"Desierto": El viacrucis de los ilegales según Jonás Cuarón


Cinetiketas | Por Jaime López Blanco |


Su periplo es conocido, lleno de acontecimientos adversos. Sueños y mochilas al hombro; botellas de agua para extinguir el calor; y recuerdos y familias que se dejan atrás. Son los migrantes mexicanos, los ilegales o “mojados”; aquellos marginados del sistema económico,  que buscan empleos mejor pagados; los hijos pródigos que emprenden constantemente el éxodo, porque en casa no existe una “tierra prometida”. Todo esto conforma el arquetipo que utiliza Jonás Cuarón en su más reciente largometraje, “Desierto”, el cual convierte el trayecto de los expatriados mexicanos en una película de acción y suspenso, encabezada por “Moisés” (Gael García Bernal) y “Sam” (Jeffrey Dean Morgan), un juego de cacería desenfrenada entre un gato y diversos ratones.

¿El resultado? Una historia que entretiene a ratos, pero cuyo argumento cae en ciertas inconsistencias y estereotipos, lo cual impide que el mismo y sus personajes centrales  adquieran mayor complejidad o mejores matices (alerta de posibles spoilers): osos de peluche que suenan en momentos incómodos; escopetas cuyas balas nunca se terminan; persecuciones de las cuales se anticipa un último enfrentamiento; héroe cuya última actividad laboral “coincide” con algo que lo puede sacar de un apuro; y un desierto desperdiciado, del que se pudo haber sacado mejor provecho, volviéndolo un verdadero tercer protagonista, o un testigo neutral -poderoso y despiadado- que no otorga concesiones a ningún bando.     

Sin embargo, a pesar de lo anteriormente mencionado, he de reconocer el “tino” de los guionistas (Mateo García y el propio Jonás Cuarón) para nombrar “Sam” al personaje antagónico. El apelativo no es mera casualidad, ya que hace referencia a la forma popular de denominar la esencia inquisidora de una supuesta superioridad imperialista del vecino país del norte. El odio de “Sam” es primitivo, irracional, incomprensible. Incomprensible como cualquier tipo de odio existente en el universo que habitamos.

Este nuevo metraje manufacturado por la familia Cuarón (Alfonso y Carlos en la producción; Jonás en la coescritura y dirección) también resalta por su calidad técnica: la fotografía (de Damián García) es de admirar, por el simple hecho de lograr que no salieran a cuadro -en tomas muy abiertas- las sombras del crew (aquellas personas que se encuentran detrás de la filmación de las secuencias). Asimismo, me sigo preguntando cómo le hicieron para grabar el sonido en las escenas más álgidas, con travellings y cámaras temblorosas al hombro. ¿Sonido directo? ¿Efecto y diseño sonoros agregados en la post? Cualquiera que sea de las dos, un reconocimiento, porque no se siente como algo sobrepuesto o poco natural. Finalmente, la participación de Alondra Hidalgo (como “Adela”) le otorga un plus a la historia en comento, porque exhibe otra de las problemáticas que se vive en el viaje lleno de sacrificios de los ilegales: la violencia de género.
En términos generales, “Desierto” funciona como una obra medianamente aceptable, de entretenimiento, que debe ser vista como una película palomera de acción, la cual quizá se vea beneficiada por la actual coyuntura política-social de los Estados Unidos.

Pero, por otra parte, “Desierto” tiene poco o nada que abonar al tópico de los emigrantes nacionales, y de cómo el vecino del norte debe ponerse en nuestros zapatos, si se le compara con el sensible drama paternal “A better life” (protagonizado por Demián Bichir); con la divertidísima farsa promexicana “Machete” (de Robert Rodríguez); con los emotivos y brillantes documentales sociodramáticos “Mi vida dentro” (de Lucía Gajá), “Los herederos” (de Eugenio Polgovsky) y “Los que se quedan” (de Juan Carlos Rulfo y Carlos Hagerman); o con el empático y elegante filme “Los tres entierros de Melquiades Estrada” (dirigido por Tommy Lee Jones y escrito por otro mexicano, Guillermo Arriaga).


Las mejores canciones de Fangoria


Lost Sounds from Europe | Por José Alberto García |





Hoy les vengo con un grupo español que son viejos conocidos en México. Tras el éxito en los ochenta con Alaska y Dinarama, a día de hoy Fangoria ha conseguido el éxito, si no masivo (aunque con números 1), en España. Nacho Canut y Alaska, también se han hecho un huequito en tierras latinoamericanas, colaborando con Miranda! o Julieta Venegas y promocionando cada vez que sacan disco y tocando en algunas ciudades mexicanas.

Pues bien, hoy no les voy a hablar (y podría escribir la Biblia) sobre estos dos magos de la música. Hoy les traigo un top con sus 25 principales canciones, aunque con el sesgo de mi gusto personal, por supuesto. Un aperitivo con el que conocer la carrera de Fangoria en estos 26 años de existencia (lo mismos que el que les escribe).

Recientemente el grupo argentino Miranda! publicó en su último álbum su propia versión (además cantada a dúo con Alaska) de la canción que encabeza este top:




1. Miro la vida pasar
2. La pequeña edad de hielo
3. Perdiendo los papeles otra vez
4. Eternamente inocente
5. Estés donde estés
6. En el centro del universo
7. Gracias, pero no
8. Fantasmas
9. Electricistas
10. Cuatro colores
11. Criticar por criticar
12. Iluminados
13. En la Disneylandia del amor
14. Punto y final
15. Absolutamente
16. Más es más
17. Dios odia a los cobardes
18. En noches como esta
19. Me odio cuando miento
20. No sé qué me das
21. Sentimental
22. El dinero no es nuestro dios
23. La verdad
24. Llorar
25. Por qué a mí me cuesta tanto
Bonus 1: Cierra los ojos (Madelman Remix)
Bonus 2: Ensayo para una despedida (Reworked by Spam)
Bonus 3: En la Disneylandia del amor (Orquestal Version)



Fangoria sólo están oficialmente en Instagram:


Además, pueden seguir a Alaska y a Nacho Canut en sus Instagram, también la única red oficial de estos dos artistas:


Brandon Flowers: la voz más allá del "killer"












Lost Sounds from Europe | Por José Alberto García |



@JoseAlberto_GP


¿Quién es?

