primeras reacciones de los fans están siendo más que positivas, en parte a la espectacularidad del mismo y a que muestra escenas ya con su contexto. Si estos pequeños tráilers están causando tal sensación, ¿qué ocurrirá cuando se estrene la película? Todavía quedan unos meses, pero ¡qué ganas de que sea ya diciembre!

(Vía Xataka)

Galeano y el fútbol a sol y sombra

Hincha de Nacional de Montevideo, amor que compartió junto a su compatriota y escritor Mario Benedetti, Galeano fue registrando con sus textos, cuentos y relatos la evidencia de una relación que muchos intelectuales y deportistas consideran imposible: fútbol y literatura.

Autodefinido como un "mendigo del fútbol, el escritor uruguayo pudo plasmar con palabras el sentimiento irracional de los aficionados al balón, dándole una voz a los millones de hinchas que cada semana se entregan a unos colores, un escudo, un club o selección.

 "No tengo nada de original porque, como se sabe, en mi país las maternidades hacen un ruido infernal porque todos los bebés se asoman al mundo entre las piernas de la madre gritando gol. Yo también grité gol para no ser menos y como todos quise ser jugador de fútbol".
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Por José Luis Hurtado | Antes de que caducaran los años 90, José Manuel García, un maestro de Marca de la época de la niebla cigarrera por encima de los teclados, un tipo de los que utilizaba palabras de las que yo desconocía su significado (sigo igual), me dio un pase al hueco: 'Quillo, ¿tú no conoces un libro de fútbol de Eduardo Galeano?'. Me aclaró que se llamaba 'El fútbol a sol y sombra'. Mi respuesta la pueden adivinar, propia de quien creía que fútbol y libros vivían en separación de bienes.

A pesar de que en aquella época vivíamos con el pico del bonocopa (2x1) asomando por el bolsillo trasero del pantalón, tardé poco en acercarme a 'La Casa del libro' para pasar por taquilla. Me trajeron el ejemplar, de un color que sólo se asemejaba al de la Holanda de Cruyff, y lo metí en la mochila tras hacer una pared con la librera.

Empecé el libro con la ilusión del ignorante. Y a mucha honra. La ignorancia precede a la curiosidad, y ésta debe ser eterna. De repente inicié un viaje fabuloso. El sofá se convirtió en una tribuna de preferencia.
Aquellas piezas, cortas y certeras, transportaban al lector, en un banquete inolvidable, de Peñarol a Nacional, de Cruyff a Maradona, de Di Stéfano a Pelé, del Azteca al Monumental, de la tribuna a la caseta, de la hierba al despacho, de la chilena a la gambeta.

No era un libro. Era una enciclopedia, una guía, un manual de autoayuda, una joyita localizable siempre en una estantería. En cualquier tarde ramplona, de las de empate a cero y lluvia en la calle, siempre había un párrafo que recuperar, como se recurre al mejor suplente para que te salve de un despido. Si un domingo algún atrevido dibujaba una chilena, se miraba cómo era aquello que escribía Galeano sobre el inventor del escorzo.   

Él enseñó a construir el fútbol con otras palabras. Su influencia ha sido tanta que si hubiera cobrado derechos de autor se podría haber comprado Wembley. Galeano se ha muerto un lunes, jornada de prórroga, el día en el que se completan las clasificaciones. Por mi parte, ahí queda usted, de líder de las páginas futboleras. Sin más. GRACIAS.

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Fútbol a sol y a sombra
Por Eduardo Galeano

La historia del fútbol es un triste viaje del placer al deber. A medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí. En este mundo del fin de siglo, el fútbol profesional condena lo que es inútil, y es inútil lo que no es rentable. A nadie da de ganar esa locura que hace que el hombre sea niño por un rato, jugando como juega el niño con el globo y como juega el gato con el ovillo de lana: bailarín que danza con una pelota leve como el globo que se va al aire y el ovillo que rueda, jugando sin saber que juega, sin motivo y sin reloj y sin juez.

