Elvira, te daría mi vida pero la estoy usando


Cinetiketas | Por Jaime López Blanco |


Detrás de cada gran Elvira hay un gran guionista


El planteamiento es sencillo: un marido que advierte a su esposa que va de compras, por cigarrillos, pero que nunca regresa. Sin motivos obvios, sin explicaciones, sin vuelta atrás. Lo que viene después es la búsqueda incesante de una mujer por encontrar al amor de su vida, que se vuelve también una búsqueda de sí misma (otro verdadero amor). Y ésta es la principal virtud del guión original que Manolo Caro escribió para dar forma a su tercer largometraje, “Elvira, te daría mi vida pero la estoy usando”, el cual igualmente dirige.

“Elvira...” se inscribe dentro del género de la dramedia, un melodrama recargado con varias situaciones y diálogos revestidos de comedia, con un timing ágil y acertado. Esto último se  debe al buen argumento que la historia posee, la cual nunca pierde de vista la importancia de la protagonista y, a la vez, va nutriéndose de diversos personajes que enriquecen el relato en cuestión. Quizás el único rol que peca de poco natural es el interpretado por Luis Gerardo Méndez, a quien se le olvida quitarse la papa de la boca característica de su popular “Javi Noble”. El resto del elenco funge a la perfección como apoyo y beneficio de toda la película. Las apariciones especiales generan una enorme sonrisa en el rostro del espectador, siendo la más notable la de Carlos Bárdem, quien sigue demostrando su capacidad para ejecutar buenos papeles dentro de la cinematografía mexicana. El Gustavo de Bárdem es necesario, doloroso y muy complejo; algo que Manolo Caro entiende con madurez para no dejarlo solamente como un antagonista sin escalas de grises.


Lo más obvio y alabable es la grandiosa y versátil actuación de Cecilia Suárez, quien goza y sufre a su personaje desde la primera hasta la última escena. Su Elvira puede pasar a la memoria del cine mexicano como uno de los mejores roles femeninos de los que se tenga recuerdo. 

Asimismo, la Elvira de Suárez es una metáfora exquisita del camino hacia el empoderamiento recorrido por las amas de casa abnegadas e ignoradas. 

La tercera cinta de Manolo Caro brilla por sentirse completa en su manufactura y honesta en  su tratamiento; evita caer en ridículas exageraciones, a pesar de tener grandes dosis de tragedia, construyendo una historia común o cercana a la audiencia. Esto último te  hace valorar al cineasta, por su buen ojo para edificar adecuadamente la historia, desde la concepción del montaje o la edición de la misma; al mismo tiempo, te hace admirarlo y reconocerlo aún más como el escritor y hombre inteligente que está detrás de un argumento que posee varios subtextos de gran reflexión social. La Elvira de Manolo Caro es amena, fácil de digerir y ciertamente conmovedora; un filme que no se le puede abandonar fácilmente. A ésta Elvira sí le doy mi vida aunque la esté usando.   
  

Letrinas: El vuelo del búho


Por Eusebio Ruvalcaba |

Cuento

El vuelo del búho

Para Rafael Pastelín


Te levantas, y sin ningún afán melodramático, sin ningún sui generis incentivo ni conducta esnob, decides —así, tan simple como escoger una camisa— echar la hueva, no ir a trabajar, pues.

Piensas —mientras la oficialía de partes se va a mejor vida— que un paseo por el centro, en cambio, te sentará bien. Tal vez quieras recordar antiguas épocas cuando acostumbrabas caminar sin rumbo fijo por aquellas calles colmadas de recuerdos para ti. Del lado de tu madre. Y alguna vez de tu padre también.

Te vistes ligero, desayunas peor, y en un abrir y cerrar de ojos te encuentras saliendo de la estación Juárez.

Ya estás donde querías estar. Con las manos en los bolsillos caminas hasta un edificio que te resulta familiar: el Museo Nacional de Arte. ¿Cuántas veces has estado ahí? Lo ignoras. Pero ahora mismo crees haber visto un cartel en el que se anunciaba a un pintor o escultor que presentaba sus obras más recientes. Un artista aclamado en cielo, mar y tierra. No importa quién sea, pero ya que estás ahí. Será buena oportunidad.

Dos colegialas —¿hermosas?, no lo sabes, pero a ti te lo parecen— ratifican con carne tu decisión. Ellas también van al museo, meneándose sobre sus piernas sólidas y anchas. Seguirlas, mirando el suelo, observando las paredes. Disimuladamente o no, y distraerse mientras transcurre la mañana. No pides más.