Brandon Flowers es líder de The Killers y forma parte de ese privilegiado grupo de artistas que tiene la capacidad y el talento para liderar una banda de éxito y tener una carrera de número uno como solista, a la vez. Lejos de lo que pueda parecer por su faceta al frente de los Killers y por las letras de sus canciones, Brandon es un creyente declarado, concretamente de la iglesia mormona. No es algo de lo que reniegue y de hecho ha llegado de tener debates al respecto en alguna loca entrevista. Un horror, pero su talento es tan grande, que pasaremos de este detalle personal en el resto de este post.

¿Estilo?

Muy alejado de los Killers. En su carrera como solista, Brandon da rienda suelta a sus inquietudes musicales movido por sus influencias principales, muy asentadas en la música británica. Es admirador de: Bowie, Elton John, Morrissey o New Order, estilos que ha compaginado perfectamente con el rock, folk y country que dominan sus álbumes. Aunque cuenta que un día conduciendo a la universidad, escuchó ‘Heroes’ de David Bowie en la radio y decidió dedicarse a la música en ese preciso instante. Lo que destaca en sus álbumes como solista es el lucimiento de su voz. En los Killers me gustaba, pero en sus propias canciones se re-descubre -para mi gusto- su preciosa voz.



¿Álbumes?

-Flamingo (2010): la carta de presentación como solista vino con el single de ‘Crossfire’ alcanzando notable éxito. De todas formas, este disco tan elaborado está plagado de buenas canciones. Abre con ‘Welcome to fabulous Las Vegas’ donde rinde homenaje a su ciudad. Y le sigue mi canción favorita: ‘Only the young’, una balada melancólica y alegre a la vez, que te enamora en la primera escucha. El video de este tema es una completa maravilla, tiene una fotografía y unos efectos que son arte puro y el estilo de Brandon en cada escena es exquisito. Un último dato: este álbum está producido por Stuart Price, genio que convierte en maravilla todo lo que toca.

-The desired effect (2015): no sé si me gusta más el disco o la portada del mismo con una fotografía muy buena de Brandon un pelín difuminada que junto con su gesto mirando al lado le da una sensación de dinamismo y él además sale mucho más guapo de lo que es. Bueno, yendo al terreno musical, para mi gusto en este álbum se pasó con los coros, demasiado presentes en casi todas las canciones. Me cansa un poco, es muy de música negra, que a mí no me interesa nada. En general es un álbum menos personal y más dinámico. No te pierdas ‘I can change’, ‘Still want you’ y ‘Btwn Me 'N U’. En ésta el susurro de su voz al principio te parterá.

Premios y éxitos de ventas:

Ha sido nominado por su música, pero también por su físico. En 2008, ganó el premio al “hombre más estiloso del año” de la revista GQ. En los premio NME ha sido nominado, casi año tras año, a categorías de este tipo, habiendo ganado el de “hombre más sexy” y “hombre mejor vestido” en 2005 y “más estiloso” en 2011. Los premios por su música, sin embargo, por ahora escasean.

En cuanto a ventas, ha logrado ser #8 y #17 con su primer y segundo disco, respectivamente, en Estados Unidos. En Reino Unido, sus dos álbumes han sido número uno.

Otra prueba de las pasiones que levanta Brandon, la hallamos en la hilarante anécdota que sucedió con el cantautor Rufus Wainwright. Éste compuso la canción ‘Tulsa’ inspirándose (según él) en un encuentro que tuvo con Brandon Flowers en Tulsa, Oklahoma.


Sus redes sociales oficiales son:



Batman vs Superman: El cuestionamiento de los dioses


Cinetiketas | Por Jaime López Blanco |


¿Por qué la gente tiene la necesidad de creer en héroes, en entes que han elevado a la categoría de dioses? ¿Será porque siempre es muy atractivo un ser impoluto, poderoso, salvador infinitamente bondadoso? Quizá la respuesta a lo anterior es que el ser humano no confía en su propia clemencia; o el vivir en tiempos tan oscuros, fragmentados y desesperanzadores, lleva a muchos a una búsqueda continua de lo luminoso. 

La mezcla de los mencionados factores, realidades y anhelos son suelo fértil para el éxito de los grandes superhéroes, quienes lo mismo pueden ser personas encapuchadas con sofisticados aparatos anticrimen o alienígenas con disfraces de humanos que se han enamorado de las pocas cosas buenas que tiene la vida terrenal.

Sin embargo, los absolutos son peligrosos y los dioses algún día deben de sangrar. Al menos así lo creen Zack Snyder, junto con su equipo de colaboradores (Christopher Nolan en la producción ejecutiva; David S. Goyer y Chris Terrio en la elaboración del guión), quienes se encargan de cuestionar, o pretenden hacerlo, la eterna compasión de los protagonistas de “Batman vs. Superman: El origen de la justicia”.

A pesar de que se sabe que ese encuentro –tardío- entre los dos personajes más admirados del universo de DC Comics obedece a razones mercantiles, no se pueden negar las buenas intenciones de los escritores y creadores para introducir señalamientos hacia la naturaleza caritativa que, supuestamente, siempre deben poseer los superhéroes y, además, abordar el vacío de gran parte de la sociedad, el cual se manifiesta en una fe voluble y manipulable hacia entes que representan la mejor versión de algo que muchas personas quieren ser pero que no pueden.

“Batman vs. Superman” es un filme que se destaca por su entretenido tremendismo visual, sello característico de su realizador Snyder, quien desde “Dawn of the Dead” y “300” ha introducido los acentuados planos detalles de las acciones, junto con los fotogramas en cámara lenta, para imprimir mayor espectacularidad a sus relatos, y así cautivar más.

Luego entonces, como ya se apuntó, existen esbozos interesantes para poner en entredicho el “benévolo” actuar, tanto del “hombre de acero” como del “hombre murciélago”, quienes combaten el mal utilizando métodos debatibles, como las invasiones a otras naciones y la tortura, respectivamente, signos muy particulares de la filosofía de guerra de los gobiernos estadounidenses.

