Ximena Sariñana, Sabo Romo, Sergio Arau, Silverio, Pepe Mogt, Chema Arreola, Daniel Gutiérrez, Jessy Bulbo, Joselo Rangel, Natalia Lafourcade, Pato Machete, Clemente Castillo, Tito Fuentes, Tammy Tamerlane, Jaime López, Paco Huidobro, Denise Gutiérrez, Jay de la Cueva, José Manuel Aguilera, Ely Guerra, Dr. Shenka, Cecilia Toussaint, Fernando Rivera Calderón, Lino Nava, Abulón y Amandititita son los 26 personajes que componen las entrevistas de "A través del vaso", editado por Penguin Random Hpuse.
«A través del vaso»: charla íntima con la música mexicana
El extinto Museo Nacional de la Cristiada en Aguascalientes: crónica de un patrimonio derrochado
La presencia de este museo fue cuestionable por varios aspectos: si bien se trató de cuidar la neutralidad del discurso, el evento mismo sigue despertando en la actualidad las pasiones más encontradas, pues entre los visitantes había lo mismo personas favorables a la causa expuesta, como acérrimos detractores.
Letrinas: Piedra volcánica y La ciudad de los suplicios
Piedra volcánica
Por Víctor Mandrago
La
ciudad de los suplicios
Semblanza: Víctor Mandrago (Ciudad de México). Es
narrador, publicista, guionista y docente mexicano. Tiene estudios de posgrado
en la UNAM. Algunos de sus textos han sido publicados en periódicos como La Jornada y las revistas
internacionales de literatura Transgresiones
y Conexión Nortesur.
Imperfecto extraño: retratos de la muerte
Noviembre es un mes particular para los mexicanos. Vemos tumbas, hablamos de muertos y los llamamos durante las noches del primer y segundo día del mes. La música que se produce aquí tampoco queda exenta de llenarse de temáticas tan rigurosas como lo es la muerte. Enjambre, una banda zacatecana de rock alternativo, presenta en su disco Imperfecto extraño, el ejemplo más contundente de cómo es que la mexicanidad afronta este tipo de temas entre letras melancólicas y memorias cinematográficas que se apilan en la música que escuchamos.
Lanzado en 2017 por Universal Music México, es el sexto álbum de la banda con una duración de 40 minutos en doce canciones, todas con líneas melódicas muy similares entre sí, brincando entre lo rock y lo electrónico de una canción a otra, pero todo seguido de la temática circundante; la memoria y la muerte.
El disco puede parecer lento, e incluso no es considerado el mejor de la banda, pero su riqueza recae en la forma en que podemos disfrutar del disco desde dos vistas, la lírica y la musical. Además de reconocer aspectos que bien podrían encajar en álbumes anteriores como lo sería Daltónico o El segundo es felino, lo que hace del disco una continuación lejana de los primeros trabajos de la banda, asignando este tono narrativo presente en soundtracks de películas.
Una gran elección si uno decide entrar en el género del rock alternativo, y mucho más para esta época del año, donde si la estación no nos desata lo nostálgico, lo hará la música que escuchamos al recobrar los recuerdos que el paso del tiempo deja sobre nosotros, dejando entre el principio y final de año, la imagen de un Imperfecto extraño que se mira una y otra vez con las canciones de este disco de fondo.
Irvine Welsh: Drogas, violencia y otras cosas que nos cambian la vida
Es
sabido que Irvine Welsh, prácticamente contó parte de su vida en Trainspotting, especialmente a través de
quien probablemente sea su personaje más conocido, Mark Renton. La búsqueda de ‘Rents’ por una
auténtica plenitud existencial, no basada en satisfacciones hedonistas, ni en
la compulsiva recolección de posesiones materiales, es decir, de una suerte de
nirvana en medio de un mundo post-industrial, culmina en una negación del
contexto que enmarca todos sus problemas y un escape hacia otro con ideas más
progresistas y liberales.
Lo
mismo ocurrió con el autor de cuya obra versa este texto, ya que, en su segunda
década de vida, decidió abandonar su faceta de gamberro y concluyó sus
estudios. Un cambio radical como el que plasma en Renton, y años más tarde en
Begbie, a quien hace pasar de un ebrio delictivo, a un artista de altura tras
aprender a canalizar su ira en la creación de obras hechas a cuchilladas.
Esa
experiencia de trascender un estado herido del ego, sale bien en los casos de
Renton y de Begbie, en ellos es posible encontrar una emotiva historia de
amistad, perdón, y redención. Sin embargo, ese mismo proceso de transformación
y sanación, fracasa en el caso de Bruce Robertson, el protagonista de otra
aclamada novela de Welsh, Filth.