Intentas ir tras ellas, pero algo te hace perder el ritmo, te estropea la cadencia que habías empezado a afianzar y que te hacía sentir en las nubes. Entonces vuelves tu vista a uno de los cuadros de los que el museo se jacta: Hacienda de Chimalpa de José María Velasco. Lo ves y algo extraño salta a la vista. No es la primera vez que te detienes ante él. Pero ahora distingues que los colores se están desparramando. Como si se fugaran de la pintura. No es posible. Parpadeas numerosas veces. Como para que la realidad se reacomode. Pero no hay tal. Delante de ti los colores escurren.

Vuelves tu mirada y observas acuciosamente otros cuadros. Nada. Todo está perfectamente normal. Entonces miras uno más de José María Velasco. Su Valle de México de 1890. Y lo mismo. Los colores han terminado por escurrir y ahora empiezan a manchar la pared. Del asombro pasas al terror. Aunque quizás todo no sea más que una maldita confusión. Suele pasar. Algo inexplicable. Las colegialas están tomando apuntes, y te aproximas —en otras circunstancias jamás lo habrías hecho— y les señalas los cuadros de Velasco. Pero ellas deciden poner tierra de por medio. Les das miedo. Y es evidente que no están dispuestas a escucharte. Quién sabe qué piensen de ti. Caminando como si estuvieras ebrio recorres el resto de la sala. Todo está como debe estar. Hasta que te topas con otro cuadro de Velasco: Camino a Chalco con los volcanes. Cuando lo miras, pierdes el equilibrio y caes estrepitosamente al suelo. Como si alguien te hubiera dado una patada en los bajos. La gente se te queda viendo, y alguien se acerca y te ayuda a incorporarte. Te dicen que si necesitas ayuda y dices que no, que gracias.

No te atreves a mirar una vez más las pinturas de Velasco. Si era el artista favorito de tu madre. Mejor aún, de tus padres. Aficionados a la cultura en general y a la pintura en particular, aún tienes presente los libros que te mostraban de la vida y obra de aquel pintor. Paso a paso tu madre te explicaba la grandeza de su obra mientras tu padre observaba la escena, sonriente y ensimismado. Todavía hace poco tú mismo tomaste uno de esos libros y lo hojeaste. Incluso te encontraste una flor a modo de separador, en la lámina correspondiente a la pintura que le gustaba a tu madre por encima de cualquier otra: Los ahuehuetes. Reviviste entonces aquellas intimidades. Pero también vino a tu mente el momento en el que tu madre fue atropellada, precisamente en un recorrido por el centro, por estas calles que acabas de caminar. ¿Por qué no te atropellaron a ti?, siempre te lo preguntaste. Y seguramente tu padre también se lo preguntó cuando decidió darse aquel balazo en la cabeza.

Ves a un policía que acude hacia ti. Pero tú no estás dispuesto a hablar con nadie. Corres. Y el policía corre atrás de ti. Con el rabillo del ojo, ves Los ahuehuetes. Los colores le escurren como si fueran la sangre de la pintura. La sangre de Velasco. Avistas el vacío. La escalera de mármol en espiral. Tres pisos. La gente se hace a un lado para dejarte pasar. Que nadie te detenga. Miras a un hombre de traje que viene hacia ti en sentido opuesto. Su aspecto de guardia es inconfundible. El policía detrás y él delante. Cuando el hombre del traje cree haberte atrapado lo eludes. Él es ahora quien se cae. Prosigues tu carrera. El vacío te llama.




______________________________________________________________________________________________________
Nacido en la ciudad de Guadalajara en 1951, Eusebio Ruvalcaba se ha dedicado a escuchar música. Cabal y rotundamente. Pese a que ha publicado ciertos títulos (Un hilito de sangre, Pocos son los elegidos perros del mal, Una cerveza de nombre derrota, El frágil latido del corazón de un hombre…), pese a que se gana la vida coordinando talleres de creación literaria y escribiendo en diarios y revistas, él dice que vino al mundo a escuchar música. Y a hablar sobre música. Y a escribir sobre música.

Círculo de Lectura: Álbum de mundos


Círculo de Lectura | Por Hugo César Moreno Hernández |

Sifuentes, Gerardo. Planetaria. México, Resistencia, 2013.



En la ciencia ficción se pueden construir diversas tradiciones. Por supuesto, estas tradiciones son meras construcciones a posteriori, descubiertas con la misma vocación ficcional. No son ciertas, son vetas cruzadas. Planetaria se deja encuadrar en una tradición de la literatura fantástica alimentada por la anticipación, el encuentro, la aparición de mundos expandidos y espacios contraídos, dimensiones superpuestas, animalidades humanizadas u humanidades interiorizadas en los átomos del universo.

