'El Arte de Paul McCartney' interpretado por Bob Dylan, B.B. King, The Cure y muchos más

Publicado en El Fanzine

Es difícil enumerar todas las aportaciones que ha hecho Paul McCartney al mundo de la música popular contemporánea. Sus innovaciones estéticas con los Beatles, en la producción, y sus incursiones en diversos géneros lo han colocado como uno de los compositores más completos de los últimos 50 años. No por nada, él y John Lennon son considerados la dupla de autores más prolífica del siglo XX. Jimi Hendrix, The Who, los Rolling Stones, Kurt Cobain, Brian Wilson, Jeff Beck y Stevie Wonder son algunos de los músicos que han aceptado la huella que los Beatles y Macca tuvieron en sus carreras.

Ahora le toca al de Liverpool recibir los aplausos por su larga carrera de más de 40 álbumes en grupo y en solitario. El beatle es celebrado con un tributo por parte de decenas de músicos de primer nivel: Bob Dylan, Roger Daltrey, el mencionado Wilson, Jeff Lyne, The Cure e incluso B.B. King, y más de 30 músicos y grupos. El trabajo resultante es el disco The Art of McCartney, que aborda todas las épocas del cantante y bajista. Será lanzado a mediados de noviembre.

El proyecto lleva tiempo cuajándose: fue ideado por el ex productor de McCartney, Ralph Sall, desde 2003. Luego que el ex Beatle dio su visto bueno, comenzaron las grabaciones. El primer sencillo es una versión que hacen The Cure y el hijo de Sir Paul a “Hello Goodbye”.




Aquí la lista completa:

1. Billy Joel – “Maybe I’m Amazed”
2. Bob Dylan – “Things We Said Today”
3. Heart – “Band on the Run”
4. Steve Miller – “Junior’s Farm”
5. Yusuf Islam – “The Long and Winding Road”
6. Harry Connick, Jr. – “My Love”
7. Brian Wilson – “Wanderlust”
8. Corinne Bailey Rae – “Bluebird”
9. Willie Nelson – “Yesterday”
10. Jeff Lynne – “Junk”
11. Barry Gibb – “When I’m 64″
12. Jamie Cullum – “Every Night”
13. Kiss – “Venus and Mars”/”Rock Show”
14. Paul Rodgers – “Let Me Roll It”
15. Roger Daltrey – “Helter Skelter”
16. Def Leppard – “Helen Wheels”
17. The Cure, featuring James McCartney – “Hello Goodbye”
18. Billy Joel – “Live and Let Die”
19. Chrissie Hynde – “Let It Be”
20. Cheap Trick’s Robin Zander and Rick Nielsen – “Jet”
21. Joe Elliott – “Hi Hi Hi”
22. Heart – “Letting Go”
23. Steve Miller – “Hey Jude”
24. Owl City – “Listen to What the Man Said”
25. Perry Farrell – “Got to Get You Into My Life”
26. Dion – “Drive My Car”
27. Allen Toussaint – “Lady Madonna”
28. Dr. John – “Let ‘Em In”
29. Smokey Robinson – “So Bad”
30. The Airborne Toxic Event – “No More Lonely Nights”
31. Alice Cooper – “Eleanor Rigby”
32. Toots Hibbert with Sly & Robbie – “Come and Get It”
33. B.B. King – “On the Way”
34. Sammy Hagar – “Birthday”

Bonus Tracks:

1. Robert Smith – "C Moon”
2. Booker T. Jones – “Can’t B y Me Love”
3. Ronnie Spector – “P.S. I Love You”
4. Darlene Love – “All My Loving”
5. Ian McCulloch – “For No One”
6. Peter, Bjorn and John – “Put It There”
7. Wanda Jackson – “Run Devil Run”
8. Alice Cooper – “Smile Away”

Las 'cuitas' de Memo






Cinetiketas-
Por Jaime López Blanco-


Dentro del marco de la 18va. Edición del Tour de Cine Francés en México, se puede visionar el largometraje titulado “Chicos y Guillermo, ¡A comer! (Les garcons et Guillaume, À table!, Francia, 2013),  ópera prima del también actor Guillaume Gallienne, con un guión  de su propia autoría. La historia retrata -de manera autobiográfica- el tránsito de Guillermo de la adolescencia a la adultez y la forma en que la relación con su madre fue configurando gran parte de su identidad o modo de ser.

Aunque el tráiler de la cinta lo presenta como una comedia desparpajada, lo cierto es que se trata de un argumento que oscila entre la comedia inteligente y el discurso de avanzada. Se tocan temas importantes y actuales como la diversidad sexual o la construcción del yo a partir de la opinión de los demás.

La película arrasó con las categorías más trascendentales en los César del presente año (el equivalente al premio Oscar en Francia): Mejor Película; Mejor Ópera Prima; Mejor Actor; Mejor Adaptación y; Mejor Montaje. También fue exhibida dentro de la edición del año pasado de Cannes, en la sección denominada “La quincena de los realizadores”.

Uno de sus mejores logros es conjuntar, que vayan adecuadamente de la mano, lo teatral y lo cinematográfico; el maravilloso montaje se encarga de esto último. Se percibe una narrativa fluida, nada atropellada, la cual nunca se ve limitada por el formato solemne que pudiera llegar a tener el monólogo que hace el personaje principal (Guillermo), cuando va contando intimidades de su vida, siempre parado sobre un escenario minimalista.

La interpretación de Guillaume Gallienne es excepcional. Actúa como su “Yo adolescente” pero también personifica a su madre. Esto último lo realiza sin caer en la burda parodia o la imitación de pastelazo. Los modismos y la entonación de voz que emula de su progenitora se sienten naturales y sumamente honestos.

Existe una estupenda secuencia que rinde homenaje a la feminidad del universo. Hay cumplidos para las mujeres que conforman la familia del realizador y que, de una u otra forma, lo fueron marcando durante la búsqueda de su identidad y de la consolidación de su orientación sexual. Sin embargo, el tercer y último acto luce precipitado. 

Aunque el inicio y el clímax de la película nos presentan una historia amena, divertida, fresca y vanguardista, el desenlace se siente abrupto. Esto evita que se cierre correctamente esta “carta de amor” que el director/actor dedica a su madre, provocando que no se concluya -de manera atinada- su círculo de “cuitas” personales reflejadas en la pantalla grande. Además, existe un gag (broma o chiste) que bien pudo ser contado una sola vez porque, de otra forma, se vuelve harto predecible y repetitivo (dicho gag incluye la aparición innecesaria de la actriz  Diane Kruger).