Lo malo es que la historia de “Batman vs. Superman” se siente, por momentos, alargada, lo que hace que el ritmo caiga en diversas ocasiones. Asimismo, la introducción de la “Mujer Maravilla” se percibe “metida a calzador”, usándola como un forzado eslabón que proporciona adelantos sobre los demás personajes que integrarán el resto de la Liga de la Justicia (cuya producción se planea estrenar a finales de 2017). Eso sí, Gal Gadot es una actriz con una belleza elegante, que le otorga un grato porte a la “Princesa de las Amazonas”. 

Por otro lado, no ayuda mucho a esta nueva película de Warner Brothers aquella escena en que se estereotipa a la sociedad mexicana, usando a gente con bigote, chal y sombrero, quienes alaban la intrepidez de “Superman” (esto fácilmente se puede malinterpretar, considerar un simbolismo de cómo desean los gringos que los veamos). 

Igualmente, las actuaciones de ciertos histriones de prestigio se sienten desperdiciadas; por ejemplo, las de Laurence Fishburne, Diane Lane, o Jeremy Irons (su línea más memorable es referirse a Bruce Wayne como “señorito”). 

¿Qué pasa con Jesse Eisenberg y su “Lex Luthor”? Digamos que le falta cierta madurez para alcanzar la sofisticación e inteligencia de los “Luthors” interpretados por Kevin Spacey y Gene Hackman. 


En una escena de la película, “Lex Luthor” expresa sus dudas acerca de la benevolencia de los dioses, mencionando que los dioses no pueden ser, al mismo tiempo, todopoderosos y generosos. 


En cuanto a las expectativas, mayormente negativas, de ver a Affleck en el traje del “Guardián Nocturno”, indiquemos que no se trata del peor “Batman” en la historia del celuloide, pero tampoco del más inolvidable. Lo que le ayuda es tener entre sus manos a un personaje complejo, muy rico en emociones: un antihéroe atormentado, con el alma condenada, a quien no le importa perecer, debido a que no le encuentra sentido a su vida desde la muerte de sus padres. Y sin embargo, este fúnebre ser es el que se proyecta como el líder de la futura Liga de la Justicia.


“Batman vs. Superman…” es una obra que no merece ser castigada al grado que lo han hecho sitios web como “Rotten Tomatoes” o “Metacritic” (hay peores cosas, como los “Transformers” o la nada novedosa “Avengers 2”), aunque no alcanza el gran nivel del discurso social emitido en la trilogía del “Caballero de la Noche”, de Christopher Nolan, ni la profundidad de la dialéctica entablada en la incomprendida “Watchmen” –también comandada por Snyder- en la cual se habla del cuestionamiento y desecho de los superhéroes. 

Es una película que emociona a medias, pero que al menos se atreve a juzgar, o poner en la polémica, los valores y arquetipos sagrados de los filmes de superhéroes.

Edith Piaf: un hymne d’amour et tragédie


Call me old fashioned... please! | Por Mónica Castro Lara |


Hace un par de días aquí en México, experimentamos un clima de locos: tremendos ventarrones, fuertes lluvias, mucho frío y un cielo increíblemente nublado. La cuestión es que, en tan sólo 24 horas, fuimos capaces de experimentar las cuatro estaciones del año y, si hay algo positivo en este clima tan loco, es que me transportó automáticamente a París. No quiero sonar snob o algo por el estilo, pero aquellos que hemos tenido el enorme privilegio y placer de visitar la Ville Lumière, sabrán exactamente de qué estoy hablando. Mi experiencia en París fue prácticamente la misma que en esos días de clima extremo y, como tal, me di a la tarea de vivir unos días parisinos leyendo y escribiendo bastante. Pasó poco tiempo antes de que me diera cuenta de que a mi lectura y escritura, les hacía falta un buen soundtrack francés que las enalteciera y quién mejor que la mismísima Edith Piaf para dicha labor. No fue mucha casualidad el haberla seleccionado porque ya tenía pensado escribir sobre ella en esta ocasión, pero su compañía durante estos últimos días, reafirmó mi admiración por esta extraordinaria y compleja mujer.  

Seguramente a muchos de ustedes les ha pasado como a mí, que cuando escuchan cantar a Edith les dan unas ansias terribles por aprender a hablar francés con el fin de apreciar a detalle sus canciones; sabemos que éstas hablan de amor, desamor, dolor, pérdidas, lo apasionante de una one night stand como prostituta y lo maravillosa que es la vida cuando estamos enamorados, tal y como nos lo dice en "La Vie en Rose" que sin duda es de mis canciones favoritas. Su maravillosa voz junto con esos constantes grr's que hace al cantar, hacen que nos importe poco el no saber francés, porque lo que nos regala Edith es mucho más importante que eso.

Regresando un poco a la tierna "La Vie en Rose" (que todos anhelamos nos la canten algún día), se dice que Piaf la escribió en una servilleta mientras tomaba un rico café, justo al terminar la Segunda Guerra Mundial, donde sin duda era necesaria una canción con ese tipo de letra para levantar los ánimos de la gente. ¿Ustedes cuántas versiones han escuchado de dicha canción? Porque según yo hay miles. Bueno no sé si miles, pero sí muchas, con decirles que hasta hay una versión horrorosa de Thalía y no, no se las recomiendo para nada; a mí me bastó una sola vez para odiarla para siempre. Ya hasta me dio escalofrío, así que sigamos con lo que les estaba diciendo. De todos esos covers que se han hecho de la canción, puedo decirles con toda honestidad que mis favoritos son los siguientes tres: 1) el de Louis Armstrong, por supuesto 2) el de la actriz Cristin Milioti de la serie de televisión "How I Met Your Mother" (muy linda con su ukulele) y 3) el de una chica llamada Daniela Andrade que descubrí apenas gracias al Spotify de mi tío, en una agradable tarde en la Ciudad de México. La mayoría creemos que "La Vie en Rose" es la canción ícono de Piaf y ¿quieren que les cuente un dato muy random? Esta canción fue interpretada por la mismísima Edith en inglés y en español en la película mexicana “Música de Siempre” de 1958, en donde literalmente sale interpretándola en la película. No exagero, pero es de lo más exótico que he descubierto sobre ella, sobre todo porque es algo que no me esperaba.