La tradición: Planetaria va dispersándose en una narrativa fragmentaria, con viñetas, minificciones, inmersiones que expanden una entrada, la contraen o la superan. Una especie de hipertexto que recuerda el dispositivo narrativo de Ray Bradbury Crónicas marcianas(¿qué es? ¿Cuentos? ¿Novela? ¿Extravío literario en un lirismo sin poesía o poesía encubierta?), o la intertextualidad endogámica de Álvaro Menen Desleal sin hacerle remilgos a las entradas (¿influencias?) borgianas, asimovnianas y bradburyanas.

Planetaria es también un dispositivo narrativo, soportado en algunas páginas por la gráfica, cuidándose de no quedar entrampado por los trazos, incluso evita hilar un texto unívoco. En su polisemia desaparecen los personajes y cuando se ubica alguno con claridad queda encarcelado en la estrechez del texto que le contiene. A veces huye y aparece adelante o atrás, expandido o contraído, en un universo paralelo, en el futuro o en el pasado incognoscible, en esa área mítica descubierta por Lovecraft que sólo se recupera a través del terror. Hay un poco de horror en Planetaria, sin embargo queda disperso, como todos los textos. Es imposible hablar de UN texto, de unidad, de partículas construyendo un átomo, quizá la explosión y la diferencia, la distinción entre entrada y entrada sea una mejor descripción.

Gilles Deleuze y Félix Guattari utilizaron la forma rizoma como metáfora de relaciones entre el pensamiento, lo societal, lo político, lo económico, lo cultural, lo orgánico y lo inorgánico para establecer una postura filosófica: no hay centros, pero la razón siempre buscara endurecer la realidad (siempre inasible) con el fin de hacerla inteligible. Planetaria es un breve rizoma, carece de centralidad. Cada viñeta, minificción, descripción o entrada es una raicilla creciendo y enredándose más allá del papel. No busca emerger y convertir sus elementos en las ramas de un árbol macizo y comprensible en la unidad, sino tomar al lector en cada momento textual, ofrecerle un flashazo, atolondrarlo y atacarlo al siguente momento con algo totalmete desarticulado, evitando la consolidación de un arriba, un abajo o cualquiere dimensión situacional que permita asirse a las paredes, no las hay. Y sin embargo cada engrane de escritura de este aparato tiene suficiente dureza como para operar, no se escapa entre los dedos, sino entre los sobreentendidos del diseño normal de la narrativa. Planetaria, de Sifuentes, también recuerda un álbum, musical, de estampas y diseños donde el acomodo no responde a linealidad ni centralidad (otra vez la metáfora del rizoma) sino a un estado de ánimo. No importa si el acomodo final representa la cosistencia o inconsistencia sensible del editor, del autor o del ilustrados, el lector tiene la irresponsabilidad de tramar sus líneas, de estriarse el ánimo saltando de imagen en imagen, de texto en texto, de arriba abajo, al futuro, al pasado, al presente, al confín del universo o al interior de la existencia animal que nos contrae en el yo. Aun con esto, Planetaria tampoco es un rompecabezas, es más parecido a piezas que no embonan, piezas de realidad olvidadas por sus universos.


________________________________________________________________________________
Hugo César Moreno Hernández (Ciudad de México, 1978). En 2003, con el Grupo Cultural Netamorfosis fundó la Revista Cultural Independiente El Chiquihuite. Ha publicado los libros Cuentos para acortar la esperanza (Netamorfosis, 2006); Cuentos porno para apornar la semana (2007, FETA-Conaculta); Cuentos cortos para acortar el domingo (2008, Cofradía de Coyotes-Netamorfosis) y Enseres de supervivencia (2011, Cofradía de Coyotes-Netamorfosis); el libro infantil Así aprendió a volar José (2009, Cofradía de Coyotes-IMC). Aparece en las antologías Abrevadero de dinosaurios, Ardiente coyotera, Perros melancólicos, El infierno es una caricia y Coyotes sin corazón. Fue becario del FOCAEM durante 2009 y actualmente imparte el taller de Poesía y Narrativa en el Faro de Indios Verdes. 