No sé si “Chicos y Guillermo, ¡A comer!” sea la mejor obra exhibida dentro del más reciente Tour de Cine Francés, ni estoy seguro si en verdad merecía convertirse en  la mejor producción del año dentro de su país, ya que dicho ejercicio exige observar todas las obras seleccionadas. De lo que sí estoy convencido es que Francia ha optado por darle distribución a una comedia autocrítica y liberal, que encuentra en el humor y la sensibilidad la mejor manera para hablar acerca de las vicisitudes existenciales del individuo del siglo XXI; ese que, a pesar de jactarse de ya ser cosmopolita y moderno, y de haber ya superado otras etapas evolutivas, aún tiene mucho que aprender y mejorar dentro de los mundos –propios y ajenos- de la familia y la sexualidad.

Serrat: “El miedo está haciendo mucho daño a esta sociedad”

Joan Manuel Serrat. / Sofía Moro
 
Sigue siendo el poeta de las pequeñas cosas. Con una mirada cargada de sentido común para analizar el momento que vivimos
Por Juan Cruz-
Publicado en El País-

¿Le apetece escribir con este tiempo? Me cambia mucho la vida. Soy una persona que ama y agradece mucho el buen tiempo, incluso el calor. Amo el calor, el agua y el mar desde que empieza el verano hasta Navidad. A lo largo de todas mis actividades artísticas he procurado desplazarme a la América austral en los meses de invierno, para pasar dos veranos al año. El verano lo representa perfectamente un melocotón, comerme un melocotón bien jugoso, que se me escurra el líquido por la barbilla y que me deje las manos pegajosas…, eso es perfecto.

En sus composiciones hay siempre tiempo. Canción de cuna es autobiográfica, como una postal que le mandara la infancia: “Por la mañana rocío, al mediodía calor, por la tarde los mosquitos, no quiero ser labrador”. La vida del niño cambiaba absolutamente cuando llegaba el verano, cuando se encendían las hogueras de San Juan quemábamos todo el año y te ibas a la playa en libertad. O la familia te mandaba al campo. Todo aquello cambiaba absolutamente la vida. Es la relación del niño con el agua, con las balsas, con los sapos, con esos insectos que flotan, con los barbos, con todos los seres vivos… Y de alguna forma la tristeza que nos acompañaba cuando nos separábamos en septiembre y teníamos que empezar a renunciar a aquellas escapadas.

¿Dónde estaban esos paisajes? Yo tengo dos paisajes fundamentales, el mar y el campo. El mar es la Barceloneta de mi niñez, con todo lo que representaba el recorrido desde la casa hasta la playa. Primero, trincar algo de comer en casa, bocadillo, toalla y bañador, la indumentaria que nosotros necesitábamos; colarte en el tranvía, colarte en los baños que entonces no eran públicos, para llegar a las instalaciones con piscinas y duchas. Hubo una época preciosa en la que me tocó ir a Navarra, con 13 años, a un lugar al que no había ido nunca, Viana. Ahora tengo una casa allí y voy a pasar alguna semana con mis amigos, gente con la que crecí y aprendí todo del campo. Mi madre tenía allí una amiga de la juventud. Iban al mismo baile de sirvientas y estrecharon lazos, una amiga a la que le unía el más profundo sentimiento que seguramente pueda unir a dos mujeres, que les ocurrió lo mismo a las dos, se les murió el novio pocos días antes de casarse. Eso creó en ellas un sentimiento mucho más allá de lo fraternal. Viana se convirtió para mí en la tía joven que yo no tenía, la tía cercana. Cuando ella dejó el oficio y se retiró, me llamó. Aquello fue maravilloso porque vivía en aquella casa como un hijo (que lo era, el hijo malcriado de la casa) y al tiempo vivía en un pueblo magnífico donde conocí a Alejandro y a Teófilo, toda esa gente con la que me crié. Viví de lo bueno lo mejor y de lo malo pocas cosas; en la ciudad somos peores.

¿Cómo era el anterior muchacho, el niño, el hijo de Ángeles Teresa? Era un chico muy movido, muy activo, torpe, se me caían los vasos, estaba pensando en hacer la tercera cosa cuando aún no había hecho la primera, tenía que hacer las otras dos y no me acordaba de la anterior. Fui un excelente estudiante, muy brillante en la escuela de agricultura y en la universidad.
Tuve que pagarme la universidad con becas, cantando y dando clases”
¿Qué hizo en la universidad? Biología hasta tercero; dejé la carrera porque siempre he tenido que financiar mis actividades universitarias, parte la hice con becas y parte buscándome mis chapas, mis clases, cantaba… En una época estuve trabajando como becario en el Consejo Superior del Instituto Pirenaico. Era el año 1967, yo ya había cantado y aquello acabó de decidirme a emprender mi carrera profesional.

En su primer paisaje humano su madre fue fundamental. Era la que ponía el orden cotidiano, el trabajo, que era mucho, y el ejemplo, que también era mucho. Mi padre era lampista y trabajaba en Catalana de Gas. Muy mañoso, podía hacer cualquier cosa, desde una nevera hasta toda la instalación eléctrica de la casa, pintaba las paredes, alicataba el baño, lo hacía todo. Con todo lo habilidoso que ha sido mi padre, yo he sido muy torpe. El ejemplo no me lo daba con esto, me lo daba con su comportamiento, con su respeto a la gente, a su mujer, estas cosas tan importantes, el espejo con el que aprendes cómo son o cómo deberían ser las cosas. Mi madre también era un poco hiperactiva, con un genio más levantisco, me recuerda a la madre de Juan José Millás, cuando él cuenta que ella era desconcertante porque abría la nevera y decía: “¡Ay, cuánto pan, qué haremos con tanto pan!”. Y al día siguiente decía: “¡No hay pan, no hay pan!”. Tanto por exceso como por defecto mi madre pensaba que la hecatombe estaba a la vuelta de la esquina, aunque era muy instintiva y repentina, en realidad era capaz de conducir un ejército. Tenía un carácter muy sólido, menos duro de lo que ella quería aparentar, pero muy consistente. Y a pesar de todo lo que he dicho, muy cariñosa.

Ese episodio de la infancia y la adolescencia que es central no sólo en su vida sino en sus canciones, ¿le devuelve imágenes, postales de casa, con otros, de cosas que hayan ocurrido y que le vengan de vez en cuando a la memoria? Sí, pero vienen más si las reclamas. Y ahora las he reclamado para conmemorar mis 50 años en el escenario. Y previamente estoy preparando la presentación de “un objeto” para Navidad que contiene 50 canciones y 50 relatos, no sabemos muy bien aún cómo será ese objeto. Las 50 canciones no son lo que podría ser un relato histórico, en principio traté de hacer una lista cronológica y que la cronología llevara de una canción a otra, pero era bastante aburrido al oído y seguramente como documento. Sin embargo, lo que sí puede ser interesante es que escoja 50 canciones entre las cuales habrá algunas que puedan resultar muy curiosas. Por ejemplo, una de ellas va a ser el La la la, que voy a cantar en alemán, la grabé en alemán y es la versión que voy a poner; aquello fue un hito en mi vida, pero me niego en estos momentos tanto a prescindir de ella como a señalarla de una u otra manera. La hago en alemán para que quede constancia y que cada cual piense lo que quiera. Hay otras canciones, 25, que las hago con dúos con diferente gente. Y hay 50 relatos, no son memorias, son 50 ocurrencias u ocurridos que me han pasado en la vida o que yo he pensado, no creo que ninguna excesivamente dramática.

