Ambulante abre su convocatoria para la Gira de Documentales 2022

La convocatoria estará abierta del 20 de enero al 15 de marzo de 2022.

Parámetros de selección 

  • Se recibirán películas producidas entre 2020 y 2022. 
  • Se permiten largometrajes, mediometrajes y/o cortometrajes.
  • Los materiales inscritos o entregados después de las fechas señaladas no serán considerados. 
  • Con la inscripción de un material, el propietario de la obra asume plenamente la aceptación de los términos de la convocatoria. 
  • El comité de Programación de Ambulante se reserva el derecho a incluir en las secciones los trabajos que tengan características distintas a las que señala la presente convocatoria en términos de duración, formato, años de producción, etc. 
  • Se recibirán películas terminadas o en desarrollo (work in progress)

       ○ Películas terminadas: Deberán incluir un vínculo de visionado del filme que contemple nombre de usuario y contraseña que permanezca activo hasta el 30 de septiembre de 2022.

         ○ Películas en desarrollo (work in progress): Deben enviar un vínculo provisional de visionado en el formulario de inscripción bajo la condición y compromiso de entregar los materiales audiovisuales del documental terminado antes del 15 de junio de 2022 

Proceso de inscripción 

Llenar el formulario de inscripción con la información completa de la película AQUÍ

Selección 

La selección se llevará a cabo de manera interna bajo responsabilidad del comité de Programación de Ambulante. Las decisiones no representan un juicio sobre el valor de las propuestas, sino que responden a una búsqueda curatorial específica para cada edición.

Se tomará en cuenta la creatividad e innovación en términos formales y la relevancia del contenido al momento de la selección. No se aceptarán trabajos institucionales o publicitarios, ni reportajes o trabajos de naturaleza meramente televisiva. 

La lista de documentales seleccionados por el comité de Programación será publicada en la página web y redes de Ambulante. Los autores de los filmes seleccionados recibirán una invitación a través del correo electrónico prog@ambulante.org estableciendo la sección y la fecha de exhibición de cada documental. Una vez aceptada la invitación, el documental no podrá ser retirado antes ni durante su exhibición en la Gira. 

Exhibición 

En caso de ser seleccionado, deberás enviar los siguientes materiales al correo previamente indicado (prog@ambulante.org). Se estipula un máximo de dos semanas desde la fecha en la que recibiste la invitación. 

  1. Archivo .mov codec ProRes 422HQ o 444 con resolución mínima de 1920×1080 y sonido .wav LPCM en 2.0 o 5.1 a 24 bits. 
  2. Subtítulos en inglés en un archivo .srt., si la película está hablada en español (opcional) 
  3. Subtítulos en español en un archivo .srt., si está hablada en alguna lengua indígena o un idioma distinto al español 
  4. Datos de contacto del director y press kit del documental 
  5. Adicionalmente, para Pulsos, DCP INTEROP o SMPTE, 24 o 25 fps con sonido 5.1 o superior 

Para más información, puedes leer el apartado Preguntas frecuentes a continuación.


PREGUNTAS FRECUENTES 

¿Debo pagar alguna cuota de inscripción de mi documental? 

No. 

Ya estrené mi documental en México, ¿puedo inscribirlo en Ambulante? Sí.

¿Qué premios o estímulos otorga Ambulante? 

Ninguno. Somos un festival no competitivo. 

¿Hay un límite para la cantidad de documentales que pueden inscribirse? No. 

¿Quién define a qué sección se podría integrar mi película? 

El comité de Programación de Ambulante toma las decisiones acerca de qué películas integrarán cada sección, dependiendo de las búsquedas curatoriales de cada año. 

¿Puedo inscribir un documental que no fue seleccionado en ediciones anteriores pero cuya producción todavía está dentro del rango temporal y territorial de la convocatoria? 

Si, pero debes señalarlo en el formulario de inscripción. 

¿Aceptan largometrajes y cortometrajes?

Si, se aceptan de ambas categorías.

¿La sección Pulsos sólo incluye largometrajes? 

No, en ocasiones incluimos también cortometrajes cuando estos dialogan con algún largometraje en particular. 

¿La sección Coordenadas sólo incluye cortometrajes? 

No, en ocasiones incluimos también largometrajes cuando estos abordan alguna temática de sumo interés para algunos de los públicos locales. 

¿Cuál es la diferencia entre Pulsos y Coordenadas? 

Hay dos diferencias: el enfoque y el esquema de proyecciones. En Coordenadas nos enfocamos en seleccionar documentales particularmente relevantes para una región en específico. Además, tiene un programa distinto en cada uno de los estados de la Gira. Por ejemplo, el programa de la sección de Coordenadas en Veracruz es distinto al programa en Coahuila. Por otro lado, Pulsos es una sección que recorre todos los estados de la Gira. 