“La Maldad” de Joshua Gil: Promesa poblana presente en el FICUNAM


Cinetiketas | Por Jaime López Blanco |

El primer plano es revelador: una especie de premonición fotográfica que anuncia el tono que   impregnará el argumento de la ópera prima de Joshua Gil; el fuego como brújula de lo que acontece en este surreal país llamado México. Al lirismo visual inicial se añaden dos ancianos, quienes se presentan como los protagonistas de la historia en cuestión, además de una antagonista invisible -en apariencia- consistente en la maldad de la que habla el título, la cual es materializada en los síntomas de la podredumbre social nacional actual: olvido; marginación; miseria material y moral; agonía física; cansancio y; un futuro oscuro e incierto.

El primer largometraje del poblano Joshua Gil presenta una apuesta arriesgada para un mercado voluble, donde muchos espectadores prefieren, en diversas ocasiones, las historias obvias y fáciles de digerir, mayormente complacientes, impuestas por Hollywood. “La Maldad” es una cinta visceral, diferente, antiparadigmática, que se constituye en el documento catártico perfecto para expresar la amalgama de emociones infinitas, intensas, a través de las cuales el director percibe y procesa tanto una historia familiar como la historia colectiva del país en el que vive.

El riesgo es innegable, más notable, al atreverse a darnos una narración híbrida, la cual nos muestra una ficción documentada o un documental ficcionado; el orden de los factores no importa, porque no se altera la calidad del producto entregado. Joshua logra plasmar un análisis social hecho a partir de un micro análisis íntimo de dos viejos cuyas arrugas pueden simbolizar, sin problema alguno, el recorrido maltrecho en el tiempo de una nación con los sueños estancados y las ambiciones cercenadas por la amnesia comunal.

Sirva entonces “La maldad” como un cuento grato de atestiguar, cobijado por su gran manufactura técnica (fotografía y diseño sonoro de primerísimo nivel) y el innegable carisma innato de uno de sus protagonistas, sin restarle importancia al contrapeso emocional que imprime el otro de sus personajes principales. “La maldad” es una crónica que sorprende, que duele y que arde al mismo tiempo; es una evidencia del futuro prometedor de un cineasta joven y provinciano, que siente y que sueña alto, en contraste con una historia que transita por los laberintos más profundos de la decadencia individual. 

Plutón será bautizado por la 'cultura friki'



El equipo de la misión New Horizons eligió nombres de ciencia ficción para bautizar regiones; la propuesta ahora debe ser analizada por la Unión Astronómica Internacional.
 
El equipo de la misión New Horizons, que sobrevoló el planeta enano este mes, sacó su lado más geek y propondrá bautizar sitios del planeta y de su luna mayor, Caronte, en honor a algunas de las mayores creaciones de la ciencia ficción. 

El portal Mashable tuvo acceso a los mapas que el equipo de New Horizons enviará a la Unión Astronómica Internacional (IAU, por sus siglas en inglés), el organismo que se encarga de nombrar los objetos celestes. 

Los nombres de las regiones incluyen referencias a Star Wars, Star Trek, Doctor Who, Firefly, Alien, El señor de los anillos y los trabajos del escritor H.P. Lovecraft

Cthulu, una deidad ficticia de Lovecraft, y Balrog, de JRR Tolkien, figuran en regiones de Plutón que se distinguen por sus colores oscuros, señala Mashable.
 
Pero será Caronte el que tendría los nombres más maravillosos para los amantes de la ciencia ficción con cráteres llamados Vader, Skywalker y Leia Organa, por Star Wars

Así como la planicie Vulcano, en la que se encontrarían los cráteres Spock, Kirk, Sulu y Uhura. También están el cráter Ripley y la depresión Nostromo en referencia a Alien.
 
Así como dos manchas en el satélite, una llamada Gallifrey, en honor a Doctor Who y otra llamada Mordor por El Señor de los Anillos.

“Tenemos una probabilidad decente de que estos nombres sean aprobados”, aseguró Mark Showalter, científico planetario de la misión New Horizons a Mashable. 
 
“La IAU tiende a favorecer los nombres que han aparecido hace tiempo, Star Trek tiene casi 50 años y Star Wars tiene 40”, dijo
 

Nosferatu amenaza con volver al cine


Robert Eggers dirigirá el remake del clásico de Murnau de 1928 sobre el Drácula de Stoker.


'Nosferatu', el clásico de terror dirigido por F.W. Murnau, se perfila como la próxima víctima de la fiebre del 'remake' que vivimos en los últimos años. La productora Studio 8 ha contratado a Robert Eggers para escribir y dirigir una nueva versión de la película de culto, obra cumbre del cine mudo y del expresionismo alemán.