¿Qué le ha sorprendido entre lo que se ha encontrado? La claridad con la que aparecen, los ves con una nitidez extraordinaria y se pierde más lo accesorio pero lo que es lo mollar viene caminando solo. A veces, no sé cómo explicarlo bien, ves que el recuerdo tenía una falda plisada y ojos azules, pero no sabes cómo se llamaba.

Perfil

 
 
Joan Manuel Serrat lleva medio siglo cantando y hoy afronta la tarea de reconstruir ese pasado en el que ha sido feliz y nos ha hecho felices. Nació el 27 de diciembre de 1943, en Barcelona, y ha cantado al amor, al Mediterráneo, a las pequeñas cosas. Su vida y su voz están unidas a las vidas y a las aspiraciones de varias generaciones de españoles y de latinoamericanos que ven como propios el barrio de Serrat, su mar, sus creencias, las imágenes y las palabras a las que ha puesto música. Ahora prepara un disco en el que comparte sus canciones con amigos y colegas como Ana Belén, Víctor Manuel o Miguel Ríos, Silvia Pérez Cruz, Lolita, Quico Pi de la Serra, Pablo Alborán… El disco se llamará ‘Trencadís’ y lo estrenará en febrero de 2015 en una gira que comenzará en Uruguay, continuará por América y concluirá en España. Le hemos visitado en estos días de sol, y del verano nos ha hablado como parte indisoluble de ese entusiasmo por vivir en el que nos educó a tantos con su voz. Habló también, claro, de Cataluña, de su familia, de la alegría y de los tiempos que nos toca vivir. Y de cómo escribe, en el otoño de su vida, cuando llega el verano.

Oyéndole hablar de sus padres parece que ahora es cuando ya es usted una combinación de los dos. Estaría bien. Nunca eres la combinación de tus padres, un hijo es el resultado de sus padres evidentemente, pero yo también soy el resultado de todo lo que me ha ocurrido en la vida. Lo que me ha ocurrido en la vida me ha hecho ser de una forma o de otra, continuamente nos va mutando, nos levanta, nos baja, nos mejora, nos empeora…

¿Cómo vivieron ellos la evidencia de que era un artista apreciado? Antes de ser un artista conocido y apreciado, a mi madre le produjo un patatús saber que yo iba ser un músico y mi padre respondió con una extraordinaria serenidad dándome toda la confianza cuando les anuncié que iba a dejar la universidad y que me iba a dedicar plenamente al oficio de cantar y viajar. Hasta entonces yo había sido la gran esperanza blanca de mi familia, el que iba a convertirse en profesor de instituto, y a mi madre le rebrincó bastante aquello. Cuando ocurrían estas cosas mi madre no decía nada, optaba por sentarse en un sillón, mirar hacia otro lado y llorar, pero no decía nada. Mi padre le dijo: “Mujer, estate tranquila que el chico sabrá lo que hace”.

¿Qué hubo después cuando vieron que su padre tenía razón? Orgullo. Mi padre dejó el trabajo, ya podríamos vivir sin que tuviera que tragar más gas, compramos un R-5 de segunda mano y mi padre se dedicó a hacer de chófer de mi madre, la llevaba siempre, hasta tal punto que cuando murió mi padre ella apareció un día muy jodida por mi casa, muy compungida, había olvidado las líneas de autobuses, los metros, había olvidado casi que levantando una mano se podía parar un taxi. La llevaba a todas partes. Mi padre murió el 29 de abril de 1980. De cáncer.

Llevaba 13 años en los escenarios. ¡Más!, desde 1965, en 1967 ya fue profesionalmente, ya había escrito Cançó de matinada, Ara que tinc vint anys, que habían sido éxitos.

¿De dónde le venían las canciones? La inspiración me llegaba de un imaginario en el que había una gran parte de recuerdos, pero también una parte de pesebre, de jugar con las figuritas y adornarlas, por ejemplo, yo no tenía una tía como La tieta pero las veía, las adornaba, las llenaba de tópicos. De alguna manera es lo que sigo haciendo.

Creó un universo que coincidió con el mundo de otros. Como Mediterráneo. Los del Atlántico lo escuchábamos como si fuera nuestro. Otras ya venían de otros caminos y de otros lugares, algunas con pretensiones más amplias, pero en ningún momento me planteé si unas eran muy locales y otras muy globales, a fin de cuentas no lo sabía. Luego entendí que la única forma de que algo pueda ser realmente internacional y que le interese a gente de todo el mundo es que sea bien provinciano porque lo entiende cualquiera en cualquier parte.

Ahora se enfrenta a toda su trayectoria. ¿Qué estado de ánimo le produce ese regreso? Cuando esto salga ya habrá pasado toda la época laboriosa. Han sido meses muy trabajosos para preparar algo que aparecerá de una forma muy sencilla, pero todo lo que he tenido que escribir, grabar, cantar con otros o que mezclar es una barbaridad. Ahora ya no me bajo del carro, pero cuando esto sea algo real lo único que tendré será una gran satisfacción. Y el cantarlo me dará mucha más satisfacción. El disco se llama Trencadís, es el mosaico que hacía Gaudí a partir de fragmentos que unía. Cada fragmento, cada canción de este Trencadís llevará un número que se verá en la pantalla, y la gente podrá escoger 10 y votarlas por Internet en cada concierto. Yo preservaré cinco, y otras cinco que no hará falta que voten porque irán fijas (Mediterráneo y otras). Las 10 más votadas se tocarán cada día. Este es el ambiente que quiero generar en estos conciertos, nada más alejado de la solemnidad y grandiosidad, será enorme y grandioso porque nosotros lo vamos a hacer posible.
El verano lo representa un melocotón. Uno bien jugoso”
Usted ha alegrado la vida de mucha gente en tiempos difíciles. Y también ha tenido sus momentos duros: el exilio, la enfermedad… ¿Qué estímulos ha tenido en esas situaciones? En 1975, cuando me tuve que quedar fuera a raíz de los últimos fusilamientos de Franco, eso me afectó bastante en la parte creativa; era muy difícil escribir, todo lo que tengo escrito de aquella época es francamente malo, como si con todo lo que ocurría me hubiera quedado vacío. Tuve que inventar una gira por México de varios meses para alargar el proceso de la muerte de Franco, que parecía que no acababa nunca, hasta la transición que llevaba a la desaparición de los mecanismos represivos. Tuve dos cosas muy buenas, la primera haber conocido en aquella época a un grupo maravilloso de gente en el exilio en México, de Max Aub a Mantecón; y la suerte de conocer un país y de intimar con él. Llegó un momento en que ya no pude aguantar más y me vine. Recuerdo con la misma amargura también los años que no podía ir a Argentina o a Chile cuando estuve vetado por aquellos Gobiernos. La prohibición me parece un castigo injusto para el que nunca estás preparado. ¿La enfermedad? Ya ves, ni me acuerdo.

