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Un día en Ayotzinapa 43: Ni guerrilleros ni agitadores, sólo alumnos y maestros inconformes

Entrevista exclusiva con Rafael Rangel, director del documental "Un día en Ayotzinapa 43".

01 julio 2015

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Cinetiketas | Por Jaime López Blanco |

El realizador pregunta, en un fragmento de la cinta, a uno de sus entrevistados: “¿Cómo te imaginas en unos años, qué quieres ser?” El entrevistado responde: “Teniendo mi casa… con esposa e hijos”

Sin satanizar ni santificar a los estudiantes de Ayotzinapa, Rafael Rangel nos sumerge en las entrañas de la rutina de algunos integrantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos”, ubicada en la comunidad de Tixtla, Guerrero. Lo hace cámara en mano y presentando acciones, entrevistas y testimonios de parte de la gente que coexiste dentro de ese lugar. El resultado es un documental dinámico, de más de hora y media de duración, titulado “Un día en Ayotzinapa 43”.

Rangel tiene el gran acierto de irrumpir en el día a día de los estudiantes para, de esta manera, presentarnos otro tipo de realidad, una que actúa como una versión opuesta, poco sabida y muy alejada de lo propuesto por la “versión histórica” de las instituciones, o de lo dictaminado por la versión mediática inquisitoria, manipuladora, desplegada por diversas fuentes de comunicación. Es así como podemos conocer al estudiante politizado, aquel que posee formalidad y rigor para elaborar sus respuestas y comentarios; al estudiante visceral que, al mismo tiempo, corteja a su novia, bromea frente a la cámara y participa activamente en las marchas; a la señora que cocina dentro de la escuela y ayuda a explicar el dolor que sienten algunos de los familiares de los desaparecidos o; a la “tía” que colabora con los alumnos, ayudándolos en una de sus actividades domésticas, y que también invita al espectador a sentir empatía por la situación de los jóvenes. 



Poco a poco lo que va permeando, en los sentidos de los asistentes, es una evidencia, una huella de la humanidad de los estudiantes, con aciertos y desaciertos, como es la imperfección natural del individuo, pero sin que se acredite la monstruosidad o barbarie que muchos les han endilgado. Luego entonces, lo mismo podemos ser testigos de los contingentes pacíficos que caminan y protestan en contra de la información que se vierte respecto al caso Ayotzinapa, así como de la reacción llena de cólera, por parte de algunos alumnos, que culminan en actos de destrozo en contra de vehículos empresariales e institucionales.

El documento de Rafael Rangel trasciende por exhibirnos un paraíso terrenal inmerso en un purgatorio producto tanto de la intolerancia como de la marginación; por ahondar en el rostro disipado y vidas ignoradas de los alumnos de Guerrero que, sencillamente, se preparan con la finalidad de mejorar su futuro personal y; por evidenciar una arista diferente, otra arista poco ventilada, de ese rompecabezas de coyunturas y agravios político-sociales, llamado Ayotzinapa, el cual ha polarizado, enardecido y deprimido, aún más, a la sociedad mexicana contemporánea.

Compartimos pues esta entrevista exclusiva para Cinetiketas con Rafael Rangel, realizador de "Un día en Ayotzinapa 43". 


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