¿Los documentales de Coordenadas se muestran solamente en un estado de la Gira?

Por lo general, sí. En la Ciudad de México, cuando el tamaño del circuito lo permite, proyectamos un programa de Coordenadas con algunos de los documentales que se mostraron en otros estados. 

Mi película no estará terminada antes del cierre de la convocatoria. ¿Puedo inscribirla? 

Sí. Como mencionamos en la convocatoria, estamos aceptando también películas en desarrollo. Lee atentamente las condiciones descritas en la convocatoria. 

¿El cierre de la convocatoria es el mismo para documentales terminados y en desarrollo? 

Sí, la fecha es la misma. Debes inscribir tu documental antes del 15 de marzo de 2022. Solo es el vínculo de visionado lo que puedes enviar después, pero ten muy en cuenta que el plazo para recibirlo es el 1 de junio de 2022. 

¿A quién envío el vínculo de visionado de mi documental en desarrollo? Deberás integrarlo en la ficha de inscripción de la convocatoria. 

¿Hay prórroga para el envío del vínculo de visionado de mi documental en desarrollo? 

No. 

¿Puedo enviar el material de mi documental con marca de agua o los sellos de eventos en los que haya participado? 

Sí. 

No recibí confirmación de correo al enviar la forma de inscripción. ¿Qué hago? 

No enviamos confirmación por correo. Si después de enviar el formulario apareció en tu pantalla el mensaje “Gracias por inscribir tu documental”, no tienes nada de que preocuparte. Si no, vuelve a llenar y enviar el formulario. Si sigues teniendo problemas, escribe un mensaje a prog@ambulante.org.

¿Las secciones (Pulsos, Coordenadas y Resistencias) están abiertas a documentales en desarrollo? 

Sí. 

Sigo con dudas, ¿cómo puedo comunicarme con ustedes? 

Escribe un correo a prog@ambulante.org con el asunto “Duda convocatoria 2022”.



Fother Muckers: Justo y Necesario



Las reseñas innecesarias | Por Juan Jesús Jiménez |



Segundo álbum de la banda lanzado en 2008, después de No soy uno, con doce tracks y una duración total de 41:45; marcó un antes y un después para el trabajo de los Fother Muckers. Justo y necesario, significó un cambio considerable tanto por la composición de la banda como el lanzamiento de la discográfica impulsada por el vocalista, Cristóbal Briceño.

Sello Cazador, discográfica que hasta ahora ha impulsado la carrera de 19 bandas -en su mayoría chilenas- de rock alternativo, dejando siempre características muy reconocibles entre cada participación; se encargó de la producción y distribución del álbum, dando a Cristóbal Briceño un papel protagonista como compositor, guitarrista y vocalista de la banda, concluyendo con once tracks a su nombre y la excepción de Simón Sánchez -bajista y segunda voz- componiendo La tercera vía.

Con la banda fundada en 2004 en la Pontificia Universidad de Chile, su camino por la música realmente empezó hasta 2005, con algunas presentaciones en bares y festivales capitalinos, armando una base de fans muy sólida y leal a la carrera de la banda. Fue hasta 2006 cuando se lanza su primer EP homónimo con seis temas, incluyendo algunos en su siguiente trabajo de 2007, No soy uno.

Durante los primeros cuatro años en medio de idas y venidas de bateristas en la banda, para la producción de Justo y necesario, tanto Martín del Real como Gonzalo Nuñez, asumieron el rol hasta principios de 2008, cuando Cristian Soto los releva. El cambio es poco notorio, al entender que el desarrollo musical de cada integrante se dio en conjunto y que no existía tanta disparidad creativa entre Real y Nuñez.

Con el cambio de nombre de la banda hasta 2011, hubo poco material para identificar una línea general en su trabajo y sin embargo, Justo y necesario, como un trabajo más pulido de la banda, funciona muy bien como una carta de presentación; una banda de rock alternativo que habla sobre lo cotidiano. Desde 2022 donde hablamos del encuentro de dos amantes, hasta el hambre de explorar en un joven de veinte años en Explorador.

Viaje de regreso, el mismo lado, justo y necesario, no tienen ningún desperdicio de instrumentalización. Como un equilibrio bien logrado entre lo que se escucha y lo que se entiende. Uno de mis favoritos personales sin duda.

"Bala'na", perder la inocencia pero no la identidad



Por Jaime López

@JaimeComunidad3


Su cuerpo desnudo se adueña del escenario. Es tan imponente su vulnerabilidad que resulta difícil no prestar atención a su relato. Antes de comenzar con sus vivencias, se presenta como "Yoselín", aunque aclara que previamente la llamaban "Rufino". No tiene dudas sobre su identidad o su esencia, una que como cualquier ser humano tiene aspiraciones, sueños y episodios de sufrimiento.