El juego se ha convertido en espectáculo, con pocos protagonistas y muchos espectadores, fútbol para mirar, y el espectáculo se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos del mundo, que no se organiza para jugar sino para impedir que se juegue. La tecnocracia del deporte profesional ha ido imponiendo un fútbol de pura velocidad y mucha fuerza, que renuncia a la alegría, atrofia la fantasía y prohíbe la osadía. Por suerte todavía aparece en las canchas, aunque sea muy de vez en cuando, algún descarado carasucia que se sale del libreto y comete el disparate de gambetear a todo el equipo rival, y al juez, y al público de las tribunas, por el puro goce del cuerpo que se lanza a la prohibida aventura de la libertad.


El jugador

Corre, jadeando, por la orilla. A un lado lo esperan los cielos de la gloria; al otro, los abismos de la ruina. El barrio lo envidia: el jugador profesional se ha salvado de la fábrica o de la oficina, le pagan por divertirse, se sacó la lotería. Y aunque tenga que sudar como una regadera, sin derecho a cansarse ni a equivocarse, él sale en los diarios y en la tele, las radios dicen su nombre, las mujeres suspiran por él y los niños quieren imitarlo. Pero él, que había empezado jugando por el placer de jugar, en las calles de tierra de los suburbios, ahora juega en los estadios por el deber de trabajar y tiene la obligación de ganar o ganar. Los empresarios lo compran, lo venden, los prestan; y él se deja llevar a cambio de la promesa de más fama y dinero. Cuanto más éxito tiene, y más dinero gana, más preso está. Sometido a disciplina militar, sufre cada día el castigo de los entrenamientos feroces y se somete a los bombardeos de analgésicos y las infiltraciones de cortisona que olvidan el dolor y mienten la salud. Y en las vísperas de los partidos importantes, lo encierran en un campo de concentración donde cumple trabajos forzados, come comidas bobas, se emborracha con agua y duerme solo. En los otros oficios humanos, el ocaso llega con la vejez, pero el jugador de fútbol puede ser viejo a los treinta años. Los músculos se cansan temprano:- Éste no hace un gol ni con la cancha en bajada.- ¿Éste? Ni aunque le aten las manos al arquero. O antes de los treinta, si un pelotazo lo desmaya de mala manera, o la mala suerte le revienta un músculo, o una patada le rompe un hueso de esos que no tienen arreglo. Y algún mal día el jugador descubre que se ha jugado la vida a una sola baraja y que el dinero se ha volado y la fama también. La fama, señora fugaz, no le ha dejado ni una cartita de consuelo.

El arquero

También lo llaman portero, guardameta, golero, cancerbero o guardavallas, pero bien podría ser llamado mártir, paganini, penitente o payaso de las bofetadas. Dicen que donde él pisa, nunca más crece el césped. Es uno solo. Está condenado a mirar el partido de lejos. Sin moverse de la meta aguarda a solas, entre los tres palos, su fusilamiento. Antes vestía de negro, como el árbitro. Ahora el árbitro ya no está disfrazado de cuervo y el arquero consuela su soledad con fantasías de colores. Él no hace goles. Está allí para impedir que se hagan. El gol, fiesta del fútbol: el goleador hace alegrías y el guardameta, el aguafiestas, las deshace. Lleva a la espalda el número uno. ¿Primero en cobrar? Primero en pagar. El portero siempre tiene la culpa. Y si no la tiene, paga lo mismo. Cuando un jugador cualquiera comete un penal, el castigado es él: allí lo dejan, abandonado ante su verdugo, en la inmensidad de la valla vacía. Y cuando el equipo tiene una mala tarde, es él quien paga el pato, bajo una lluvia de pelotazos, expiando los pecados ajenos. Los demás jugadores pueden equivocarse feo una vez o muchas veces, pero se redimen mediante una finta espectacular, un pase magistral, un disparo certero: él no. La multitud no perdona al arquero. ¿Salió en falso? ¿Hizo el sapo? ¿Se le resbaló la pelota? ¿Fueron de seda los dedos de acero? Con una sola pifia, el guardameta arruina un partido o pierde un campeonato, y entonces el público olvida súbitamente todas sus hazañas y lo condena a la desgracia eterna. Hasta el fin de sus días lo perseguirá la maldición.