Esa gente que se encontró en el exilio mexicano le ayudó a descubrir su propio país… El exilio es un mundo en el que siempre se vive pensando en lo provisional que es todo. Cuando compruebas que esta situación de provisionalidad se ha prolongado tanto que te ha hecho perder casi todas tus ilusiones, que has creado una familia en otro lugar y que te tienes que reciclar seriamente, ya es muy difícil mantener una comunicación respecto al país que dejaste. El exilio ha sido muy duro para todos los que tuvieron que salir.

A ellos (y a los que estábamos aquí) les debieron reconfortar sus versiones de Miguel Hernández y de Antonio Machado… Yo elijo a estos dos poetas fundamentalmente porque me los creo, porque pienso que son buena gente y porque lo que están contando es actual, porque sus historias son de una extraordinaria calidad que a mí me hubiera gustado escribir. No lo hago con ninguna pretensión divulgativa, lo hago tratando de hacer buenas canciones.

Serrat, durante la entrevista. / Sofía Moro

¿Cómo ve este país? Con serias preocupaciones en todos los sentidos, como Estado, como sociedad. Como democracia que debe defender a los ciudadanos de uno en uno por encima de cualquier cosa y por tanto con una sanidad justa, una enseñanza obligatoria, gratuita y para todos, y una justicia rápida y eficaz, lo veo con suma preocupación. Si realmente se han aplicado los métodos para conseguirlo, lo que veo cada día me tiene absolutamente aterrado, desconfío de la especie humana y no me siento nada partícipe del proyecto de futuro. Creo que el miedo está haciendo mucho daño a la sociedad, le impide organizarse y habrá que plantear las cosas de otro modo porque, si no, esto es como una riada, puedes ponerle todos los muros que quieras al río, pero cuando llueve fuerte, el río baja por allí y el muro se va a tomar por culo.

¿Y el tema catalán? Es un tema muy mal llevado, especialmente desde el Gobierno de Zapatero cuando promete apoyar la mejora del Estatut, la división de poderes y luego el Constitucional toma otro camino, resuelve tarde y mal y aquellas tempestades traen estos lodos. ¡Y cuidado, que no se equivoque nadie que lea esto! Aquí están pasando cosas muy serias, hay lugares en Cataluña donde ya se creen que son independientes. Retorno, si lo hay, yo no lo conozco. Haríamos bien en tomar responsabilidades todos con independencia de cuál sea el lado en el que nos situaríamos en caso de consulta. Hay que tomárselo en serio. El Gobierno tiene metido en el famoso cajón asuntos que el tiempo resolverá, un cajón muy grande en el que lo dejan. Esta es una cuestión en la que prevalecen las vísceras por encima de las razones, por tanto estamos en manos de muy malos consejeros. El momento económico actual ha dinamitado este aspecto.

El 19 de abril de 2006 le hice una especie de cuestionario de palabras. Le dije independencia y usted dijo: “Escribió Espronceda: ‘Oigo patria tu aflicción”, y añadió “y sirve para todo, para independencia, para patria…”. Ahora puedes encontrar gente que no sea catalanista y que sea independentista.

Por ir a una de sus canciones más bellas, ¿cuáles serían hoy para usted las pequeñas cosas? No son pequeñas ya, las pequeñas cosas son las que nos acaban haciendo feliz el día, que estés trabajando, que tu hija entre en silencio y despacito, se ponga a tu lado y te pegue un susto de cojones. Cuando se te pasa el susto te das cuenta de lo hermoso que es tener una hija así de cariñosa y que juegue contigo de esa manera, con esta confianza. Esta es una de las pequeñas cosas que me han ocurrido antes de que tú llegaras. Este sol, tener la posibilidad de disfrutar lo que la vida puede llegar a ofrecerte. Aquí la gran cuestión es ser agradecido cuando para otros todo esto es imposible.

O terminar una cosa, como su padre terminó la nevera. ¿Sabes cómo funcionaba? Con hielo, hizo un mueble, lo alicató todo con mosaicos, hizo un recipiente donde metíamos la barra de hielo rota y esto iba soldado a un tubo que salía fuera y tenía un grifo, aquello tenía un depósito, de vez en cuando lo abrías, lo vaciabas y seguía impecable. Era lo más elemental del mundo. La carcasa era de madera muy fina con corcho aislante por dentro. Mi padre inventó también la ducha para casa. El confort de mi casa surgió gracias a mi padre, las estufas de gas, la luz de gas, el horno de gas. Y luego las de tipo digestivo venían del pueblo, las magdalenas, las tortas de aceite, las olivas. Se llamaba José, le llamaban Pepe. Yo le llamaba papa o pare. Creo que empecé a llamarle pare de mayor pero supongo que le llamaba de las dos cosas, igual que a mi madre, mama o mare.

Yo nunca supe nada de Cerati (Homenaje inválido de un infame fanático)


Cerati y yo, ahora ambos muertos también por dentro.





Crónica de un Peatón | Por Alejandro Carrillo |


Jueves por la noche, los campeones y odiados Seahawks –que me hicieron perder miles de pesos en el pasado Súper Bowl- le ganan por tres posesiones a los inútiles ‘cabezas de queso’ en el último cuarto. El primer partido de la temporada perdió mi atención antes de la pausa de los dos minutos y mejor me da por apagar la tv de una vez por todas y empezar a trabajar en el especial obligado de Cerati que toda revista groovy mágica-musical que se precie de serlo, debe tener a ocho columnas en un día como hoy.

La noticia me llegó desde temprano. El celular vibró como pocas veces, tan fuerte que hasta me despertó, como diciendo despiértate cabrón, esto va en serio. Malhumorado busqué entre las cobijas el teléfono y vi de reojo la notificación de Milenio Diario (aplicación para celulares):


“ÚLTIMA HORA: El Cantautor Gustavo Cerati murió hoy, a los 55 años, luego de permanecer 4 años en estado de coma, reportan medios argentinos”.


Me da por botar el teléfono sin darle mucha importancia al asunto y me envuelvo en mi capullo de colchas Vianney para aprovechar una media horita más de sueño antes de empezar a mentar madres por el sol hidrocálido sobre mi cabeza, ya que en pocas horas tengo que salir de mi sarcófago a dar una entrevista en Radio Universidad para hablar de lo chingones que somos en esta revista y las mil razones por las que el mundo entero debe leernos y darnos dinero.