"Cuando era niño, mi padre solía llevarme a la milpa, a mí nunca me gustó ir a la milpa, sentía que esa vida no era para mí, en cambio, me gustaba ayudar a mi madre en las labores de la casa. De eso sacó provecho una tía mía y me consiguió un trabajo aquí, en esta ciudad, de criadita, bueno, de criadito, pues...", expresa en una parte de la trama el personaje central.

Lo anterior es apenas el inicio de la obra "Bala'na", monólogo independiente escrito y protagonizado por Alexis Orozco, que fue presentado a finales de enero pasado en el foro de Puro Drama, en la ciudad de Puebla.

En entrevista para este reportero, el intérprete originario de Oaxaca subrayó su alegría de poder trabajar en pro de la comunidad diverso sexual desde su trinchera como actriz.

Cabe mencionar que "Bala'na" ha sido reseñada por algunos analistas como una propuesta que visibiliza la transexualidad o como un montaje que echa por abajo la idea romantizada de que los muxes son bien acogidos por toda la sociedad oaxaqueña.

Sin embargo, para quien suscribe este texto, la obra va más allá de la denuncia y la concientización, porque aborda un tópico universal: la pérdida de la inocencia.
Si bien "Bala'na" significa virginidad en zapoteco, el monólogo de Orozco muestra la evolución emocional de "Yoselín", luego de enfrentar el amor/desamor, la pérdida y el rechazo. Esto último en medio de un contexto sórdido, el del sexoservicio.

Al respecto, el creador subrayó la resiliencia de las trabajadoras trans para sobrellevar las dificultades de la vida.

"Yo creo que la principal satisfacción fue el convivir con ellas, conocer que ellas son así, puede pasar una tragedia en ese momento y ellas buscan el momento pícaro, el momento de comedia para que eso no les duela tanto y eso lo viví prácticamente con ellas, estando ahí con ellas, convivir con ellas, conocerlas, palparlas", apuntó.

En otro orden de ideas, Orozco comunicó que "Bala'na" le generó un descubrimiento como creativo, porque fue un momento de transición para ella como actor/actriz.

Acerca de los momentos en que interactúa con la audiencia, dejó en claro que sus reacciones son producto de la improvisación.

"Es lo que me da el público en ese momento, es una escena que realmente es natural", dijo.

En resumen, "Bala'na" es una obra indispensable de ver, por su vigencia y porque evidencia el alto nivel escénico de su protagonista.

Se presentará próximamente en Tabasco, Tlaxcala y la Ciudad de México, aunque para mayores detalles se recomienda visitar su página de Facebook.

Letrinas: Penélope nomás sentada



Penélope nomás sentada
Por Jessica Sevilla


Estoy esperando al siguiente tren. Por el calor parece que es agosto, no diciembre. Y en esta estación no hay salas de espera, ni pantallas. Llegan con mochilas sobre la espalda pero no vienen en vagones de pasajeros. Vienen montados en contenedores de mercancías. Para mí son muñecos. Así ha de venir y por eso tarda tanto. Aquí estoy en mi banca de pino verde. Al otro lado de las vías hay una de metal. Las dos en el solazo. De aquí ya vamos a agarrar camino. No debe demorar. Y tengo que estar presentable para cuando llegue, pero con este calor tengo pegado el cabello a la cara y el vestido a las nalgas. Estoy usando mi bolsa café como sombrilla, pero no me cubre nada. Así que saco mi abanico de madera roja, que coordina con mis zapatitos de tacón. Además tiene aroma de sándalo, patchouli y canela. Con esos aromas que me perfumen no se va a dar color del olor a pescado que desprende mi vestido y entrepierna. Me va mirar toda devota, aquí ya empezando a hablar su idioma y quemándome. Parece que ahí viene. Escucho un silbido, un poco aplastado por los carros del distribuidor vial de la López-Lázaro y este zumbido insoportable de mi oído izquierdo. Ahí viene. Lo escucho más cerca, en el crucero. Escucho su fricción en los rieles. Me voy a levantar ya, para que se me oree el vestido y me vea toda bonita, esperándole y recibiéndole. No es. Es un tren de carga vacío. Ya será el que sigue. Me vuelvo a sentar, pero en lo que espero me pondré boca abajo sobre mi banca y levantaré mi vestidito blanco para broncearme las piernas. Para que cuando llegue me vea toda doradita por este fuego de diciembre. Me quedé dormida, pero en lo que despierto noto que aún no viene el tren. Me doy la vuelta, de frente al sol, para quemarme este lado de las piernas y estar completamente rojita cuando llegue. Y que admire el grado de mi fervor, de mi resistencia. Me tapo la cara con mi gran bolsa de piel. Me vuelvo a quedar dormida un rato, pero pronto escucho otro silbido. Tengo que causar una buena impresión y verme mejor que en mi foto de perfil, pero con este aire caliente estoy toda sudada y mi vestidito también. Me levanto. Estiro la tela de la falda. Me vuelvo a sentar, pero ahora con las nalgas directamente sobre la banca para no sudar más el vestido. Voy a estar esperando así, de pierna cruzada. Me acomodo el cabello y lo peino con el sudor, usando las uñas como peine. Saco de nuevo mi abanico, para estar destellando grana cuando llegue. Y oler a planta con madera. Y voy a mover el piecito de la pierna de arriba en circulitos lentos, para que vea que estoy esperando ansiosa pero con paciencia. Y me voy a retocar los labios rojos para que enmarquen la sonrisa que le voy a dar ahorita que llegue. Saco mi espejito para embarrarme el lipstick, pero en el reflejo no estoy yo, está una vieja calva con patas de gallo en los ojos y la frente despellejada. Me doy cuenta que estoy aquí ya toda vieja. Esperando como pendeja. Ya me achicharré con este vestido sucio. Siento que se me va a salir la bomba de sangre por la garganta, que el vagón se soltó y se está yendo pabajo. Ay, de dónde me agarro, no se me vaya a desrielar. Me voy a acostar, a cerrar los ojos, a sentir el calor del sol para calmarme. El vagón agarró velocidad con la caída, así que se adelantó ocho mil novecientos kilómetros en un minuto y ya viene más cerca. Estoy escuchando su silbido sobresaliendo entre los carros. Ya va a llegar y tengo que incorporarme. Tengo que acomodarme este pelo para verme fabulosa cuando llegue la gran Maestre de la orden, que vamos a ir a la gran fiesta, en ese tren, con todas las del movimiento.