Según informa 'Variety', ya está en marcha la nueva versión de la película de 1922, una adaptación no oficial del 'Drácula' de Bram Stoker. Por eso cambió de nombre, para no tener que pagar derechos de autor. 


En 1979 Werner Herzog ya dirigió otro 'remake' del clásico.

Robert Eggers, director de la cinta de terror 'The Witch', que cosechó una gran acogida en Sundance, será el encargado de capitanear el nuevo 'remake'.

'Nosferatu' sigue los tenebrosos pasos del espantoso vampiro Conde Orlok de Transilvania, interpretado por Max Schreck, que quiere comprar una casa en Alemania y se enamora de la esposa de su agente inmobiliario.


 

La cinta, de la que quedan muy pocas copias ya que muchas fueron destruidas por la persecución judicial a la que fue sometida la película a instancias de los herederos de Stoker, se convirtió en un filme de culto y son innumerables las leyendas que rodean su rodaje y la figura de su protagonista Max Schreck.

Algunas de ellas ya fueron incluso relatadas en la gran pantalla en la película 'La sombra del vampiro', una cinta protagonizada en el 2000 por Willem Dafoe, que estuvo nominado al Oscar y que narra el peculiar rodaje de la cinta de Murnau, al que daba vida John Malkovich.


Vía Europa Press

Letrinas: La sonrisa de la Muerte


Por Cuerpodeperro Serna |


Las olas me movían de un lado a otro. Me sentía como un bebé siendo acunado. Era relajador; derecha, izquierda, derecha… Un timón de color negro se encontraba frente a mí. El día era oscuro, el aire nos invadía de todos lados. Sentía las bofetadas de aire por todos lados, la mano fría de la querida dama vestida de blanco en su enorme corcel vestido del mismo color. Las olas mecían mi barco de un lado a otro, las olas iban y venían. Mi tripulación entonaba una canción que habíamos escuchado en un bar de la pasada aldea, donde bebimos la cerveza del lugar directo del barril y escapamos después de terminar con la gente que se encontraba dentro. Alguna vez había escuchado que la gente le gustaba entonar canciones mientras se encontraba en su jornada de trabajo para así poder tener una mayor eficacia en lo que hacían. Me gustaba escucharlos cantar, me hacían pasar desapercibido el constante sonido del agua siendo azotada por un enemigo sólido y más con este aire que no dejaba de zumbar en mis orejas. Nuestro vigilante que se encontraba en las velas nos dio el mensaje de que se estaba acercando un barco. Antes de seguir escuchando las características del barco tomé mi catalejo y me enfoqué hacia donde me habían indicado que se acercaba el barco. El tamaño que tenía era un poco superior al de nosotros, tal vez nos tomaba un poco de altura. Pude identificar las armas que llevaban consigo, tenían más armamento que nosotros. Esperaba que al menos fuera un barco propiedad de algún país que estuviera en intercambio marítimo hacia otro. La bandera era de un color gris oscuro que se ondeaba con las bofetadas del aire. Enfoqué la vista en busca de la tripulación que se encontraba en el barco, pero no había nadie. El barco estaba abandonado, pero aun así seguía tomando rumbo hacia nuestra dirección. Mientras más se acercaba me preparaba para dar la orden de asalto. El barco seguía vagando hacia nosotros. Se acercó y estuvo a punto de golpearnos, pero frenó en el momento en el que daba vuelta al timón. Di el grito de asalto pero mi boca no emitió ningún sonido, estaba completamente mudo. Solté mi timón y comencé a caminar en dirección hacia el barco enemigo. La tripulación no dejaba de cantar mientras yo caminaba, al parecer no se daban cuenta de lo que estaba sucediendo, ninguno me volteaba a ver y ninguno me dirigía la palabra. Me acerqué lo suficiente y encontré el tramo menos extenso que se encontrara entre ambos barcos. Salté y pisé el barco de bandera gris. A cada paso me daba cuenta de que este barco estaba habitado por otra cosa que no se veía claramente. Pasaba junto a contornos muy poco visibles, eran el contorno de una sombra un poco difuminada. Se escuchaba otra canción que no logré identificar, surgían voces de los puestos de cañones, desde la altura de las velas, observaba pero sólo seguía distingüendo los contornos, sólo me rodeaban voces desconocidas. 