La leyenda de Édith Giovanna Gassion comienza precisamente así, con una leyenda. Se dice que su mamá, cuando estaba embarazada de ella y recién había entrado en labor de parto, salió a la calle para buscar a su marido que probablemente se encontraba en algún bar emborrachándose, por lo que no aguantó más y parió a la niña en una banqueta de la Rue de Belleville 72 de París, asistida por un par de policías. Luego de muchos años, la biógrafa de Piaf, Margaret Crosland, desmintió tal historia al tener acceso a los papeles que certificaban el nacimiento de Edith en un hospital. Obviamente a Edith le gustaba más la primera versión de su nacimiento ya que era una cuestión hasta simbólica el hecho de haber nacido literalmente en las calles y cuya carrera desarrolló en las mismas circunstancias. La cuestión es que tampoco tuvo una buena infancia: sus padres, Louis Alphonse Gassion y Annetta Giovanna Maillard, ambos bohemios cantantes y acróbatas circenses, simplemente la hicieron a un lado en cuanto pudieron. A su madre no le interesaba tener una hija y la abandonó casi inmediatamente después de nacer, dejándola bajo custodia de su padre quien a su vez, la deja encargada con su abuela que era la matrona de un burdel en Normandía. La verdad no sé qué tan cierta sea esta historia, al igual que su parcial ceguera debido a queratitis durante cuatro años, ya que hay biografías en donde sí se menciona, y otras en las que de plano no. Tal vez haya sido medio real y Edith y su gente se encargaron de ensalzarlas al igual que la historia de su nacimiento; nunca lo sabremos con exactitud. En la película "La Môme" de 2007 protagonizada por Marion Cotillard, sí se abordan todas esas temáticas, de una pequeña Piaf viviendo en el burdel de su abuela y las constantes huellas de abandono que repercutieron en todos los aspectos de su vida. Lo que sí es muy general en todas sus biografías es que era una niña solitaria, pobre, que andaba de un lado a otro sin ninguna estabilidad y que sepa Dios cómo aprendió a cantar. Lo artístico lo tenía ya en la sangre, eso sí.

Más o menos a la edad de 15 años, decide independizarse por completo de su padre y se va con su amiga Mômone a vivir sola en algunos de los peores barrios de París. Se dice que tuvo varios trabajillos por ahí pero lo que realmente le gustaba era cantar y beber en las calles y en algunos cafés, para ganar una que otra limosna por ello. Es a los 17 cuando se enamora de Louis Dupont y al poco rato queda embarazada de su primer y única hija llamada Marcelle, a la que pronto abandonaría tal y como su madre lo hizo con ella. Me queda claro que de plano las mujeres de esa familia no tenían para nada un instinto maternal y les importaba más sus "carreras" que traer hijos a este mundo y cuidar de ellos. Por tal motivo, la niña de apenas 2 años, fallece de meningitis. Se rumora que Edith tuvo que prostituirse para pagar los gastos del funeral, pero no es algo certero, así que nada más se los platico como mero chisme. En Montmartre es cuando define que lo suyo lo suyo, era cantar y trata de aprender de los artistas de ese mítico lugar, al escucharlos y verlos interpretar esas canciones que lo único de lo que hablaban eran de cuestiones miserables y trágicas que acontecían al vivir en las calles, pero que eran temas muy atractivos entre todas las clases sociales francesas. Se usaba una técnica llamada chanson réaliste que significa "la canción realista", género musical que tenía patrones muy específicos de interpretación basados totalmente en el melodrama. Todos sabemos que Piaf se volvió especialista en ello.

Después de su aprendizaje en Montmartre, toma la decisión de cantar en calles más adineradas y no tan bohemias, es aquí cuando Louis Leplée la escucha cantar cerca de su bar Le Gerny cerca de los Campos Elíseos y se pone las pilas para hacerla toda una estrella. Él es la figura paterna que tanto le hacía falta; no sólo la educa en aspectos artísticos, sino también en los personales. Leplée es quien crea a la Edith Piaf que todos conocemos, al darle el nombre de “La Môme Piaf” –que quiere decir “la chica gorrión”- debido a su corta estatura, delgadez, juventud y potencia de voz; es quien le dice que tiene que vestir siempre de negro, quien la ayuda a superar sus miedos escénicos y quien la contacta con un montón de gente importante. Le da casa, comida y la oportunidad de ganar dinero haciendo justo lo que a ella le gusta ¿Dónde podemos encontrar a un Leplée aquí en México? Digo, para que lo busque y me patrocine ¿no? Desafortunadamente en 1936 asesinan a Louis y Piaf lo pierde todo de nuevo. A la pobre no sólo le mataron a su "papá", sino que la culparon del crimen y por eso fue vetada de todo, aun cuando ya tenía algo de fama e incluso había grabado sus primeros discos. En realidad nadie sabe con exactitud quién o quiénes fueron los encargados de matar a Louis, pero se dice que fue un crimen medio pasional debido a su bien conocida homosexualidad, aunque a veces usan eso del "crimen pasional" para dejar de investigar cualquier asesinato, pero bueno...




Seguido de esa mala racha, conoce al letrista Raymond Asso quien termina de formarla como la gran cantante que fue. Él le da el nombre artístico de Edith Piaf y le enseña todas las técnicas vocales posibles para que, según lo que él percibía, dejara de gritonear y cantara de verdad. También le quita los malos hábitos que tenía, de fumar, beber, no dormir y acostarse con cualquier hombre que le gustara, aaaaunque al poco tiempo se volvieron amantes y él abandona a su esposa para irse a vivir a un hotel con Edith. Empiezan a escribir varias canciones importantes, como “Mon légionnaire” y a relacionarse con personalidades de la música que la llevarían a protagonizar su primera película en 1940 y a dar conciertos en innumerables localidades de París, dejando atrás los bares y cafés en donde había empezado. Con el inicio de esta nueva vida, Edith se aburre de Asso y comienza un affair con Yves Montand en el Moulin Rouge, a quien ayuda a convertirse en un famoso cantante y actor, seis años menor que ella. Después de protagonizar una película juntos, Piaf rompe su relación porque él se había convertido más famoso que ella, o al menos es lo que dicen por ahí.