*Jessica Sevilla es gestora, profesora y artista visual. Nació en Tijuana en el 88 y vive en Mexicali desde el 98. Su trabajo es un proyecto de autoaprendizaje vinculado al lugar, con el que explora bordes entre prácticas y dominios. Actualmente trabaja, desde la galería Planta Libre en la región deltaica del Río Colorado, sobre la relación humano-agua. Tiene formación en arquitectura y es profesora universitaria. Se ha dedicado a la gestión de proyectos culturales de forma independiente y con instituciones públicas, también ha trabajado con grupos ciudadanos y asociaciones civiles. Actualmente incursiona en la narrativa de ficción usando medios visuales y textuales. Ha sido beneficiaria de los estímulos FONCA Jóvenes Creadores (2017-18), PECDA BC (2016) y David Rockefeller Center for Latin American Studies (2015), con los que desarrolló tres proyectos de sitio específico.

"El comediante", de aceptar nuestros fracasos a dejarnos abducir por la luz


Cinetiketas | Por Jaime López |

@JaimeComunidad3


"Estás lleno de miedos, de oscuridad y todavía quieres encerrarte más, tienes que dejar que la luz fluya" es una de las frases que le expresan al protagonista de "El comediante", cinta estrenada a mediados de enero en la plataforma de streaming más famosa del mundo, la de la N roja.

 

Las palabras en cuestión adquieren un peso enorme a lo largo de la historia escrita por Alo Valenzuela Escobedo y Gabriel Nuncio, porque son el reflejo del estado emocional en el que se encuentra el personaje central, un standupero que vive de la comedia, pero que ha perdido la capacidad para reírse de sí mismo y de sus tragedias.

Es ahí donde "El comediante" funciona como una analogía sobre la trascendencia y la búsqueda de la felicidad, que en ocasiones no llega como la imaginamos o la planeamos; ello porque se muestra a un hombre de mediana edad, estancado en su vida profesional y en sus relaciones, que está empecinado en llevar a cabo una idea sólo de una manera o forma.

Sin embargo, la vida le tiene preparada otra jugada, que lo hará involucrarse en situaciones incómodas y absurdas, pero un tanto reveladoras. De eso va la película ganadora del Premio Mezcal en la pasada edición del Festival Internacional de Cine en Guadalajara.

Integrada por un elenco de gran calibre (Adriana Paz, Cassandra Ciangherotti, Cecilia Suárez y Tenoch Huerta) y codirigida por Rodrigo Guardiola y Nuncio, "El comediante" también puede apreciarse como la fábula de los eternos deprimidos, de los seres que se encuentran extraviados o perdidos y que no tienen idea de qué hacer con su vida, aderezado con un ritmo similar a las comedias del cineasta neoyorkino, Woody Allen, en donde los diálogos tienen mucho humor negro o comentarios irónicos sobre la condición humana.


Un muestra de lo anterior es cuando el personaje central visita a su tío moribundo y se disculpa por haber estado alejado de él durante mucho tiempo, aunque para ello recurre a un diálogo inesperado y sarcástico:

"Soy un egoísta, quizá es porque soy Leo".