En el
frenético descenso a lo profundo de su inconsciente, representado como un parásito,
Bruce nos deja ver que detrás de sus desagradables hábitos y perversiones, se esconde
una historia de profundo dolor ineludible, sin importar el tipo de anestesia
que elija para sobrellevarlo. Un dolor al que pone fin con el suicidio.
Que
este personaje muera, podría equivaler a un intento de su autor por retirar la Escoria de su consciencia, para
encapsularla en un personaje que cumpliría una función de chivo expiatorio en
el momento de su destrucción; como negar y destruir una parte de sí en el mismo
tortuoso, no obstante, liberador acto artístico.
En
efecto, el dolor es una constante en los relatos literarios de este autor, porque
lo es también en los aspectos de la vida real en la cual se inspiran; Welsh, inyecta
en sus escritos, un fuerte influjo del nihilismo que inunda su visión del mundo,
y de los aprendizajes que ha extraído de experiencias de su vida personal.
Retrata
un mundo en estado terminal, cuyos habitantes luchan con el perpetuo estado de
cambio de una economía fluctuante, de sus emociones, y de sus relaciones. En
ese mundo de cambios, algunos son tan abruptos e inesperados que dejan heridas eternas,
y despojan de toda esperanza.
Lo
vemos en Trainspotting, donde se
frustra una vida que parecía apenas comenzar; es posible ver en ese pasaje, la
muerte simbólica de una época que nunca terminó de surgir; la denominada posmodernidad,
el hijo bastardo de un capitalismo fallido, que nació en la cuna de sus falsas
promesas, fue arrullado por su mano invisible, y perece en silencio en medio de
una generación anestesiada. Esos personajes, en un sentido, no los escribió
Welsh, los escribió el capitalismo tardío y su subsecuente tejido social en
estado de putrefacción.
| Cameo de Irvine Welsh en la película 'Trainspotting' de Danny Boyle (1996) |
Toxicidad viril
En diferentes historias escritas por este autor, encontramos personajes femeninos desde los cuales, explora una perspectiva de la vida (pos)moderna que lleva el sello del feminismo postestructural. La historia de un romance truncado, como el de Alison con su jefe Alexander, en Skagboys, es en realidad un estudio de lo ultrajante que puede ser para una mujer llevar una relación supuestamente amorosa, cuando la misma sirve como caballo de Troya para una relación de poder.
Por
otro lado, Alison no termina de decidir entre el amor romántico y el amor
libre. Desea la monogamia formal que cree poder conseguir con Alexander, pero se
encuentra con un sinfín de dificultades internas y externas a su relación, que
la orillan a un histérico intento de suicidio cortando sus venas.
Lo
que Alison en realidad quiere, es el adictivo amor descarriado, y sin reglas,
si bien un tanto destructivo, que tiene con Sick boy. Respecto a este último
personaje, en Porno, Nikki
Fuller-Smith, nos comparte desde su perspectiva cómo pasa de idealizarlo como
un príncipe azul, a despreciarlo por su misoginia.
Nikki
tiene una evolución de las más interesantes en la obra de Welsh, pues
representa el paso de la mujer moderna, a la que se consideraría posmoderna.
Nikki es una portavoz de la deconstrucción que hace a la masculinidad, parte de
la teoría feminista, y toma por blanco a la desgastada faceta donjuanesca de
Simon.
Las
mujeres en la obra de Welsh, son tratadas por personajes masculinos con una potente
carga de misoginia. Esto no significa que su autor sea un misógino, por el
contrario, tiene la intención de denunciar la abyección del hombre machista de
la clase obrera, cuyas estereotípicas muestras de virilidad, resultan ser una forma
de violencia de género. Welsh balancea los comentarios machistas de personajes
que representan a un sector iletrado y anticuado de la sociedad, con
comentarios irónicos de mujeres que suelen ser estudiantes de nivel universitario.
Pone a la razón, por encima de la violencia, y al mismo tiempo, a la mujer ilustrada
por encima del hombre moderno.
Este
es otro punto que Irvine Welsh aborda tanto desde sus personajes femeninos,
como desde sus personajes masculinos. Con personajes mujer, articula discursos
que deconstruyen conductas machistas. Con personajes hombre, ejemplifica dichas
conductas. Encontramos, por ejemplo, violencia verbal, psicológica y
manipulación, en cada una de las relaciones amorosas que Sick boy tiene en las
diferentes novelas donde ha tenido apariciones. Solo Nikki termina por enunciar
auténticas diatribas en contra de su machismo.