Cuando al fin consiguió la fama que tanto anhelaba en su querida París, decide probar suerte en América y conquistarlos a todos de una vez por todas, así que se muda a Nueva York donde desafortunadamente la respuesta obtenida no era lo que esperaba. Debido a que todas sus canciones estaban obviamente en francés, los gringos se sintieron bastante frustrados con las presentaciones de Piaf en el “Playhouse Theatre” en Broadway y de plano no les gustaba, aunado a que físicamente no era la mujer sofisticada que ellos se imaginaban. Fue hasta que el crítico musical Virgil Thomson publica en el “Herald Tribune” que el público estadounidense sería de los más tonto e ignorante si dejaban “escapar” a esta cantante, cuando comienza a escalar alto y recibir contratos bastante prestigiosos en clubes nocturnos muy exclusivos. Fue gracias a esta vida social tan agitada que conoce al que muchos juran fue el amor de su vida: el boxeador Marcel Cerdan. ¿Alguien más encuentra peculiar el hecho de que este hombre tuviera prácticamente el mismo nombre que el de su hija? ¿O soy la única? Les cuento rápidamente la historia trágica entre estos dos: él tenía esposa e hijos, los abandona para tener una relación con Edith, son el uno para el otro, todo el tiempo estaban juntos, les encantaban los mismos vicios y él muere cuando su avión se estrella el 28 de octubre de 1949. La desdicha se aumenta por el hecho de que ese avión lo llevaba de París a Nueva York con el único fin de visitar a Edith por unos días. A pesar de que supuestamente fue el amor de su vida, muchos amigos íntimos de Edith y hasta sus mismos biógrafos, aseguran que su relación hubiera terminado de la misma manera que todas las demás: Edith deshaciéndose de Marcel por aburrimiento y por temor a que él la abandonara primero, aunque ella lo siguiera queriendo, y porque estaban ensimismados en sus temas de conversación, ella con la música y él con el boxeo. Independientemente de esas afirmaciones, Edith compone la canción “Hymne à l'amourque es francamente tristísima, y eso que la escribió previo a la muerte de Marcel. La letra en inglés de esta canción, deja mucho que desear en comparación a la letra original, pero los puntos extras están en que Piaf la interpreta igual de exquisita.


Mientras todo esto pasaba, Edith nunca dejó ni de cantar, ni de escribir. Aunque mucha gente no lo sepa, ella escribió la mayoría de sus canciones, un poco más de 100. Entre sus tantos éxitos, están canciones como “La Foule”, “Padam, Padam”, “Milord” (que es de las canciones más francesas que he escuchado), “Les Hiboux”, “Comme Moi”, “Rien de Rien”, “Sous le ciel de Paris”, “La Vie, l’Amour”, entre otras. Además de no dejar cantar ni escribir, tampoco dejó de tomar ni dejó su adicción a la morfina, que le causaron graves estragos en su cuerpo. Junto con la fama desmedida, llegaron también 2 matrimonios que, según sus amistades, la hicieron muy feliz, ya que le permitió moldear a sus maridos más o menos a su antojo. El primero, el cantante Jaques Pills que intentó llevarla a rehabilitación sin mucho éxito y con el que sufrió dos accidentes automovilísticos que agraviaron su salud; el segundo, un peluquero griego llamado Théo Sarapo que gracias a la ayuda de Edith, se convirtió en un famoso cantante y actor, y era 20 años menor que ella. Estarían juntos hasta la muerte de Piaf.

A los 45 años, Edith Piaf parecía más bien como de unos 80 y a pesar de sus padecimientos físicos, su ímpetu por ser la mejor, era más grande que cualquiera de sus limitaciones. Tanto así que es hasta 1959 que graba la canción “Non, je ne regrette rien” que también forma parte de los grandes éxitos de cantante, por no decir el de más reconocimiento y valor sentimental. Escrita y compuesta por Charles Dumont y Michel Vaucaire, es la canción con la que muchos de nosotros hemos llorado al escucharla; si ya vieron la película que les mencioné hace rato "La Môme" (que internacionalmente es más bien conocida como “La Vie en Rose”), saben que es la canción cumbre de Piaf y que resume todas y cada una de sus penurias y éxitos y que con ella conquistó una vez más el Olympia Hall de París.


Con artritis, sufriendo de insomnio, con terribles úlceras gástricas, con un posible cáncer de hígado y pesando tan sólo unos 30 kilogramos, Edith Piaf fallece a la corta edad de 47 años, no sin antes dejarnos todo un legado de canciones, discos y películas que quedarán para la posteridad y servirán de referente para muchos cantantes y músicos a nivel internacional. No sé bien por qué, pero en verdad me entristece pensar en todas las vicisitudes medio desafortunadas que tuvo que vivir esta mujer, a pesar de sus innumerables logros. No en vano decidí titular este artículo como Edith Piaf: el himno de amor y de tragedia.



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La Autora: Publirrelacionista de risa escandalosa. Descubrió el mundo del Social Media Management por cuenta propia. Gusta de pintar mandalas y leer. Ácida y medio lépera. Obsesionada con la era del jazz. Llámenme anticuada… ¡por favor!


 

Johan Cruyff, el rockstar















 

Vivió en el Olimpo del fútbol mundial desde que apareció con la Naranja Mecánica de los 70. Ahí, al costado de Pelé, Maradona, y haciéndole un espacio a Messi para cuando 'La Pulga' se retire. Johan Cruyff falleció a los 68 años de edad víctima del cáncer. Estos son diez datos que quizás no sabías del ídolo más grande del fútbol neerlandés.

SALVÓ AL ‘CHOLO’. En 1974, Johan Cruyff compartía el vestuario de su Barcelona con un peruano ilustre por esas tierras. Cuando Hugo Sotil anotó de un cabezazo el 5-0 en el Bernabéu y corrió a festejarlo, Johan tomó a su compadre del cuello y le dijo al ‘Cholo’ que no sea tan efusivo: “¿Qué haces? No celebres que acá te matan”, le dijo, según testimonio de Sotil, que optó por morderse la lengua en plena celebración.



LA CAMISETA MARCA CRUYFF. En el mundial del 74, Johan Cruyff era líder, ídolo y erudito del fútbol total. Pero también sabía jugar sus fichas: justo antes de la Copa del Mundo firmó un contrato con la alemana Puma, archirrival de la Adidas que auspiciaba a su selección. Para no vestir otra marca durante la competencia, Cruyff ideó su propia versión de la camiseta holandesa quitándole una de las tres habituales rayas a la Adidas.