El ídolo

Y un buen día la diosa del viento besa el pie del hombre, el maltratado, el despreciado pie, y de ese beso nace el ídolo del fútbol. Nace en una cuna de paja y choza de lata y viene al mundo abrazado a una pelota. Desde que aprende a caminar, sabe jugar. En sus años tempranos alegra los potreros, juega que te juega en los andurriales de los suburbios hasta que cae la noche y ya no se ve la pelota, y en sus años mozos vuela y hace volar en los estadios. Sus artes malabares convocan multitudes, domingo tras domingo, de victoria en victoria, de ovación en ovación. La pelota lo busca, lo reconoce, lo necesita. En el pecho de su pie, ella descansa y se hamaca. Él le saca lustre y la hace hablar, y en esa charla de dos conversan millones de mudos. Los nadies, los condenados a ser por siempre nadies, pueden sentirse álguienes por un rato, por obra y gracia de esos pases devueltos al toque, esas gambetas que dibujan zetas en el césped, esos golazos de taquito o de chilena: cuando juega él, el cuadro tiene doce jugadores.- ¿Doce? ¡Quince tiene! ¡Veinte! La pelota ríe, radiante, en el aire. Él baja, la duerme, la piropea, la baila, y viendo esas cosas jamás vistas sus adoradores sienten piedad por sus nietos aún no nacidos, que no las verán. Pero el ídolo es ídolo por un rato nomás, humana eternidad, cosa de nada; y cuando al pie de oro le llega la hora de la mala pata, la estrella ha concluido su viaje desde el fulgor hasta el apagón. Está ese cuerpo con más remiendos que traje de payaso, y ya el acróbata es un paralítico, el artista una bestia:-¡Con la herradura no! La fuente de la felicidad pública se convierte en el pararrayos del público rencor:- ¡Momia! A veces el ídolo no cae entero. Y a veces, cuando se rompe, la gente le devora los pedazos.


El Hincha

Una vez por semana, el hincha huye de su casa y asiste al estadio. Flamean las banderas, suenan las matracas, los cohetes, los tambores, llueven las serpientes y el papel picado; la ciudad desaparece, la rutina se olvida, sólo existe el templo. En este espacio sagrado, la única religión que no tiene ateos exhibe a sus divinidades. Aunque el hincha puede contemplar el milagro, más cómodamente, en la pantalla de la tele, prefiere emprender la peregrinación hacia este lugar donde puede ver en carne y hueso a sus ángeles, batiéndose a duelo contra los demonios de turno. Aquí, el hincha agita el pañuelo, traga saliva, glup, traga veneno, se come la gorra, susurra plegarias y maldiciones y de pronto se rompe la garganta en una ovación y salta como pulga abrazando al desconocido que grita el gol a su lado. Mientras dura la misa pagana, el hincha es muchos. Con miles de devotos comparte la certeza de que somos los mejores, todos los árbitros están vendidos, todos los rivales son tramposos. Rara vez el hincha dice: «hoy juega mi club». Más bien dice: «Hoy jugamos nosotros». Bien sabe este jugador número doce que es él quien sopla los vientos de fervor que empujan la pelota cuando ella se duerme, como bien saben los otros once jugadores que jugar sin hinchada es como bailar sin música. Cuando el partido concluye, el hincha, que no se ha movido de la tribuna, celebra su victoria; qué goleada les hicimos, qué paliza les dimos, o llora su derrota; otra vez nos estafaron, juez ladrón. Y entonces el sol se va y el hincha se va. Caen las sombras sobre el estadio que se vacía. En las gradas de cemento arden, aquí y allá, algunas hogueras de fuego fugaz, mientras se van apagando las luces y las voces. El estadio se queda solo y también el hincha regresa a su soledad, yo que ha sido nosotros: el hincha se aleja, se dispersa, se pierde, y el domingo es melancólico como un miércoles de cenizas después de la muerte del carnaval.