Asimismo,
en Marabou Stork Nightmares, se
representa la violación en grupo a una mujer cuya venganza es buscar a sus
agresores para matarlos uno por uno. Al final corta el pene del último de
ellos, antes de apuñalarlo hasta quitarle la vida. Fue el más brutal de sus
violadores, Roy Strang, el protagonista de esta novela, y de quien sabemos que
también fue víctima de abuso sexual. Como en el caso de Bruce Robertson, Irvine
Welsh destapa la tortuosa historia que suele engendrar una conciencia llena de
violencia para otros y para sí.
Por
su parte, la vengativa víctima en esta historia, despoja del falo a los hombres
que la ultrajaron, representando así, a una mujer empoderándose por encima de
la arbitraria opresión del hombre misógino, que no escapa a la violencia
estructural de la sociedad en la que está inscrito.
Ahondando
en la violencia sexual presente en la obra de Welsh, la trama de Crime involucra una red de prostitución
infantil y explora la psique de un sujeto pedófilo en un interrogatorio cuyos
diálogos podrían ser parte de una película de terror, pero que muestran con
objetivismo el infierno en el que se forja una mente retorcida. La violencia
sexual y de género, que puede encontrarse en las historias de Welsh, es una
denuncia a la cultura falogocentrista, y a los estragos que tiene tanto para
mujeres, como para hombres.
Existen
fenómenos sociales que critican tanto el feminismo postestructural, como la
obra literaria de Irvine Welsh. Así pues, la violencia contra la mujer es un
tema del que este autor habla con su habitual contundencia, aunque no es precisamente
algo que caracterice sus escritos.
Algunos personajes de Irvine Welsh, se reivindican, mientras que otros nunca llegan a sanar sus heridas; no se trascienden, y viven intentando pasar a otros la estafeta de un dolor con un origen irrastreable. Renton se libera de su adicción a las drogas más destructivas cuando decide escapar del contexto que la originó. Begbie se libera de su violencia interna, motivada por su ira reprimida hacia su padre, y diversos personajes femeninos, se liberan del yugo del machismo en sus parejas motivadas por su razón e inteligencia.
Bruce
Robertson y Roy Strang, por el contrario, son personajes que representan
algunos de los excesos de la cultura machista. Ambos tienen pasados con abuso
físico y sexual, respectivamente, y ese caos que llevan de manera interna, se
materializa en el caos en el cual quedan convertidas sus vidas. En el mundo de
Irvine Welsh, la diferencia entre trascender o no un estado del ego, es el
autoconocimiento, al parecer.
Tanto
como Bruce, como Roy, solo antes de morir llegan a la conclusión de que
pudieron haber tomado decisiones diferentes para tratar de conseguir los
cambios que esperaban en sus respectivas vidas. Son a la vez víctimas y
victimarios de diversas formas de violencia estructural.
Ese
universo que conforma la literatura de Irvine Welsh, crudo, emotivo y por
momentos hilarante, está habitado por personajes dolorosamente humanos, cuyas
identidades resquebrajadas, son resultado de un contexto que no deja de
golpearlos desde diversos flancos, abarcando el económico, político, laboral, psicológico,
familiar, existencial, etcétera.
Como en una experiencia psicodélica de dimetiltriptamina (cuyo uso es habitual en Welsh, según lo que ha compartido en diversas entrevistas) leer una novela de Irvine Welsh, es encontrarse con cosas de la vida que pueden resultar oscuras, e incluso deprimentes, pero comprender esa oscuridad nos transforma, agregarla a nuestro concepto de la realidad nos hace un poco más desengañados. En ese sentido, madurar significa aprender a disfrutar de la vida, y a extraer de ella la mayor cantidad de felicidad posible, aunque sepamos bien que la mayoría del tiempo la vida es un dolor que aliviar.
Happier than ever: el registro de cambios
Pasaron tres años desde el lanzamiento de When we all fall asleep, where do we go?, un gran álbum introductorio para la carrera de cantante de Billie Eilish y para su hermano Finneas O’Connell. Éxitos como Bury a friend o Bad Guy, dejaron expectativas altas para el resto de su obra musical; Happier than ever, como un álbum que retoma algunos elementos de su predecesor y le suma muchos otros más personales, es una buena continuación a lo logrado con su primer disco, pero que causa un extraño efecto en su primera impresión.
Lanzado el 30 de julio de este año, en medio de una pandemia global y sin la posibilidad de tener una gira mundial, hizo uso de uno de los servicios de distribución de plataformas como Spotify, y si bien este tipo de formas de distribución no es nueva, es curioso ver cómo la producción de contenido se amolda a las nuevas realidades. Respecto a si es la mejor forma de distribución o no, no es un tema que nos compete tratar aquí.