NI MESSI NI CRISTIANO RONALDO. El equipo ideal de todos los tiempos de Johan Cruyff no tenía a Messi ni a Cristiano Ronaldo. Algo proclive a los ídolos más antiguos, el holandés pudo reunir en una delantera a Maradona, Pelé y Garrincha, amén de cuatro monstruos en la volante como Pep Guardiola, Bobby Charlton, Piet Keizer y Alfredo Di Stéfano. Su defensa tenía a Carlos Alberto, Franz Beckenbauer y Ruud Krol. En el arco estaba Yashin. ¿Y Cruyff? No se puso en la lista, pero fácil se imaginaba dirigiendo a ese equipazo.


EL NOMBRE PROHIBIDO. Johan, un tipo que se hizo catalán desde su llegada al club en 1973, bautizó a su hijo, nacido al año siguiente, como Jordi. Esto no hubiera sido ningún problema si es que ese nombre no hubiera estado prohibido hasta 1977. El gobierno de Francisco Franco había vetado los nombres que no fueran castizos y eso permaneció así hasta la caída del régimen. “Yo nunca supe que no se podía inscribir el nombre de Jordi en aquella época. A mí solo me gustaba cómo sonaba y se lo puse a mi hijo sin saber si se podía hacer o no”, señaló en una entrevista a Marca.


EL LEGADO. Jordi Cruyff, como todos los hijos de los grandes futbolistas, no pudo ni siquiera asomarse a los logros de papá, que lo hizo jugar en el Barcelona más ganador después del de Messi y compañía: luego del cuadro catalán se fue al Manchester United. Después paseó por equipos menores de España, anduvo en Ucrania y se retiró en el Valletta de Malta. Luego fue gerente del AEK Larnaka y en el Maccabi Tel Aviv.

EL LEGADO II. Sin embargo, el apellido Cruyff sigue ligado al fútbol en activo: José Mariano Angoy, un portero de la cantera culé que dio el salto al primer equipo en la temporada 1994-95. Él se casó con la hija del ídolo y le dio un nieto llamado Jessua Andrea Angoy Cruyff, que dejó el 2011 a los juveniles del Barcelona para encontrar su futuro en la reserva de Wigan. 

NO AL CATALÁN. Pese a vivir años en Barcelona y hablar casi con fluidez en catalán, Cruyff se rehusaba a dar entrevistas en ese idioma: “No le quiero dar ventaja al periodista. Quiero que sea él quien se tenga que esforzar para entenderme a mí”, decía. Como en el fútbol, donde todos jugaban a su ritmo.

EL IDIOMA CRUYFF. A despecho de esto, Johan Cruyff tuvo su propio idioma: los holandeses lo llamaban “Cruijffiaans” y la palabra se usa en holanda para referirse a su peculiar forma de hablar, ausente de gramática y deformador de refranes. Uno de sus dichos, “En un momento dado”, es también el nombre de un documental grabado sobre su vida en España.


EL ASTEROIDE. En 2010, un periodista científico llamado Carl Koppeschaar hizo una campaña para que el asteroide 14282, descubierto por una pareja de astrónomos holandeses en los años 60, recibiera el nombre del genio. Lo logró: ahora se llama Cruijff (como se escribe el apellido en neerlandés). Ojo, no es el único futbolista que ha dado su nombre a un asteroide, pues antes la leyenda austriaca Josef ‘Pepi’ Bican y Ferenc Puskás bautizaron cuerpos celestes. De otro planeta.




LA CANCIÓN. A comienzos de los 70, antes de emigrar a España, alguien le propuso a un joven Johan que grabe una canción. ‘Oei Oei Oei (Dat Was Me Weer een Loei)’ llegó al puesto 21 en los ránkings musicales y hasta fue reeditada en España cuando "El holandés volador" llegó. 

Zootopia: La reivindicación de los "animalitos" parlantes


Cinetiketas | Por Jaime López Blanco | 


La nueva producción animada de los estudios Disney puede funcionar como la antítesis de “Madagascar”, de Dreamworks. “Zootopia” es una película efectiva por tener un guión sólido y lleno de buen ritmo; personajes bien delineados; gags ingeniosos y; una tremenda atención/cuidado en los detalles de su técnica y dirección de arte. Todo lo que el filme de “Madagascar” no posee ni es, por lo menos no para mí. 

Lo más sorprendente es que una cinta de corte familiar, con una protagonista menudita y tierna, como lo es la conejita “Judy Hopps”, pueda tratar asuntos tan profundos y maduros como los prejuicios, el miedo y la coexistencia entre la diversidad de las especies; temas que al homo sapiens -la especie supuestamente más inteligente de la cadena alimenticia- le cuesta tanto afrontar y solucionar.

Por otro lado, cómo se agradece que en la versión latinoamericana de “Zootopia” no se deje el doblaje de las voces principales a “estrellitas” de la pantalla grande o chica mexicanas, con lo que se evita que los personajes se degraden con interpretaciones fonéticas sosas, planas o exageradas. ¿Qué pasa con la incursión de Shakira? Digamos que posee una canción linda y una participación aceptable, que no estorba ni ensucia el desarrollo del argumento principal.

En cuanto a la animación, es destacable el diseño de las diferentes especies (tanto grandes como pequeñas); la construcción o representación de las regiones en donde habita la diversidad de comunidades de mamíferos; los fondos dinámicos que no dejan a la vista ninguna pizca de escenografía acartonada y; el esmero en los pormenores paralelos con el eje narrativo principal: roedores “Godínez” que caminan en fila india por sus paletas de hielo; el cambio de escalas percibido durante una entretenida persecución que realiza “Judy Hoops” a una comadreja ladrona o; el homenaje a la película “El padrino”.