En cuanto a la estructura narrativa, los directores no están preocupados por echar mano de escenas frenéticas o llenas de cortes de edición para que su historia avance, sino que concentran la atención en las conversaciones e interpretaciones del elenco.

En ese sentido, quizá algunos espectadores no se familiaricen con el ritmo de "El comediante", que también apuesta por secuencias oníricas y ambiguas. Eso es lo que dota a la puesta de Guardiola/Nuncio de un peculiar encanto, que muy difícilmente puede hallarse en las producciones estelarizadas por la familia Derbez, las cuales tratan de hacer reír a la audiencia mediante una comedia fácil y barata.

Pasando al rubro interpretativo, es grato ver nuevamente en la industria fílmica nacional a la tres veces ganadora del premio Ariel, Adriana Paz, que borda de manera orgánica a su "Melissa", un personaje que quizá no sea del agrado de muchos, pero que sirve como catarsis del protagonista. Por su parte, Cassandra Ciangherotti y Cecilia Suárez confirman el gran carisma del que son dueñas.

Cabe agregar que algunos analistas han visto en "El comediante" un presunto retrato de la generación millennial, por la falta de estabilidad laboral y patrimonial del protagonista, mientras que otras voces la perciben como una historia de maduración personal. Hay un poco de verdad en ambos casos, aunque lo cierto es que el desenlace de la película puede tener dos interpretaciones, dependiendo del estado emocional con el que se vea, pero en ambas la luz juega un papel fundamental.

Es ahí donde resuena fuertemente la frase mencionada en líneas anteriores:
"Estás lleno de miedos, de oscuridad y todavía quieres encerrarte más, tienes que dejar que la luz fluya", y pues que fluya, aunque a veces duela.

 

Hablemos de "Tick, Tick… Boom!"


Call me old fashioned... please! | Por Mónica Castro Lara |


No les miento: llevo poco más de dos meses intentando redactar este artículo pero, simplemente no encuentro la forma de hacerlo sin ser demasiado intensa y vomitarles (en sentido figurado) todo lo que significa para mí este peliculón llamado "Tick, Tick… Boom!", la vida en sí de Jonathan Larson y por supuesto, mi amor y eterna admiración por el increíble genio capricorniano que los dioses musicales decidieron llamar Lin-Manuel Miranda, quien hace su debut como director y es el encargado de que mi cabeza no tenga un solo descanso en estas últimas ocho semanas (si quieren, luego les cuento por qué). Así que relájense, téngame muuuuucha paciencia y resígnense a leer un artículo cero objetivo o imparcial.


No es ninguna revelación que me gustan las películas musicales (y mucho), tanto así que hace un par de años (casi cuatro para ser exacta) les compartí una lista de mi Top 10 que, con mucha alegría, puedo afirmar que se ha modificado a lo largo de estos años y me parece excelente que así sea porque, en palabras de mi muy sabia psicóloga: "todo aquello que no cambia, muere" y dudo que mi amor por las pelis musicales, muera any time soon. Pues bien, en aquella ocasión coloqué a "RENT" en el lugar número diez y les hablé un poquito de la importancia de este musical de rock irreverente en la historia moderna de Broadway, al revolucionar por completo al teatro musical y por supuesto, de lo desafortunada que fue la repentina muerte de Jonathan Larson la noche del último ensayo de vestuario, previo al estreno de la obra Off-Broadway (término que, según lo poco que sé e intuyo, es la antesala a un estreno en Broadway). Y si bien hace años conocía o me era familiar la historia personal y profesional de Larson, nunca me había interpelado tanto como hasta ahora. Y vaya que duele.

“Tick, Tick… Boom!”, en palabras de su director, “[…] no es una de esas películas biográficas donde ves a Mozart escribiendo su gran obra maestra. Esta es una película acerca del fracaso y de cómo recuperarse, y de cómo la obra maestra de Jonathan Larson está justo delante de él; es esperanzador porque tal vez también la tuya esté justo delante de ti”. 