Dentro del lanzamiento en Spotify, podíamos disfrutar de tres versiones -no muy distintas una de la otra- del mismo disco. Uno con las anotaciones de Billie Eilish en algunas canciones, otro organizado de distinta forma al disco base -por llamarlo de alguna forma-, y el disco tal cual podemos encontrarlo en el formato físico.
Además, a inicios de septiembre, el disco contó con una película -semianimada- distribuida por la plataforma de Disney +; Happier than ever: a love letter to Los Angeles, es un concierto inmersivo muy parecido a lo que podría ser un MTV Unplugged de la artista, acompañada de la filarmónica de Los Angeles -que hacen un trabajo magnífico al interpretar música que aparentemente no tendría nada que ver con lo que hacen habitualmente.
Hablando sobre el contenido del disco, las primeras ocho canciones sirven como una recapitulación de ritmos y estilos de lo que ya conocíamos de Billie Eilish, tanteando con un espléndido trabajo de producción y melodías muy silenciosas pero cautivadoras tanto en letra como en compás rítmico. Canciones como Oxytocin, Billie Bossanova, I didn’t change my number o GOLDWING, tanto en el concierto acompañado como por sí solas, juegan con el sonido estéreo, el volumen y los bajos que contrastan con la voz de Billie. Además, la mayoría de estas canciones hablan del crecimiento que ha tenido la artista desde aquel lejano 2016 cuando lanzaba Ocean Eyes. Habla un poco del cómo se siente desde la fama tan acelerada que obtuvo y se abre a temáticas más generales como la atracción y su propia experiencia en ello.
Las ocho canciones restantes podrían funcionar como otro álbum, desde una catarsis en el interludio de Not my responsability y Overheated, siguiendo por pensamientos sueltos que llevan a su conclusión en Male fantasy. Temas un poco más pesados como el acoso social, la muerte, la superación personal y la asimilación van dejando su huella entre ritmos más pop y pocas experimentaciones como las de las primeras ocho canciones.
En general, un disco que representa algo de lo que se puede lograr con artistas con libertad creativa y de distribución, tal vez un precedente para que cada vez más discos sean presentados por entero de forma digital antes que física. En lo personal, recomendaría el concierto de Disney +, pues muchas de las canciones adquieren una profundidad armoniosa mucho más grande siendo interpretadas por la filarmónica, como el caso de mi favorita personal: Billie Bossanova. En resumen, si bien, la segunda parte del disco puede parecer extraña, vale la pena darle una oportunidad de brillar por separado a lo que ya conocíamos en When we all fall to asleep, where do we go? Y si es que solo buscamos algo ya conocido, el disco también cumple con ello, y de una gran forma.
Letrinas: Buscar trabajo
Debería estar buscando trabajo. Es lunes, medio día, se me acabó el paro hace seis meses y tengo menos de cien euros en la cuenta. Pero hoy no me encuentro con fuerzas; igual que ayer y que mañana.
Estamos a 15 de enero y hace frío, por eso me acurruco bajo la manta, sacando lo justo de los ojos para poder ver la tele. Fuera el cielo está lleno de nubes, el sol es sólo una mancha gris clara sobre un fondo gris oscuro, la acera y el asfalto están mojados, acaba de dejar de llover, y la gente aún camina con el paraguas abierto.
Es un día gris, eso es un hecho objetivo. El cielo, los edificios, las farolas, las papeleras, el humo de los coches y el aire son grises.
Gris no quiere decir malo, sólo quiere decir gris. A mí hoy me resulta agradable, me empuja a salir a la calle, es lo que necesito. Un día claro y soleado sería abrumador, creo que me iría deshaciendo como un cubito de hielo incapaz de igualar la cálida temperatura exterior.
Lo que me apetece es bajar al bar y beber cerveza, como siempre. Beber me distrae, me hace sentir menos mal por un rato, y eso es casi como estar bien. Me gusta el bar y me encanta la cerveza, aunque no me gusta demasiado la gente.
Me siento detrás de tres chavales jóvenes, de unos 30 años, como yo. Son dos chicos y una chica preciosos. El olor dulce de sus colonias llega hasta mi mesa, me fijo en lo brillante y sedoso que tienen el pelo, lo blancos que están sus dientes, lo suave y perfecta que parece su piel. Son jóvenes perfectos y muy apetecibles. Aunque en realidad parecen maniquís, y por un momento les envidio, y desearía ser maniquí para trabajar en un escaparate.
La camarera por fin se acerca con mi caña, ha pasado poco tiempo desde que entré en el bar, pero se hace largo esperando por una cerveza.