Finalmente, el guión es un verdadero “tour de force” (cortesía de los creadores de “Big Hero 6”, “Tangled” y “Ralph El demoledor”), ya que transita del género de filmes aspiracionales (en donde todo es posible, sin importar que seas diminuto o gigante de tamaño), sin rayar en lo cursi,  pasando por el cine de investigación (con algunos interesantes giros de tuerca), hasta llegar a ser una película reflexiva cargada de distintas  capas, en las cuales prácticamente nadie se salva de ver reflejado algún tipo de prejuicio. El señalamiento es claro y preciso: todos llegamos a pensar mal del otro en algún momento de nuestras vidas, ya sea por falta de conocimiento, ya sea por miedos generados desde nuestro interior o por la (des)cultura/ambiente en los que estamos inmersos. 

Las Aparicio: La maldición de las mujeres empoderadas


Cinetiketas | Por Jaime López Blanco | 


Es difícil juzgar a una película cuyo eje argumental de origen posee más que buenas intenciones. “Las Aparicio” es la adaptación cinematográfica de aquella inteligente telenovela exhibida durante el año 2010 (cuya producción estuvo a cargo de Argos Comunicación, de Epigmenio Ibarra) y que tuvo gran éxito, tanto entre la audiencia tradicional como en las plataformas digitales, debido a que le otorgó un rostro fresco, poderoso y una voz diferente a sus protagonistas: un grupo de mujeres independientes, lúcidas y fuertes, que no pueden procrear hijos varones ni conservar esposos vivos, por una supuesta maldición que las precede, pero que, a pesar de todo ello, disfrutan libremente de su existencia.  Es decir, la serie televisiva en comento destacó por presentar una especie de contrapeso, un opuesto a la imagen estereotipada de la mujer abnegada; imagen ésta muy difundida y arraigada en los melodramas nacionales exhibidos por el duopolio televisivo.

Ahora, en la versión del celuloide, dirigida por Moisés Ortiz Urquidi (quien ya se había encargado de la codirección de los capítulos de la serie),  se intenta ahondar en el origen de aquella condena que pesa sobre “Rafaela”, “Alma”, “Mercedes” y “Julia”, todas ellas de apellido Aparicio, también presentando a “Mariana”, la pareja de “Julia”.

Lo más destacable es la impecable dirección de arte, tanto de los interiores de la hacienda, en donde se desarrolla la mayor parte de la historia, como de los elementos que enmarcan las tramas de algunos personajes: el arte sacro que reconstruye “Camilo” (interpretado por Joaquín Cosío); la decoración y vestuario resaltados en la anécdota de la primera “Rafaela” o;  los componentes visuales que acompañan a los pasajes narrativos de los migrantes. 

Por otra parte, es “delicioso” observar juntos en escena a tres de los mejores actores del cine mexicano actual: Tenoch Huerta,  Damián Alcázar, y el propio Joaquín Cosío, con roles que enamoran y conmueven. Ojo con esa escena en la que Tenoch cuenta un secreto familiar y llora; es realmente un momento muy emotivo.

Irónicamente, eso último es lo que da al traste con las buenas intenciones de “Las Aparicio”, porque de esa forma se deja de dar seguimiento adecuado a los dramas de las protagonistas, los cuales pierden consistencia y desembocan en extravíos de personajes. Así, varias de ellas se ven envueltas en acontecimientos superficiales que bien pudieron ser resueltos en pocos minutos y; olvidan utilizar un montaje interesante -quizá con más planos secuencias y menos cortes directos- que podría haberle aportado mayor elegancia, frescura y cohesión a una premisa que se lo merecía. Luego entonces, el guión se vuelve un tanto monótono a la mitad de su ejecución, cuando uno sólo está esperando para ver con quién de “Las Aparicio” se encontrará el buen Tenoch. Además, las subtramas con apuntes sociales se quedan demasiado relegadas, desperdiciadas. 


Lo que no se niega es que esta ópera prima de Ortiz Urquidi es un filme medianamente entretenido y bien producido, en el cual se utilizaron acertadamente los efectos visuales. Igualmente, hay buenas actuaciones de Liz Gallardo, Eréndira Ibarra, Paulina Gaitán, Adriana Paz y María del Carmen Farías. En fin, uno se queda con esa “espinita” de que la película pudo y debió haber sido una mejor vitrina de las mujeres empoderadas, aquellas que deben ser reconocidas mucho más, y recriminadas mucho menos, por el mundo actual.


Letrinas: Un parpadeo en la vida de unas cuantas personas


Por Eusebio Ruvalcaba | 


Un parpadeo en la vida de unas cuantas personas


Alejandro encaminó el automóvil de su padre por aquella carretera de ida y vuelta. Era un viejo Ford Galaxie. La velocidad siempre lo había atraído poderosamente. Le gustaba sentir el acelerador bajo su pie, y que a medida que imprimía mayor fuerza el auto acrecentaba su marcha. Era como si tuviera el mundo en el puño. Sobre todo lo atraían las carreteras federales, sin camellón ni nada parecido que implicara mayor seguridad. Caminos peligrosos que parecían abrirle sus fauces.

Pero esta vez llevaba un pensamiento en su cabeza.

Había dejado de ver a Adriana un par de años completos. Porque su padre lo había enviado a trabajar a Estados Unidos. Estamos en la ruina, y te toca cooperarte para la manutención de la casa. Yo lo he hecho más de treinta años. Pero no puedo más. Estoy cansado y maltrecho. La endemoniada diabetes me tiene paralizado. No puedo trabajar ni cinco minutos. Te pido un par de años. No más. Es un tiempo prudente. Para poner a prueba a un hombre. Dos años que ni te aparezcas. Tu tío Carlos te espera. Él te colocará en un trabajo que te rinda lo suficiente. Ya me lo dijo. Vivirás en su casa. No tendrás gastos. Todo lo que ganes se irá directamente al banco. Es el único modo de salvarnos de la bancarrota. Regresas y será como recomenzar. Ya verás cómo las cosas se acomodarán a tu modo. Abriremos un pequeño taller para que te hagas cargo de él, y puedas reiniciar una nueva vida. Vete preparando. Tienes que darle el ejemplo a tu hermano. Que tu madre vea que eres capaz de sacar las cosas adelante. Porque se opone a que vayas. Quiere tenerte aquí como si fueras un chiquito. Ya sabes que eres su adoración.