Pero no. En 'posición cochinilla' cierro los ojos dentro de mi capullo, respiro profundo para reencontrarme con el camino del sueño matinal... pero no; repentinamente me descubro repitiendo despiértame cuando pase el temblor, despiértame cuando pase el temblor. Gustavo cabrón, te tenías que morir -ahora sí- en un día tan ajetreado. Abro la regadera y busco en mi reproductor algo para la ocasión: Música/Artistas/G/Gustavo Cerati/1 álbum, 1 canción/Álbum Ahí Vamos/12/Crimen 3:43. Y le pico play. -¿Por qué sólo tendré una rola de él?- Y suenan los primeros acordes de ‘Crimen’, que dista mucho de ser una canción emblemática. Con el agua caliente cayendo sobre mi pelo recuerdo que hace muchos años vi el video de esa rola en Telehit, una historia detectivesca a lo Elliot Ness con buena fotografía que para mis años pubertos salía del molde de los videoclips de la época –no existía YouTube y nos limitábamos a esperar el video de Britney Spears en falda de colegiala o de los Genitallica en falda de monaguillos-. Lo cierto es que ese video me atrapó en aquellos años mozos por su rollito de gánsteres y mujeres fatal:


“Últimamente los días y las noches se parecen demasiado, si algo aprendí en esta ciudad es que no hay garantías, nadie te regala nada. Todo podía terminar terriblemente mal… pero este caso había que resolverlo”.


Para no hacer el cuento largo, Cerati acaba recibiendo un plomazo de una mujer. ‘Qué  ironía’, pienso más tarde cuando me entero de Chloé Bello, una rubia de 27 años que según los chismosos es ‘la culpable del coma’ de Gustavo. Cuenta la leyenda que la señorita fue la última conquista del guitarro y vocalista de Soda; ella en ese entonces con 22 y él con 50, se veía obligado a tomar Viagra que combinado con la ingesta de drogas y alcohol, resultarían una mala idea para un hipertenso Cerati.

Obviamente lo anterior es un rumor de lavadero, pero en honor la verdad, tengo muchas ganas de que sea cierto y de ser así, Gustavo, eres el puto amo. Morir cogiendo y lleno de drogas siempre será mejor que morir de un aburrido plomazo, así tengas que pasar cuatro años en el purgatorio del cajón de los vegetales. Por cierto, qué poca madre tiene, señora madre de Cerati; otro crimen quedará sin resolver.

Cuando me di cuenta, la rola se había repetido unas cinco veces y yo seguía bajo la regadera, ya no alcanzaba mi taza de café bien cargado si es que quería llegar a tiempo a la entrevista. Agarré un libro, mochila, gafas oscuras, cartera, celular y vámonos. Contrario a lo pensado no había ni un rayo de sol, sino un de nubes que en cualquier momento empezarían la lloradera de la desgraciada muerte del rocanrol melancólico y seductor del sureño.

Ya en el bus busqué mi separador navideño de librerías Gandhi, estaba en la página 101 de algún libro y me dispuse a leer durante los próximos cuarenta minutos de camino a la universidad. Leía y leía sin comprender ni una sola coma –no es chiste, Gustavo-, pensando más bien en cómo empezar esta editorial pero sin encontrar una sola respuesta. Cerré el libro y observé a los pasajeros, todos perdidos en sus asuntos, viendo hacia afuera pasar la vida y los coches. Busqué en alguno de ellos algún gesto, algún semblante triste que me dijera ‘no mames, ya se murió Cerati y yo como pendejo en este autobús’; pero nada, no encontré a nadie devastado –al menos no por la muerte de Gustavo-. Pinche gente, si supieran cuántos palos le debemos a este cabrón ya le estarían poniendo un altar.

Ya en el campus de la universidad me olvidé un poco del tema y me concentré en mis respuestas para la entrevista; encontré a una amiga, estaba pálida y según dijo, recientemente se había desmayado en la enfermería. Sin razón alguna le atribuí el hecho a la muerte de Cerati, parecía lógico que todos estuviéramos tristes y nos sintiéramos mal al grado de desfallecer, sin embargo no hice comentario alguno y el tema regresó a mi mente.

El resto del día no fue muy diferente, pensado en las repercusiones que la muerte desencadenaría en mi círculo social -por llamarlo de alguna forma-. Recordé que por la mañana alguna persona me encontró algún parecido con Gustavo. ¿Lo dices porque ahora ambos estamos muertos también por dentro?- le pregunté medio en serio, medio en broma.

Durante la tarde cayó una lluvia torrencial, sentí escalofríos al pasar frente al estéreo –era Gustavo Cerati, sin duda-. Me puse melancólico por un momento y pensé en el vaivén del carajo de la vida, pensé en mamá y papá y añoré quizás un té para tres. Es extraño, la verdad. Pensé en Bukowski diciendo es extraño cuando la gente famosa muere/ las veredas parecen diferentes y nuestros chicos parecen diferentes/ y nuestras compañeras de cama y nuestras cortinas y nuestros autos/ es extraño cuando la gente famosa muere: nos sentimos mal.

Me sentí ridículo y mejor prendí la tv, empezaba el primer partido de la temporada, me olvidé de Gustavo Cerati durante casi cuatro cuartos; justo hasta antes de la pausa de los dos minutos, cuando los Seahawks le ganaban por tres posesiones a los inútiles ‘cabezas de queso’. 

Saqué el whisky de las grandes ocasiones, me senté frente al monitor y empecé a redactar osadamente este artículo sin valor ni validez de alguien que nunca supo nada de Cerati, y que seguramente nadie leerá y pasará a la historia con más pena que gloria.

Sin embargo, de momento, y más en lo personal que en lo editorial al final, al final hay recompensa.

Gracias por venir, gracias totales.


A la zona de promesas: Un tributo a Gustavo Cerati


Después de cuatro años de estar en coma, el día de hoy falleció el cantante, compositor y guitarrista Gustavo Cerati. Alfredo Quintana, ávido fan del argentino por más de 3 décadas, se despide en este sentido texto. Lee más de Alfredo en su proyecto Tintorera y síguelo en @MaestroLimbo.

Cuánta razón tiene Richard Dreyfuss cuando concluye en Stand by Me que no hay amigos como los que tuvimos en secundaria. Uno de ellos fue Gustavo Cerati. Era 1987 y “Persiana americana” funcionaba cual himno a la masturbación para quienes andábamos como animalitos en celo, entre el arrimón y el consumo de porno suave.