—La primera del barril, tienes suerte –dice sonriendo.
—Gracias –respondo sin mirar.
No creo que haya tenido tanta suerte, más bien que es muy pronto para empezar a beber, al menos para los maniquís. Además, yo hace tiempo que no puedo diferenciar ese tipo de matices, me da igual la última o la primera del barril, es cerveza, eso es lo que realmente importa.
Intento leer el periódico mientras bebo, tragedias que por algún motivo merecen mi atención, mezcladas con publicidad y noticias que parecen publicidad. Pero no puedo, me distrae la conversación y el olor de los chavales.
Hablan de fundas para el móvil, de las luces de navidad y de apps para saber si la mierda que te venden en el súper es mierda buena o mierda mala. De sus bocas no paran de salir palabras, una tras otra y una encima de otra, pero yo sólo escucho cosas que ya he escuchado antes mil veces. Les han explicado cómo pensar y qué pensar, como a mí, la diferencia es que esos estúpidos se creen que tienen ideas propias. Me desesperan.
Parece que se van, uno de los chicos se levanta y se acerca a la chica para ponerle un abrigo tan elegante como horroroso. Le da un beso en la mejilla y ella parece encantada de que la traten como una inútil. Son una panda de gilipollas. Y pienso que si pasara más tiempo en casa y menos en el bar no odiaría tanto a casi todo el mundo.
Como siempre mi cabeza piensa en joder. Mientras los veo marchar la chica se vuelve para mirarme, yo no aparto la mirada, pero ella sí, se siente incómoda. Entonces me mira él también, su novio supongo, se cogen de la mano; y yo le miro fijamente, sonrío y guiño un ojo. Él también se siente incómodo y aparta la vista. Yo sonrío porque pienso en joder en todos los sentidos, joderme a la chica en el baño del bar, o al chico, eso da igual. Lo importante es que así jode la parejita y se jode el amigo.
Puede que si hiciese algo así dejasen por fin de hablar de mierdas. A lo mejor empezarían a sentir algo de verdad, y en realidad les estaría salvando la vida. Imagino que al menos me partirían la cara, gritarían y llorarían. Y eso sería mucho más real que el resto de cosas que dicen y hacen. Infelices, pero por fin vivos, no sé si existe otra forma de estar vivo.
Estoy seguro de que cuando un tío se folla al amor de tu vida en el baño del bar donde desayunas te la empiezan a sudar la funda del móvil y la app, y las luces de navidad ya no te parecen tan bonitas.
Mi pensamiento vuela y se mueve, se da la vuelta. A veces es difícil, ni siquiera yo me entiendo. Ya no están en el bar, puede que no los vuelva a ver. Y ahora me dan pena los tres. Se esfuerzan demasiado por toda esa mierda. Se visten de gente importante, se matan a trabajar para comprarse una casa, un coche, un ordenador, un teléfono... Después se hacen un plan de pensiones y caminan con la cabeza alta, porque son jóvenes triunfadores, seguros de sí mismos… pero en realidad creo que están tan asustados como yo, tienen miedo, no pueden dormir y la ansiedad les come por dentro. Sólo que ellos se disfrazan y sonríen, yo ya no soy capaz, es muy cansado. Así que enseño a todo el mundo como lloro, a la gente le resulta desagradable. La tristeza se acepta sólo en la intimidad, su exhibición pública es pornográfica, ofensiva. Es más aceptable ver una polla, y yo me alegro por las pollas, pero lo de la tristeza es terrible.
Me da pena cómo se esfuerzan cada segundo de cada minuto de cada hora de cada día por construirse una vida. No sé si no se enteran o no quieren verlo. Pero al final la marea siempre sube y se traga el castillo de arena, se traga el coche y el trabajo, por supuesto se traga el plan de pensiones.
Puede que yo viva destruyendo. Soy el niño que se siente poderoso rompiendo él mismo el castillo en lugar de dejar que se lo trague el mar. Al menos yo decido cómo y cuándo. Eso es estar vivo, y por eso bebo y escribo en el bar en vez de buscar trabajo.
Aunque tú no lo sepas: una charla con Homero Ontiveros de Inspector
Homero Ontiveros es uno de los genios detrás de Inspector, una de las bandas más representativas del rock y el ska en México. Sin embargo su labor ha ido más allá de los teclados y la producción musical.
«La crónica francesa», entre la melancolía y la libertad de Anderson
Cinetiketas | Por Jaime López |
"Buscamos lo que extrañamos y extrañamos lo que se ha dejado atrás", es uno de los diálogos que aparecen en el trabajo más reciente de Anderson.