Su padre había decidido que dos años era el tiempo ideal. Ciento cuatro semanas trabajando como burro. Sin parar. Se lo explicó a Adriana pero ella se negó a aceptar. Si el amor entre ellos estaba en plenitud. ¿Por qué ponerlo a prueba? El dinero no importaba. Por encima de la plata, lo único que ganaría sería destruir la pasión que había entre ellos. Que era mucha. Él le juró que no. Mi amor es lo más fuerte. Y es lo que me dará energía para trabajar sin cansancio. Yo regresaré y nos casaremos de inmediato. Tendré veintidós años y tú dieciocho. Estaremos en el mejor momento.

Y pronto partió.

Se cruzaban cartas cuando menos una vez a la semana. Iban para el año. Ella le escribía y le contaba pormenorizadamente todo lo que había hecho. Excepto que era asediada por Joaquín, un joven recién cambiado al barrio. Y que empezaba a acceder al acoso. Es irrelevante, se decía a sí misma cuando pensaba en Alejandro. Y sentía sobrevenir una sensación de culpa. Pero insistía, como para darse ánimo. No hay problema. En el momento que decida cortarlo, lo corto. Además no he hecho nada de lo que pueda avergonzarme. A estas alturas del siglo XXI, unos cuantos besos no son nada. Si todas mis amigas se la pasan en el auto de sus novios. Y nadie les dice nada. Porque en el fondo, no pasa absolutamente nada.

El tiempo restante se fue como un parpadeo. Se preguntó qué cara harían todos en su familia cuando lo vieran llegar, y sobre todo qué cara haría Adriana. Cuando regresara.

Y había vuelto.

Justo en ese momento se encontraba descendiendo del camión en los andenes de la Tapo. ¿A quién iría a visitar primero?: ¿a su padre? Tenían mucho de qué hablar. Como habían acordado, en dos años no había vuelto a México. Su tío Carlos lo había colocado en un taller automotriz, y había ganado sus buenos dólares. Básicamente por las horas extras. Los demás compañeros de trabajo lo miraban con asombro. ¿De dónde sacaba fuerzas ese mexicano para resistir cargas de trabajo arduas, capaces de doblar a cualquiera? Parecía que lo movía un impulso interior. Era invencible. Había embarnecido. Ahora se veía más fuerte. La otra era dirigirse a la casa de Adriana. Eran las diez de la noche. Buena hora para dar una sorpresa.

Se decidió por su casa. Lo primero que llamó su atención fue la fachada. Su padre la había abandonado por completo. Aun de noche pudo distinguir que se encontraba en ruinas. Tocó y le abrió su hermanito. Lo abrazó y se dirigió a la sala, desde donde provenía una música de mambo. Era su padre. Que al momento de verlo, ni siquiera se levantó. Estaba ebrio. Alejandro se aproximó y le besó la mano. O cuando menos ésa había sido su intención. Que no pudo consumar porque el hombre la retiró abruptamente. ¿Vienes a reclamar tu dinero?, le dijo. Porque no hay cinco centavos de todo lo que mandaste. Para lo único que sirvió tu trabajo fue para enterrar a tu madre, y para que yo disipara mi dolor con la botella. Y con una mujer que ahorita mismo me está preparando mis frijoles. Y ni te atrevas a reclamar, porque te rompo el hocico.

Salió como había entrado. Y emprendió la carrera rumbo hacia la casa de su novia. Las cuadras se le hacían poca cosa. Como si la casa de Adriana estuviera en la misma acera. Por fin llegó. Tocó el timbre. Salió el papá de la chica. ¿Qué quieres? Vengo a buscar a Adriana. Por favor llámela, señor. Mi hija no tiene nada que hablar contigo. Ya se casó. Con un joven prometedor. Reconozco que hiciste un gran esfuerzo este tiempo. Todos en la colonia lo supimos. Para algunos eres un ídolo. Y de paso te doy el pésame por tu madre. Pero con mi hija no tenías la menor posibilidad. Apenas te fuiste, mi esposa y yo hablamos con ella y la convencimos de que estaba en el camino equivocado. Esperándote. Así que este muchacho y ella se enamoraron y fin de la historia. Ahora es la señora de Joaquín Mendizábal. Vete de aquí y haz tu vida como puedas. Que Dios te bendiga.

Los pasos de Alejandro lo guiaron a su casa. Pero esta vez no tocó. Buscó las llaves del garage. Que ahí estaban, debajo de una maceta. Abrió el portón y miró el Ford Galaxie. Su padre siempre lo tenía al punto. Tanque lleno. Presión de aire lista. Todos los niveles al tiro. Las llaves en el switch. Lo echó a andar, y accionó la reversa. Recorrió varias avenidas, y cuando se percató ya estaba en la carretera. Dejó que los ocho cilindros de aquella máquina fueran tomando impulso. Miró el velocímetro. ¡Estaba descompuesto! La aguja marcaba cero. Vaya error que su padre había dejado pasar. Increíble. Aceleró hasta el tope. La oscuridad lo atraía.


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El Autor: Nacido en la ciudad de Guadalajara en 1951, Eusebio Ruvalcaba se ha dedicado a escuchar música. Cabal y rotundamente. Pese a que ha publicado ciertos títulos (Un hilito de sangre, Pocos son los elegidos perros del mal, Una cerveza de nombre derrota, El frágil latido del corazón de un hombre…), pese a que se gana la vida coordinando talleres de creación literaria y escribiendo en diarios y revistas, él dice que vino al mundo a escuchar música. Y a hablar sobre música. Y a escribir sobre música.

Trainspotting: una vuelta al clásico de Irvine Welsh



Sputnik Books | Por Ale Arévalo | 

Se están cumpliendo 20 años de Trainspotting, la película que transformó el cine británico y que está basada en la novela de culto escrita por Irvine Welsh.

Esto definitivamente no es una reseña, creo que es una plática general sobre la novela, su autor y algunas influencias. Así como detalles de la película, espero la disfruten. 



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Alejandra Arévalo nació en Monterrey y ahora vive en la ciudad de México. Es egresada de la carrera en Letras Mexicanas por la UANL. Después de ser promotora cultural en el proyecto Biblionautas, decidió incursionar como Booktuber porque #YOLO y creó: Sputnik, un canal en el cual se ha enfocado en recuperar el amor por los clásicos así como por autores mexicanos. Además de esto ha desarrollado una pasión por hacer memes literarios, sí, memes.
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