El viento dejó de azotar y comenzaron a caer pequeñas gotas de agua. Paso a paso me daba cuenta que esta no era mi época, aun así seguí avanzando para dirigirme al timón y tomar el barco como de mi propiedad. Crucé el barco y comencé a subir los escalones para llegar a la parte del timón. Cada rechinido que sonaba de las escaleras comenzaba a figurar el contorno de un cuerpo humano en el timón. Era una mujer la que llevaba el timón, vestía una túnica que dirigía diferentes colores dependiendo del lugar donde la estuvieras observando. El pelo le colgaba hasta los hombros, un pelo de color rojo y lacio. Una mirada cálida me observó subiendo hacia el lugar donde se encontraba ella y entonces una sonrisa me recibió.

-Bienvenido a mi tripulación, querido –me dijo mientras me miraba con esos ojos de color verde.

-A menos que yo sea el primer tripulante de este barco, no creo que a esto se le consideré una tripulación –contesté en un tono burlesco- Será mejor que me entregue el barco de buena gana y tal vez le dejemos en una aldea cercana, donde podrá buscar qué hacer con su vida.

-Qué generoso eres querido, pero no creo que el tiempo onírico que te resta te sirva para llevar a cabo todas tus amenazas. Por lo que será mejor que me escuches…

-¿Tiempo onírico? –pregunté interrumpiendo lo que decía-

-Será mejor que te diga la razón de este encuentro tan extraño para ti. Te lo explicaré rápidamente antes de que Morfeo se ponga como una fiera a discutirme, es un poco estricto y un amarguetas. –me respondió mientras se rascaba la parte trasera de la oreja derecha- 

-¿Morfeo? –pregunté confuso-

-¡Demonios! –me dijo haciendo caer su pie derecho en el suelo- En fin –suspiró- Al parecer tengo a alguien que de alguna forma te pertenece; tu querida esposa está en mi poder –me dijo mientras apretaba su puño- Lamento que te enteres de esta forma, pero esta es la forma en la que se enteran los que creen en la muerte. Es el trabajo que tengo que hacer –dijo alzando ambos brazos-

Pero… pero… -le dije mientras caía hincado frente a ella, mientras me miraba ambas manos, las cuales le comenzaban a derramar algunas gotas desde la altura- ¿Qué le pasó? ¿Por qué la escogiste a ella? –le dije entre sollozos-

-Sólo recibo órdenes –me respondió con cara seria- Cuando se termine tu tiempo, sabrás que ocurrió con ella. 

Sacó una pistola que llevaba en una bolsa de su túnica. La recargó y me la acercó a la frente. Sentí el frío del arma, el poder de millones de personas que han utilizado esa clase de cosas para acabar con vidas, sentía el poder de la vida y la muerte en un gatillo. Tomó mi cara desde la barbilla y la levantó para que la viera a los ojos. Sus ojos ahora eran de un color gris sin vida, se había disuelto la calidad de su cara. Su piel se veía seca como barro.

-Sólo dile que... –No tenía exactamente palabras que le fueran entregadas a ella, no me venía nada a la mente, sólo sentía decepción por lo que ocurriría después de que se acabara mi tiempo. Y entonces recordé.- ¿Qué pasa con el bebé?

Volvió a mostrar su gran sonrisa, una sonrisa que mostraba lo cálido que podía llegar a ser la señora muerte.

-Lo siento –me respondió- Yo no hablo con los muertos.

Entonces jaló el gatillo.

Los Auténticos Decadentes en Aguascalientes

La popular banda argentina de ska-rock "Los Auténticos Decadentes" hará una presentación histórica en la ciudad de Aguascalientes, luego de agotar el boletaje en diferentes foros de la república, incluyendo dos fechas en el Plaza Condesa de la capital.

La cita es el próximo 20 de agosto en el Salón Tropical "La Bomba", ubicado en Av. Ayuntamiento 737 de la capital hidrocálida. Las bandas invitadas "Capitán del espacio y su cumbia intergaláctica", los "Melodycans" y "Los vatos de la calle" serán los encargados de abrir este gran concierto.

Preventa Acceso General: $300
Día del Evento: $350

 "Y la banda sigue" es el nombre del décimo álbum de Los Auténticos Decadentes que también le da nombre a la gira que ya ha visitado casi todos los países de América Latina y con llenos a reventar. El material discográfico está producido por Martín "Moska" Lorenzo y Martín Franceschelli, y se podrá adquirir el día del concierto.


Te dejamos algo de lo nuevo de "Los Auténticos" y recuerda visitar este enlace para saber dónde puedes conseguir tus boletos y todo sobre el concierto. Allá nos vemos.


El periodismo necesita inversión. Comparte este artículo utilizando los íconos que aparecen en la página. La reproducción de este contenido sin autorización previa está prohibida.