Poco después, el cuarto disco de Soda Stereo, Doble vida (1988), producido por el gran Carlos Alomar, los convirtió en la mejor banda en español del planeta. A partir de 1990, esperar el siguiente disco de Soda y la respectiva gira con escala en México se volvió una parte importante de la vida de muchos jóvenes. Por aquellos años, la santísima trinidad de nuestra religión era: cerveza, rock y mujeres (aunque no las tuviéramos). “Ella usó mi cabeza como un revólver” era una de tantas oraciones que no pocos latinoamericanos santificábamos con tragos de cebada y Jack Daniels. “La tarde está cayendo en tus ojos…” “Come de mí, come de mi carne…” “Somos prófugos los dos…” ¿A quién no se le antojaba irse al carajo de la mano de esa morenaza del salón?

[Aquí hago una pausa para escuchar “Zona de promesas” con lágrimas en los ojos]

cerati-vive-latino-2007
Cerati en México en 2007
En 2007 volví a saltar como prepo en el Foro Sol durante la gira Me verás volver. Maldita juventud eterna. Ahí estábamos mi primo, mis hermanos, algunos amigos… Bebiendo whisky que pasamos de contrabando, con cerveza en mano y recuerdos a discreción que cruzaban por la mente a manera de touch screen.

Para muchos era su primera vez ante la banda argentina. Para muchos otros era la sexta o séptima. Había asistido al mítico mano a mano Soda Stereo-Caifanes en El Palacio de los Deportes en 1991. Sufrí de pena ajena cuando La Lupita le abrió a Soda en el Juan de la Barrera para presentar el Dymano. Incluso, con mi primo y mi hermano nos tocó volar con “Planeador” en la gira de despedida del grupo en 1997. Todo está en las venas.

Zeta Bosio y Charly Alberti siempre fueron insustituibles en Soda Stereo, pero Cerati era el genio. Un guitarrista virtuoso (¡Daniel Melero dice que es un gran bajista!) que estuvo siempre atento a la música más revolucionaria dentro del pop. Escuchó (y hasta se fusiló) a Ride, como notara mi carnal, y a bandas del llamado shoegaze de principios de los noventa. Pero apenas asimiló ese género, compuso el Dynamo, un discazo que influyera a bandas como U2. Años antes absorbió lo mejor de The Police y Echo and The Bunnymen, de su mentor Luis Alberto Spinetta y de tantos otros músicos… Y poetas.

Porque Cerati era, en sus momentos de inspiración verdadera, un letrista magistral. “La inspiración existe” dijo Antonin Artaud, poeta que hoy cumpliría 118 años. Y en Gustavo era notable el dominio del alfabeto. Sí, Cerati abusó de los juegos de palabras e incurrió en clichés de todo tipo, pero no hubo disco de Soda o en solitario que no dejara versos estupendos. Cuando has fumado “las largas pipas de paciencia” para encontrar al final del túnel un amor que has esperado por años, sentencias como “sacudiste las más sólidas tristezas” te remueven las tripas. En “Vivo” canta “por aquello que dejé en la lucha” sólo para decirnos –con la mayor belleza posible– que, pese al dolor que cada quien pueda vivir, hay unos ojos dulces al final del túnel.
Cerati… Era un sex symbol el cabrón.
“En la ciudad de la furia”, MTV Unplugged, 1996. Cerati es un dios del rock que se divierte con la guitarra. La hace suya. Es su arma, su dama, su todo. Ahhhh… suspiro de recordar cuántas veces escuchamos esa canción, cuántas veces terminó aquel disco –nada unplugged– como portavasos en aquellos años en los que la desesperanza de la juventud está llena de esperanza. Si la sensualidad existe, esta versión está en su soundtrack. Al igual que “Sweet sahumerio”, “Planta”, “Entre caníbales”…

CERATI
El sueño de Gustavo Cerati

Soñé a Cerati varias veces. En ocasiones, me tocó escuchar en vivo a Soda Stereo o ser testigo, junto a unos cuantos fans, de una nueva canción. En otros sueños sólo aparecía él. Recuerdo vagamente un sueño en el que mi primo, mi hermano y yo (fanáticos perennes del maestro) nos lo topábamos en la calle de una ciudad sin nombre. En el sueño (de hace dos o tres años) nos acercábamos a platicar con Cerati; conversábamos un poco sobre su futuro cuando, guitarra en mano, Gustavo decía que nos cantaría una canción de despedida… estaba listo para irse.

Desde que en mayo de 2010 sufriera un accidente cardiovascular, no fueron pocas las veces que lo declararon muerto (sin hablar del escarnio humoroso que fluyó en las redes). Poco importa ya tratar de entenderlo, sólo queda el amor brutal, profundo y tal vez egoísta de su madre para mantenerlo con vida. “El reloj marcó la hora del final…” dice Gustavo mientras escribo estas palabras. “El secreto entre los dos”, entre todos los que amábamos y seguiremos amando al amigo Cerati, “es que nunca volverá”. En la vida van y vienen amigos, van y vienen amores, trabajos, discos, borracheras, películas, dioses… Pero cuando muere alguien ligado a nosotros es cuando resulta tan terrible la palabra nunca.

La primera canción que se escuchó el día de mi boda, luego de bailar con mi esposa el tema que pasó a la gran final, fue “A merced”. Se trata de una balada etérea del Amor amarillo (1993) que nos hace recordar que “no hay solución fuera del amor” ni droga más poderosa en este planeta en agonía que los ojos de una mujer.

“La poesía es la única verdad”

Lucy: ¿El debraye existencial de Luc Besson?



Cinetiketas-
Por Jaime López Blanco-

Luc Besson, cineasta de origen francés, ha logrado obtener, gracias a  la "Lucy" de Scarlett Johansson, su película más taquillera como realizador y la tercera más billetuda como escritor. Y eso que en su filmografía  se destacan obras sumamente atractivas como "La femme Nikita" (1991), "El quinto elemento" (1997), "Juana de Arco" (1999), "The lady" (2012), "The family" (2013), o, su considerada obra de culto, "The professional" o "El perfecto asesino" (1994) según su título en español; ésta última protagonizada por una muy joven Natalie Portman, el actor francés Jean Reno, y, el multifacético Gary Oldman.

En apariencia, "Lucy" nos presenta una historia de una mujer enpoderada y "pateatraseros" que, debido a la absorción de una nueva droga en su estómago, logra una mejor utilización de su capacidad cerebral, lo cual, en consecuencia, trae consigo un mayor y mejor desarrollo de sus capacidades físicas y sensoriales. Todo esto dentro de un marco contextual lleno de mafiosos, narcotráfico y un argumento con sabor especie a vendetta femenina. Sin embargo, "Lucy" es, al mismo tiempo, todo y nada de eso.

La fórmula con la que Luc Besson arma el exterior de la película es solamente un "gancho” para vendernos una historia, la cual trata de salirse del canon de sus ya memorables películas de acción: hay secuestros como en el guión de su "Taken" (2009); y, existe una protagonista gallarda y súperpoderosa como su "Nikita" o como su Leeloo (Milla Jovovich) de "El quinto elemento"; pero ahora se incluye -en el interior del film- un montaje con escenas sobre la supervivencia terrestre, sumado a ciertas reflexiones acerca de la preservación del conocimiento humano. Es la oda al existencialismo versión Luc  o el debraye filosófico Bessoniano que no se puede olvidar de su acostumbrada dosis de acción.