En varias entrevistas, mi querido Lin-Manuel ha expresado su amor y devoción por el cine dado que, desde pequeño, su sueño era ser cineasta (y hay muchos videos caseros de la familia Miranda que nos lo confirman). En 1997, a la tierna edad de diecisiete añitos, Miranda tuvo la oportunidad de ver “RENT” cuando la obra ya había sido estrenada en Broadway y rápidamente se posicionaba como EL espectáculo que TODAS y TODOS debían ver y, palabras más palabras menos, es un suceso que le cambió la vida; no solo la obra lo impactó y lo dejó boquiabierto (como a toda una generación) gracias a su frescura, dinamismo e irreverencia, sino que realmente lo inspiró y animó a explorar y crear su propio arte (porque aceptémoslo, “RENT” caminó para que “Hamilton” pudiera correr, como dicen por ahí). Al paso de los años y estando ya en la universidad, se inclina por el teatro y en particular por el teatro musical y no es ninguna novedad que ha hecho cosas ASOMBROSAMENTE LEGENDARIAS en este ramo (sí, con M A Y Ú S C U L A S). En 2014, Lin-Manuel tiene la oportunidad de interpretar el papel de Jon en un breve reestreno que tuvo “Tick, Tick… Boom!” Off-Broadway, al lado de los talentosísimos Leslie Odom Jr. en el papel de Michael y Karen Olivo en el de Susan, por lo que podemos deducir que es una obra y una historia que le apasionan y que más allá de conocerla a fondo, le atraviesa de mil maneras. Ya cuando Lin adquiere cierta presencia y notoriedad en el medio artístico, insiste en que, si algún día tiene la oportunidad de dirigir una película, tendría que ser “Tick, Tick… Boom!”, deseo que se le cumplió en 2019 gracias a la productora Julie Oh quien le comentó en aquel entonces, que finalmente había obtenido los derechos para filmarla, a lo que Miranda le contestó rápidamente que “no habría un mejor director que él para hacerla”. ¡Wow! ¡Eso es tener confianza en sí mismo, carajo!  Así que Lin hizo hasta lo imposible para crear un film exitoso en toda la extensión de la palabra. Y a mi parecer, lo logró.


Jonathan Larson tardó ocho años en escribir “Superbia”, una obra musical de rock satírico de ciencia ficción, inspirada en la aclamada novela de George Orwell, “1984”. La historia retrataba a una civilización futurista pegada a sus pantallas, viendo las vidas extraordinarias de los ricos como programas de televisión (¿les suena familiar?). Jonathan quemó sus “roaring twenties” suplicándole a múltiples productores para que le dieran una oportunidad a “Superbia”. Tras numerosos y dolorosos fracasos y por ende un sinfín de puertas cerradas, Larson al borde de cumplir los temibles 30, escribe y estrena “Tick, Tick… Boom!” (que originalmente se llamaba “Boho Days”), un “one man show” acerca de todo el proceso creativo que implicó hacer y eventualmente no hacer “Superbia” y que retaría a los productores a que le pusieran otro pretexto que no fuera el costo en sí de la producción. Nunca fue la creatividad con lo que luchó Jonathan; fue con el rechazo, el fracaso, la duda, la falta de visión y originalidad de otros y por supuesto, la falta de capital que financiara su arte.  


La película comienza con Larson, interpretado de manera excelsa por Andrew Garfield (sí, sí… Spider-Man pues), dándonos la bienvenida a su monólogo. Filmado en el New York Theatre Workshop (donde Larson originalmente estrenó “Tick, Tick… Boom!”), el personaje de Jonathan nos introduce a su obra musical con algo de resignación y hasta presume las múltiples cartas de rechazo que tiene en su poder pero, de pronto cambia su actitud cuando nos cuenta que está por cumplir 30 años en tan solo un par de días y la carga que ello representa. Y justo así comienza la canción “30/90” y de inmediato nos sitúa en el mood ideal para el resto de la película y nos succiona a la mágica cotidianidad del Larson de inicios de los noventa. No saben cómo me hubiera gustado conocer esta canción cuando cumplí mis treinta, pero supongo que ahora a mis treinta y tres, no cambia mucho la cosa ¡duh! En ese momento, Larson tenía ya un par de años trabajando como mesero en el icónico “Moondance Diner” y así continuó hasta prácticamente el estreno de “RENT”. Su familia y amigos platican en el documental “No Day But Today: The Story of RENT” que Jonathan en realidad encontraba muy cómodo su trabajo; le permitía dedicarse exclusivamente a escribir y crear sus musicales de lunes a jueves, y de viernes a domingo, trabajaba todo el día en la cafetería. Lo hacía por la comodidad del horario, para pagar la renta de tu infame departamento (que Lin y la producción replicaron con asombrosa exactitud) y tratar de sobrevivir a la jungla urbana que es Nueva York y vamos… en ese sentido, creo que todas y todos sabemos lo que es tener (sí TENER) que trabajar en lo que tienes que trabajar para lograr hacer aquello que en verdad queremos hacer.