El fanático

El fanático es el hincha en el manicomio. La manía de negar la evidencia ha terminado por echar a pique a la razón y a cuanta cosa se le parezca, y a la deriva navegan los restos del naufragio en estas aguas hirvientes, siempre alborotadas por la furia sin tregua. El fanático llega al estadio envuelto en la bandera del club, la cara pintada con los colores de la adorada camiseta, erizado de objetos estridentes y contundentes, y ya por el camino viene armando mucho ruido y mucho lío. Nunca viene solo. Metido en la barra brava, peligroso ciempiés, el humillado se hace humillante y da miedo el miedoso. La omnipotencia del domingo conjura la vida obediente del resto de la semana, la cama sin deseo, el empleo sin vocación o el ningún empleo: liberado por un día, el fanático tiene mucho que vengar. En estado de epilepsia mira el partido, pero no lo ve. Lo suyo es la tribuna. Ahí está su campo de batalla. La sola existencia del hincha del otro club constituye una provocación inadmisible. El Bien no es violento, pero el Mal lo obliga. El enemigo, siempre culpable, merece que le retuerzan el pescuezo. El fanático no puede distraerse, porque el enemigo acecha por todas partes. También está dentro del espectador callado, que en cualquier momento puede llegar a opinar que el rival está jugando correctamente, y entonces tendrá su merecido.

El gol
 
El gol es el orgasmo del fútbol. Como el orgasmo, el gol es cada vez menos frecuente en la vida moderna. Hace medio siglo, era raro que un partido terminara sin goles: 0 a 0, dos bocas abiertas, dos bostezos. Ahora, los once jugadores se pasan todo el partido colgados del travesaño, dedicados a evitar los goles y sin tiempo para hacerlos. El entusiasmo que se desata cada vez que la bala blanca sacude la red puede parecer misterio o locura, pero hay que tener en cuenta que el milagro se da poco. El gol, aunque sea un golecito, resulta siempre gooooooooooooooooooooooool en la garganta de los relatores de radio, un do de pecho capaz de dejar a Caruso mudo para siempre, y la multitud delira y el estadio se olvida de que es de cemento y se desprende de la tierra y se va al aire.
 
 
El director técnico

Antes existía el entrenador, y nadie le prestaba mayor atención. El entrenador murió, calladito la boca, cuando el juego dejó de ser juego y el fútbol profesional necesitó una tecnocracia del orden. Entonces nació el director técnico, con la misión de evitar la improvisación, controlar la libertad y elevar al máximo el rendimiento de los jugadores, obligados a convertirse en disciplinados atletas. El entrenador decía: Vamos a jugar. El técnico dice: Vamos a trabajar. Ahora se habla en números. El viaje desde la osadía hacia el miedo, historia del fútbol en el siglo veinte, es un tránsito desde el 2-3-5 hacia el 5-4-1. pasando por el 4-3-3 y el 4-4-2. Cualquier profano es capaz de traducir eso, con un poco de ayuda, pero después, no hay quien pueda. A partir de allí, el director técnico desarrolla fórmulas misteriosas como la sagrada concepción de Jesús, y con ellas elabora esquemas tácticos más indescifrables que la Santísima Trinidad. Del viejo pizarrón a las pantallas electrónicas; ahora las jugadas magistrales se dibujan en una computadora y se enseñan en video. Esas perfecciones rara vez se ven, después, en los partidos que la televisión transmite. Más bien la televisión se complace exhibiendo la crispación en el rostro del técnico, y lo muestra mordiéndose los puños o gritando orientaciones que darían vuelta al partido si alguien pudiera entenderlas. Los periodistas lo acribillan en la conferencia de prensa, cuando el encuentro termina. El técnico jamás cuenta el secreto de sus victorias, aunque formula admirables explicaciones de sus derrotas: Las instrucciones eran claras, pero no fueron escuchadas, dice, cuando el equipo pierde por goleada ante un cuadrito de morondanga. O ratifica la confianza en sí mismo, hablando en tercera persona más o menos así: «Los reveses sufridos no empañan la conquista de una claridad conceptual que el técnico ha caracterizado como una síntesis de muchos sacrificios necesarios para llegar a la eficacia». La maquinaria del espectáculo tritura todo, todo dura poco, y el director técnico es tan desechable como cualquier otro producto de la sociedad de consumo. Hoy el público le grita:¡No te mueras nunca! Y el Domingo que viene lo invita a morirse. El cree que el fútbol es una ciencia y la cancha un laboratorio, pero los dirigentes y la hinchada no sólo le exigen la genialidad de Einstein y la sutileza de Freud, sino también la capacidad milagrera de la Virgen de Lourdes y el aguante de Gandhi.