Lo que se nos ofrece es una historia entretenida y corta (apenas dura 90 minutos), la cual, a simple vista, pareciera entrar en los terrenos de lo absurdo, pero que dejándose llevar por la inercia de su argumento se disfruta amplia y satisfactoriamente. Claro, no es una película redonda y parece que se estanca algunos minutos a la mitad; sin embargo, es una cinta muy amena.

Morgan Freeman otorga -como de costumbre- credibilidad y prestigio al filme, interpretando a un teórico del conocimiento del cerebro humano, mientras que Scarlett Johansson es capaz de soportar un protagónico sin ayuda de ningún Avenger. Ahora el gran poder que muestra es su mente, y su misión es sobrevivir para evolucionar eternamente.  La joven actriz muestra fuerza, seguridad, carisma y cierta vulnerabilidad en su interpretación, aunque le falta la espontaneidad de su Charlotte de "Perdidos en Tokyo" (Lost in translation, 2003).

Por lo que respecta a los efectos visuales, se nos presenta una onda muy al estilo de "Matrix", aunque el CGI (Imágenes Generadas por Computadora) no está del todo definido. La edición es ingeniosa, sobre todo en la primera parte de la cinta, porque se nos cuenta a través de paralelismos visuales o metáforas parte de las situaciones del personaje principal.

En general, "Lucy" es una película más que "palomera", ya que no sólo sabe a mantequilla, sal, dulce o queso, sino que induce a probar un poco de reflexiones filosóficas en torno a la verdadera trascendencia y evolución de la especie humana: ¿Por qué el hombre se inclina más a tener que a ser?; ¿El conocimiento produce caos o es la ignorancia la causante de dicho estado?

Deap Vally de vuelta en México


Anunciaron fechas en Guadalajara y DF.
Con apenas un disco en su haber (Sistrionix, 2013) las Deap Vally se han convertido en la fantasía on the road de muchos -todo Sputnik incluído- y en las morras consentidas del rocanrol. La Rolling Stone dice que sudan ginebra, hacen blues primitivo y rock duro; además acosaron sexualmente a The Horrors, no usan bajista y para algunos expertos son la versión femenina de The Black Keys, pero sin lo ñoño y con curvas.

Con una batería y una Fender Jaguar, Julie (pelirroja-baterista) y Lindsey ya se han paseado por el mundo rocanroleando al más puro estilo de la costa oeste; el año pasado estuvieron en México durante el Corona Capital y regresan este mes de septiembre con dos fechas anunciadas:

  • Guadalajara: 17 de septiembre - Teatro Estudio Cavaret
  • Ciudad de México: 19 de septiembre - Foro Indie Rocks

Los boletos para ambos toquines andarán en 300 pesos y estarán a la venta a partir del viernes 5 de septiembre. Hay que estar atentos porque muy seguramente el boletaje va a volar, después de todo uno podría ir hasta el fin del mundo con estas californianas.


Letrinas: El Primo de mi mujer


Por Eusebio Ruvalcaba.

Era el ídolo. Salvo yo, todos en la cuadra lo trataban con un respeto que rayaba en la admiración servil. Seguramente por su uniforme de servidor urbano. Y porque era un padre ejemplar. De seis chamacos. La verdad es que ni su nombre sabíamos. Yo menos. Y eso que el uniformado era primo de mi mujer. Esto no es de llamar la atención. Toda la parentela de ella vivía en el barrio de Tacubaya. Nosotros nos cambiamos para allá —originalmente vivíamos en Aragón— desde hace más de veinte años. Eran de hueva absoluta, a cada cual más inteligente e intachable, me repetía mi mujer todos los días.

A mí esto se me hacía sospechoso. Por lo que desde que tuvimos hijos, procuré mantenerlos alejados del radio de acción de tan encomiables personajes. Ni mis tíos ni mis primos, ni mis hermanos ni mis padrinos se emborrachan ni dicen groserías, no son como los tuyos, que tienen garganta de teporochos y boca de cargadores, me embarraba mi mujer en la cara a la menor oportunidad.

Pero para mí, el más detestable era el mentado servidor urbano. Usaba un uniforme amarillo con rayas anaranjadas, gorrita con un escudo que nadie distinguía de qué se trataba, si de la policía, de los bomberos o de protección civil. ¿Alguna vez te habrías acostado con tu primo?, le preguntaba yo a mi mujer para molestarla cuando la veía tan quitada de la pena sin despegar los ojos de la televisión.

¿Cuál primo?, me paraba en seco. Pues ya sabes cuál: el admirable, el íntegro, el incorruptible. Y frente a mi adjetivación torrencial respondía un simple estás loco, eres un demente.

Pero esa duda que fue creciendo dentro de mí me obligó a tomar cartas en el asunto. Algo se traía.

Decidí seguirlo.

No desperdiciar demasiado tiempo en él, pero sí pegármele. Que me hubieran corrido del trabajo por llegar con aliento alcohólico y acosar a la encargada del conmutador, me facilitaba las cosas. En fin, el pobre tenía cara de bruto, y yo creo que lo era. Estoy seguro de que no me identificaba. Ciertamente me había visto un par de veces —en 25 años— al lado de mi mujer, pero en forma accidental; nunca nadie me lo había presentado, además de que yo procuraba eludirlo, si acaso lo venía venir por la misma acera. Se veía tan buena gente —como si acabara de mecer a un niño en el columpio—, que no sabía de qué podría conversar con él.

Así que esa mañana lo seguí. Vivía en la esquina de avenida Jalisco y la calle de la Doctora. Yo en la siguiente cuadra. Con esas enormes y toscas botas y su cinto del cual pendía una lámpara y diversas herramientas —canana, la llaman—, caminaba a paso lento. Como una verdadera tortuga. Me asombró que se detuviera a conversar con cuanto comerciante se topara: Nacho, el vendedor del periódico —en cuyo kiosko era posible conseguir desde desodorantes hasta cigarros, desde camisas usadas hasta medicamentos de venta restringida—, el juguero don Toño, famoso en el barrio por sus jugos medicinales, el vendedor de tacos de carnitas —a las nueve de la mañana se vendían como pan caliente—, el zapatero —que reparaba su mercancía en la banqueta, provocando que los peatones tuvieran que desviarse para no atropellarlo—, el pollero… en fin. Y por si fuera poco, a todo mundo saludaba con deferencia y ceremonia. Como todo un príncipe de la educación.

Me empecé a desesperar. Pero algo dentro de mí me decía que estaba en el camino correcto. Que no me diera por vencido. Que valía la pena aguantar otro poco.

Y hasta ahora no sé si valió la pena o no.