Jonathan decide crear una oda al “Moondance Diner” titulada “Sunday”, una especie de plagio/inspiración/modernización/sátira de otra canción llamada “Sunday” que es la famosa culminación del primer acto del musical “Sunday In The Park With George”, escrito por su mentor e ídolo personal y profesional, el gran Stephen Sondheim, quien fue una leyenda de Broadway y que desafortunadamente, falleció el pasado 26 de noviembre de 2021. Tanto en la película, como en la vida real, vemos cómo Sondheim y Larson tienen/tuvieron una relación maestro-discípulo, en donde los consejos y observaciones de Stephen eran el oro más preciado para Jonathan quien, sin miedos ni inseguridades, solía enviarle letras, partituras y grabaciones de melodías constantemente. Sondheim nunca dudó de la enorme capacidad creativa de Larson, cuyo talento era indiscutible y de primera clase, sin embargo, nunca pudo ayudarlo más allá de lo que él hubiera querido, aunque sus palabras y la fe que tenía en él bastaron para que Jonathan nunca desistiera, a pesar de que la vida y las circunstancias le pedían a gritos que lo hiciera. Lin-Manuel quiso extralimitarse (algo que aprendió de Jon M. Chu, director de “In The Heights”) y hacer de “Sunday” una de las escenas más icónicas de toda la película y regalarle a Jonathan Larson, el coro de estrellas de Broadway con el que siempre soñó. Mi hermana Elo es testigo que, cuando aparecieron Adam Pascal, Daphne Rubin-Vega y Wilson Jermain (los actores originales de “RENT”) en pantalla, pegué un grito ENOOOOORME y es increíble la cantidad de cameos que Lin consiguió para este número en particular, desde Chita Rivera, Bebe Neuwirth, Howard McGillin, Joel Grey, Bernadette Peters, hasta mis Schyler Sisters, Renée Elise Goldsberry and Phillipa Soo.

Jonathan Larson luchó por hacer arte, no porque no tuviera talento, sino porque Nueva York era (es) una ciudad terriblemente cara y competitiva, más hablando de Broadway. La tragedia de ser un artista es que a veces nacen en el momento equivocado, en la generación equivocada. Todos sabemos que, en su vida, Van Gogh vendió solo una pintura; nunca fue famoso y murió atormentado y en la pobreza. Hoy en día, sus obras son de las más apreciadas y vendidas a altísimos precios y comercializadas y reproducidas en cualquier tipo de producto de consumo que pudiéramos imaginar (wink wink a la taza de “Noche estrellada sobre el Ródano” que le regalé a mi amigo René ¡ayñ!). Según expertos en arte, Van Gogh habría sido el artista más rico del mundo. Hoy en día, hemos sido testigos de las cuantiosas historias futuristas que se nos presentan en televisión, en el cine, en la literatura, en los podcasts, etc. La ciencia ficción vende y muy bien, y para Jonathan Larson “Superbia” cumplía todos los requisitos necesarios para atraer inversores y un público que conectara con la temática, pero en la década de 1990, simplemente no fue posible y francamente yo sí creo que le rompió el corazón. Después, escribió “RENT”, explorando el tema del SIDA, las drogas, la comunidad LGBTTTIQ, la lucha incasable por sobresalir y dejar huella y… el resto es historia.

Ganador de tres Premios Tony, el Premio Pulitzer de Drama y autor de uno de los espectáculos de mayor duración en Broadway y que ha recaudado más de 300 millones de dólares alrededor del mundo. Aunque Larson obtuvo el reconocimiento que merecía, llegó demasiado tarde: todos estos reconocimientos le fueron dados post mortem. Así como les comenté hace unos párrafos, Jonathan falleció a los 35 años de una disección aórtica mal diagnosticada (los doctores le decían que era estrés). Ese miedo de no llegar a los cuarenta, se le cumplió; una auténtica tragedia. Pero si el viaje de un artista se encuentra en sus tragedias, entonces, de hecho, Larson vivió una gran vida artística. Para mí, Larson es una especie de Van Gogh de finales del Siglo XX.

Dos años, una pandemia, el guion de Steven Levenson (creador de otro hit de Broadway llamado “Dear Evan Hansen”), numerosas visitas a la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos (donde se albergan muchos documentos originales de Jonathan Larson), rearmar el orden de las canciones, quitar unas, aumentar otras, la aprobación de Julie Larson (la hermana de Jonathan encargada de salvaguardar su legado), el casting perfecto de Andrew Garfield, quien aprendió a cantar, a bailar y a tocar el piano en tiempo récord, la visión particular de Lin-Manuel… todos estos, factores importantísimos e imprescindibles que hacen de “Tick, Tick… Boom!” una auténtica bocanada de aire fresco, un apapacho bien necesario para el alma, un recordatorio doloroso acerca de la perseverancia en el arte y el rechazo inminente. Porque sí, aceptémoslo, ser un artista (o querer ser uno), es vivir con miedo y dudas constantes; es crear algo todos los días y esperar (sí, es-pe-rar) que algún día alguien te lea, te escuche, te vea. Esperas que tu creatividad sea lo suficientemente buena y diferente como para cambiarle la vida a alguien; ese es EL sueño. Y como todo buen sueño, suele ser bizarro, sin un principio y fin claros, efímero y/o que solo se le concede a los realmente suertudos. ¿O acaso estoy siendo demasiado negativa? ¡En fin! Dense la oportunidad de ver “Tick, Tick… Boom!” las veces que sean necesarias y ojalá se les estremezca el corazón tanto como a mí.