El lenguaje de los doctores del Fútbol

Vamos a sintetizar nuestro punto de vista, formulando una primera aproximación a la problemática táctica, técnica y física del cotejo que se ha disputado esta tarde en el campo del Unidos Venceremos Fútbol Club, sin caer en simplificaciones incompatibles con un tema que sin duda nos está exigiendo análisis más profundo y detallado y sin incurrir en ambigüedades que han sido, son y serán ajenas a nuestra prédica de toda una vida al servicio de la afición deportiva. Nos resultaría cómodo eludir nuestra responsabilidad atribuyendo el revés del once locatario a la discreta performance de sus jugadores, pero la excesiva lentitud que indudablemente mostraron en la jornada de hoy a la hora de devolucionar cada esférico recepcionado no justifica de ninguna manera, entiéndase bien, señoras y señores, de ninguna manera, semejante descalificación generalizada y por lo tanto injusta. No, no y no. El conformismo no es nuestro estilo, como bien saben quienes nos han seguido a lo largo de nuestra trayectoria de tantos años, aquí en nuestro querido país y en los escenarios del deporte internacional e incluso mundial, donde hemos sido convocados a cumplir nuestra modesta función. Así que vamos a decirlo con todas las letras, como es nuestra costumbre: el éxito no ha coronado la potencialidad orgánica del esquema de juego de este esforzado equipo porque lisa y llanamente sigue siendo incapaz de canalizar adecuadamente sus expectativas de una mayor proyección ofensiva hacia el ámbito de la valla rival. Ya lo decíamos el Domingo próximo pasado y así lo afirmamos hoy, con la frente alta y sin pelos en la lengua, porque siempre hemos llamado al pan pan y al vino vino y continuaremos denunciando la verdad, aunque a muchos les duela, caiga quien caiga y cueste lo que cueste.

Obdulio

Yo era chiquilín y futbolero, y como todos los uruguayos estaba prendido a la radio, escuchando la final de la Copa del Mundo. Cuando la voz de Carlos Solé me transmitió la triste noticia del gol brasileño, se me cayó el alma al piso. Entonces recurrí al más poderoso de mis amigos. Prometí a Dios una cantidad de sacrificios a cambió de que Él se apareciera en Maracaná y diera vuelta el partido. Nunca conseguí recordar las muchas cosas que había prometido, y por eso nunca pude cumplirlas. Además, la victoria de Uruguay ante la mayor multitud jamás reunida en un partido de fútbol había sido sin duda un milagro, pero el milagro había sido más bien obra de un mortal de carne y hueso llamado Obdulio Varela. Obdulio había enfriado el partido, cuando se nos venía encima la avalancha, y después se había echado el cuadro entero al hombro y a puro coraje había empujado contra viento y marea. Al fin de aquella jornada, los periodistas acosaron al héroe. Y él no se golpeó el pecho proclamando que somos los mejores y no hay quien pueda con la garra charrúa: -Fue casualidad- murmuró Obdulio, meneando la cabeza. Y cuando quisieron fotografiarlo, se puso de espaldas. Pasó esa noche bebiendo cerveza, de bar en bar, abrazado a los vencidos, en los mostradores de Río de Janeiro. Los brasileños lloraban. Nadie lo reconoció. Al día siguiente, huyó del gentío que lo esperaba en el aeropuerto de Montevideo, donde su nombre brillaba en un enorme letrero luminoso. En medio de la euforia, se escabulló disfrazado de Humphrey Bogart, con un sombrero metido hasta la nariz y un impermeable de solapas levantadas. En recompensa por la hazaña, los dirigentes del fútbol uruguayo se otorgaron a sí mismos medallas de oro. A los jugadores les dieron medallas de plata y algún dinero. El premio que recibió Obdulio le alcanzó para comprar un Ford del año 31, que fue robado a la semana.
 
 
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Los anteriores textos forman parte del libro "El fútbol a sol y sombra" que Eduardo Galeano escribió como homenaje al deporte más popular del mundo en 1995. Puedes leerlo completo en este enlace.


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