El primo de mi mujer se metió a una vecindad de esas que están por caerse en Tacubaya. Lo esperé en la acera de enfrente. En el extremo de la cuadra. No tenía ni la menor idea de lo que se iba a tardar, así que me puse cómodo en la banqueta. Tarde o temprano saldría. Y salió, como a la hora. Pero apenas lo pude reconocer, por el atuendo. Había dejado de ser ese servidor perfecto para convertirse en un hombre común y corriente, aunque esta vez de traje y corbata. Pasados de moda, como él. Salió acompañado de un par de niños —niño y niña— que lo dejaron a unos metros de la vecindad; él se volvió a mirarlos con esa actitud del padre de familia amoroso, les indicó que se regresaran, y prosiguió su marcha. Cuando se hubo perdido de vista, entré a la vecindad. Toqué y pregunté por él en varios departamentos, hasta que una mujer de pelos enmarañados y aliento de alcantarilla, me respondió. Ya se fue Juan Manuel a trabajar. No hace ni diez minutos —al fin me había enterado de su nombre—, ¿quién le digo que vino a buscarlo? Pues un amigo de la niñez, dije y me di la media vuelta.

Decidí no comentarle nada a mi esposa. Para qué. Ya de por sí este hombre tenía complicada la vida. Dos familias en una misma colonia. Vaya. Mis respetos.
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Nacido en la ciudad de Guadalajara en 1951, Eusebio Ruvalcaba se ha dedicado a escuchar música. Cabal y rotundamente. Pese a que ha publicado ciertos títulos (Un hilito de sangre, Pocos son los elegidos perros del mal, Una cerveza de nombre derrota, El frágil latido del corazón de un hombre…), pese a que se gana la vida coordinando talleres de creación literaria y escribiendo en diarios y revistas, él dice que vino al mundo a escuchar música. Y a hablar sobre música. Y a escribir sobre música. 

Poesía: IX [Avioncitos de unicel]


IX [Avioncitos de unicel]-
Por Israel Miranda-

Era una mañana hermosa.
Llevabas puesta la sonrisa de las grandes ocasiones.
Yo me sentía (sospechosamente) bien.

Y era un día de esos raros
en que la Fatalidad que (normalmente) radica en (todas) las cosas
decide darte una tregua.

(Un amigo comentó alguna vez
que él tenía claro que la vida era algo más
que este maldito infortunio
y su continuo desencanto.
Que el amor no tenía por qué desvanecerse tan rápido,
para luego convertirse en lágrimas
y sangre
y estupidez.
Confiaba plenamente en que
“los buenos tiempos” existían,
sólo que a él aún no le habían tocado.
A mí tampoco.
Y de haber sucedido no lo habría notado.)

Escuchábamos música y bebíamos cerveza en el Puerto.
El sol inflamaba mis terribles ganas de amarte.

Compraste un alhajero y un llavero de conchitas.
Yo compré un avioncito de unicel.
Nos tomaban una polaroid (de a $25.°°)
cuando el aire descompuso tu cabello
y mi avioncito emprendió un vuelo prematuro, silencioso,
para luego hundirse en las sucias aguas del Golfo.

Mientras, el sol
incendiaba los cascos de los barcos
en el malecón.




Polaroids (2006, poemario). Volumen 2 de la Colección DESTOS DEME DOS, 48 páginas. -AGOTADO- 

Polaroids (2006, poemario). Volumen 2 de la Colección DESTOS DEME DOS, 
48 páginas. -AGOTADO-

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Israel Miranda ha escrito algunos libros de poesía: Polaroids, Muro de silencio, El monstruo de arriba de la cama y Porno para perdedores y otros sucios hábitos; además de uno de narrativa: Palabras de Sabiduría. Además de escribidor, 'el Miranda' es músico, diseñador, maestro y filósofo.

Mozart y Beethoven en concierto de la Sinfónica de Aguascalientes

Por Alexiliado-

Este viernes 5 de septiembre se estará llevando a cabo el cuarto concierto de la 3ra. temporada de la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes y los invitados especiales son ni más ni menos que Wolfang A. Mozart y Ludwig van Beethoven.

Sin duda uno de los conciertos más esperados de la temporada, justo una semana antes de la tradicional 'Noche Mexicana'. En esta ocasión la directora invitada es Gabriela Díaz Alatriste, la primera mexicana en convertirse en titular de una orquesta sinfónica profesional al tomar la batuta de la Orquesta Sinfónica del Instituto Politécnico Nacional.

En el piano estará el talentoso Alain del Real, músico con experiencia internacional que ha fungido como solista en diversas orquestas de México entre las que destacan la Sinfónica de Guanajuato, la Camerata de Coahuila y por supuesto, la Sinfónica de Aguascalientes.

La obertura del concierto estará a cargo del compositor checo Bedrich Smetana y su obra 'La novia vendida', un relato simple, cómico y fiel al folclor checo que en medio del acompañamiento brusco de las cuerdas introduce un tema popular y melodioso.

La noche continuará con Mozart y su 'Concierto para piano n.° 23, K.488, en la mayor', obra en tres movimientos terminada en 1786, netamente melódica que se traslada de lo alegre a lo apasionado y va oscureciendo con repentinos cambios instrumentales.

Inicialmente para cerrar este cuarto concierto estaba programada la obra 'Petrouchka' de Ígor Stravinski, pero en su lugar se optó por la 'Sinfonía n.° 7 en la mayor, op. 92' de Beethoven, una de las obras maestras más reconocidas en el mundo cuyo segundo movimiento (Allegretto) es una pieza que en lo personal considero vertiginosa, poderosa y perturbadora que, incluso ha sido llevada al séptimo arte en momentos cumbre de cintas como la multipremiada 'El Discurso del Rey' (Tom Hooper, 2010) y la controversial y violenta 'IЯЯƎVƎЯSIBLƎ' (Gaspar Noé, 2002) en una escena final épica -que también es el principio de la historia- con una cámara enloquecida y brutal que nos hace pensar en lo desgraciada e inocente que es Mónica Bellucci al saber el espectador todo lo que le espera. Pero esa es otra historia que ya les contaré.

Les dejo aquí el 'Allegretto' en cuestión que describe uno de los músicos de Ludwig van de la siguiente manera:

"Al mismo tiempo que venía el esforzando abría los brazos, que antes tenía cruzados sobre el pecho, hasta el máximo. Cuando la orquesta debía interpretar un piano, se agachaba todo lo bajo que quería que sonara; luego venía un crescendo y entonces se enderezaba poco a poco hasta que entraba el forte, que él subrayaba con un salto en el aire y a veces, hasta daba gritos inconscientemente para reforzar el forte. Las nuevas sinfonías de Beethoven gustaron extraordinariamente, sobre todo la Séptima en la mayor. ¡El maravilloso segundo movimiento!"



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