¿Quién mató a Van Gogh?


 Al parecer Van Gogh no se suicidó.

De acuerdo con la más reciente biografía sobre Vincent Van Gogh publicada en 2011 sostiene que el artista no se suicidó, sino que murió de un disparo accidental de un adolescente en la localidad francesa de Auvers-sur-Oise en 1890.

Esta es una de las principales revelaciones de Van Gogh: la vida, escrita por los estadounidenses Steven Naifeh y Gregory White Smith, ganadores del premio Pulitzer en 1990, que investigaron la vida del artista holandés durante más de una década en colaboración con instituciones como el museo Van Gogh de Amsterdam.

Tras estudiar miles de documentos y libros relacionados con el pintor, los autores concluyen que, contra lo que se creía, no se suicidó en Auvers-sur-Oise, sino que fue alcanzado por el disparo de un joven de la localidad, a quien conocía, cuando se lo encontró en un campo de trigo al que solía ir a pintar.

Según el libro, fue René Secrétan, un joven veraneante de 16 años obsesionado con el Lejano Oeste, quien le alcanzó en el pecho de forma accidental cuando, vestido de vaquero, manejaba un arma de calibre 380 estropeada.

De acuerdo con la biografía, el solitario y atormentado Van Gogh, que conocía al chico y a su hermano de beber con ellos de vez en cuando, volvió tambaléandose hacia la posada Ravoux donde se alojaba, en la que murió 30 horas después. Cuando alguien le preguntó si se había querido suicidar, el artista respondió vagamente: "Creo que sí".

Los autores opinan que lo dijo para defender a René Secrétan y a su hermano Gaston, que también estaba presente ese 27 de julio de 1890.


Un acto "cobarde"

Argumentan que la versión del suicidio, que forjó su leyenda y disparó su cotización tras su muerte, no casa con la opinión que el pintor tenía del acto, que había tachado de "cobarde" en sus cartas, ni con el tipo de disparo oblicuo en su pecho, pues hubiera sido en línea recta si Van Gogh le hubiera dado al gatillo.

Tampoco se encontró jamás el arma utilizada ni el caballete y los pinceles que supuestamente se había llevado con él al campo para pintar.

Aunque Naifeh y White admiten que "nadie sabe lo que ocurrió" en realidad, proponen su versión, que documentan con pruebas y testimonios. Consideran prueba de que Secrétan disparó por error al artista el hecho de que este, que se convirtió en banquero y experto en tiro, se mostró vago sobre la muerte del pintor en una entrevista que concedió antes de morir a los 85 años.

En esa entrevista, en 1957, dijo que el Van Gogh que conoció era "más un vagabundo" que el vigoroso artista encarnado por el actor Kirk Douglas en la película Lust of life. También confesó haberse burlado de él y haberle maltratado en la época y se mostró vago en cuanto a su muerte, al decir que se había enterado al leer sobre ella en un periódico parisino, una noticia que nunca se publicó.

Los autores hallaron también otra supuesta prueba, un texto del escritor Wilfred Arnold en el que narra que el historiador del arte John Rewald le había dicho que había visitado Auvers en los años 30 del siglo XX y había oído el rumor de que Van Gogh había sido disparado accidentalmente por dos jóvenes, pero había asumido la culpa para protegerlos.

Naifeh y White sostienen que el pintor holandés, que murió a los 37 años antes de triunfar, estaba "más triste, solo y atormentado psicológicamente" de lo que se cree y seguramente recibió la muerte como una buena salida.

Según los autores, el artista se veía a sí mismo como una carga para su hermano Teo, quien le mantenía mientras él se dedicaba a pintar en una época en la que aún no vendía.

Otras revelaciones de la biografía son que Van Gogh (1853-1890) padecía un trastorno maníaco depresivo como resultado de un tipo de epilepsia y que su familia intentó internarlo en un sanatorio.

LONDRES (EFE) 

___________________________________________________________________________________

También te recomendamos ver este episodio de la serie "Doctor Who", en donde Vincent Van Gogh es llevado al año 2010 para ver sus obras expuestas en la Galería de Arte de París. Imperdible.

“Cartel Land” y dos de la Muestra: Porque NO todo es “El Chapo”


Cinetiketas | Por Jaime López Blanco |

Recientemente, se ha estrenado en nuestro país un documental que ha generado cierta polémica por el tópico que aborda y por las interrogantes que conforman su premisa; dicha obra se denomina “Tierra de cárteles” o “Cartel Land”, por su título original en inglés. Dirigida y cofotografiada hábilmente por el estadounidense Matthew Heineman, la cinta narra el seguimiento a dos justicieros, uno originario de los Estados Unidos, quien pretende combatir el paso de drogas en la frontera con México y otro mexicano, el Dr. José Manuel Mireles, quien encabezó, en Michoacán, las llamadas autodefensas, las cuales se originaron para combatir al crimen organizado que azota dicha región de nuestra nación.

Un dato curioso es que el documental en cuestión es producido de manera ejecutiva por Kathryn Bigelow, la directora ganadora del premio Oscar por el filme “The hurt locker”. Parece que fue atraída por una producción realizada con muchísimo vigor narrativo, destacándose la “cojonuda” y virtuosa fotografía, la cual tanto presenta en contraluces lo bueno y lo malo del ser humano como sacude su lente con intensas persecuciones en operativos antinarco, durante los cuales la cámara se mueve al unísono de la hostilidad imperante en la contemporánea cotidianidad michoacana.

“Cartel land” es una obra poderosa que vale la pena descubrir porque va más allá de la visión simplista que nos otorgan los medios noticiosos comerciales; porque penetra por los poros del espectador, al exhibir una miserable realidad de diversas mujeres que gritan y lloran de rabia por la pérdida de sus seres queridos o por la violencia a la que han sobrevivido; porque muestra, sin tapujos, los momentos de luz y de sombra que caracterizan a sus personajes centrales; porque es una obra imperfecta, sin pretensiones perfeccionistas, que nos quita el aliento en varias de sus secuencias; porque contribuye a desarrollar una mejor memoria y sensibilidad respecto a los eventos que están lastimando a la sociedad de la que somos parte y; porque la indignación que provoca no se queda sólo en ello, ya que también convoca a la reflexión vía la desesperanza que documenta.

¿Enaltece o desprestigia las figuras de Mireles, narcos, anarquistas rangers improvisados y racistas y de las polícias comunitarias? La respuesta dependerá de la ideología de cada miembro de la audiencia, aunque más bien prevalece el intento del director por mantenerse objetivo o neutral ante lo que filma, presentando los aciertos y errores tanto de Mireles como de varias de las demás personas involucradas en el relato en cuestión. Lo que debe rescatarse y aplaudirse al film en concreto es el recordarnos la espiral de violencia y los “focos rojos” en los cuales nuestra sociedad se encuentra inmersa, síntoma de una enferma injusticia sistémica. No es para todos los gustos, pero sí es urgente para rescatar la memoria audiovisual informativa.


Una no tan hermosa juventud y una no tan hermosa castración


Dentro de la selección de la 58a Muestra Internacional de Cine en México, el cinéfilo puede toparse con una ficción cargada con un evidente tono documental, originaria de España, pero también con una preponderante producción francesa. “Hermosa juventud” es la radiografía que hace el director Jaime Rosales acerca de la juventud de su nación, ensimismada en el ocio virtual, el vacío existencial y condenada a la degradación económica y moral. Su argumento gira en torno a un par de jóvenes, que se ven forzados a estar juntos por el embarazo de uno de ellos. Esto da pie para presentar un filme que versa sobre los ninis, la decadencia individual y la crisis europea. Lo más sobresaliente es la fresca y natural actuación de su protagonista femenina, Ingrid García Jonsson, sumado a un lenguaje muy ad hoc al tema del cual se está hablando.

Por otro lado, dicha Muestra Internacional también nos proporciona la oportunidad de conocer una propuesta arriesgada, proveniente del oriente, para ser más precisos, de Corea del Sur, titulada “Moebius”, la cual es dirigida por el director de culto, Kim Ki-duk. ¿Una alegoría perversa del “complejo de Edipo”? ¿Una metáfora  pesadillesca  y retorcida de los deseos sexuales más reprimidos de los seres humanos? ¿Una tragedia surcoreana que lleva al extremo uno de los miedos más recónditos de la biología y orgullo masculinos?  Quizás todo eso junto o quizás nada de ello. Quizás sólo se trata de un intento del director por impactar, de cualquier forma, a la audiencia. Lo que no se puede negar es que entretiene y mucho. 



El inicio es de lo más prometedor, lo más llamativo de su argumento, el cual por desgracia, poco a poco, se va desvaneciendo, debido a escenas reiterativas y de humor involuntario que demeritan una historia que “pintaba” para mucho más. Tibia pero endemoniadamente ingeniosa y con una premisa algo original.
© Copyright | Revista Sputnik de Arte y Cultura | México, 2022.
Sputnik Medios