Aunque tú no lo sepas: una charla con Sr. González


Sr. González es un multifacético creador que navega entre la música, la producción y la literatura. Ex integrante de la mítica Botellita de Jerez, nos habla de los diversos proyectos musicales por los que ha pasado hasta llegar a Combo Movox, incluyendo la parte literaria que le llevó a escribir los tres volúmenes de "60 años de rock mexicano".

 

Para más entrevistas suscríbete al canal de YouTube de Casa Yonki.

Nomadland: más allá del neoliberalismo


Por Jorge Tadeo Vargas |

 

Ha llegado la economía colaborativa, la patada en el trasero de la economía de la gente modesta —anunció pesaroso—. Había llegado a un punto en que no podía pagar el alquiler y además comer. Nomadland, Jessica Bruder.

 

En este 2022, con una pandemia que no nos quiere soltar del todo, la organización Oxfam, presento su informe anual sobre desigualdades socio-económicas en el mundo, en el cual con datos duros nos dice que la élite de multimillonarios duplico su fortuna entre 2020 y 2021, es decir, estos años de cuarentena, de dolor, de muerte, para ellos fueron de riqueza, de aumentar sus ganancias. Jeff Bezos, dueño de Amazon es quien lidera a esta cúpula y quien resultó mayor beneficiado del virus SARS-CoV-2, mejor conocido como Covid-19.

En diciembre de 2021, un tornado arrasó con una bodega de Amazon ubicada en el pueblo de Edwardsville, Wyoming, dejando al menos seis muertos y múltiples heridos. Los empleados recibieron la orden de no dejar su puesto de trabajar y no dejar sus labores a pesar del peligro latente que significaba un tornado. Las pérdidas para Amazon eran millonarias y no estaban dispuestos a enfrentarlas, los empleados no tenían permitido ir a resguardarse con sus familias y al final ocurrió la tragedia.

A finales de 2020, Chloé Zhao presentó su adaptación del libro Nomandland, escrito por Jessica Bruder. La película ganó tres premios de la Academia en las categorías mejor película, mejor director y mejor actriz a Frances McDorman. La adaptación corrió a cargo de la misma Zhao, resultando una obra bastante libre e interpretativa, más allá de lo que se intenta contar en el libro, que es un trabajo de investigación que Bruder llevó a cabo por tres años viajando con gente que se mueve de ciudad en ciudad buscando trabajo, viviendo en sus autos, la mayoría de ellos adaptados para funcionar como casa y como vehículo. La investigación terminó en un libro que en español fue editado por Capitan Swing en el 2017.


Es importante hablar de la película previo hacer cualquier comentario sobre el libro, por un par de razones, la primera es que la adaptación que se hace no captura la naturaleza y el objetivo de la investigación que Bruder realizó para construir un ensayo coral que denuncia las injusticias del capitalismo de plataforma, además traiciona toda esta esencia al poner a Amazon como un empleador más, que permite a estos “nómadas” mantener su “estilo de vida” donde los bienes materiales se convierten en un lastre (según la interpretación que la de Zhao al libro) que no permiten encontrar la felicidad plena que es ir de un lado a otro sin ataduras de ninguna clase.

En el libro, los nómadas platican de primera mano con Bruder sobre los motivos que tuvieron para vivir en sus autos-hogares para viajar buscando trabajo, en donde sea y como sea. Desde los grandes almacenes de Amazon (los más utilizados, y los más esclavizantes) hasta campos agrícolas trabajando como jornaleros. La mayoría de ellos no tuvo alternativa al perder sus empleos, sus ahorros y por consiguiente, sus casas al no poder pagar las hipotecas.

Ser nómadas fue su ultima opción, no les quedo otra para poder sobrevivir. Todos ellos hablan de la falta de seguridad, de los riesgos, de cómo el apoyo mutuo si bien es fundamental para mantenerse a salvo en las carreteras, carece de la parte más importante que es defender un territorio, un espacio común.

Bruder solo sirve como válvula de escape para que los entrevistados por tres años pongan en la mesa todos sus sentimientos, sus miedos, sus sueños, incluso aquellos de poder volver a tener una casa, un lugar fijo, un trabajo seguro. Ella solo es la narradora de una realidad que supera por mucho todo lo que nos han dicho que significa el capitalismo y el libre mercado, o tal vez lo representa de la mejor manera, donde los seres humanos solo somos mercancía descartable.


A diferencia de la película que
 se inserta en esta nueva tendencia de crítica al sistema actual, que no es más que un maquillaje que sirve para silenciar las buenas conciencias de la gente que aún conserva sus privilegios, que se indignan con la pobreza y las injusticias a la par que hacen sus pedidos por Amazon, mientras que le piden a su Alexa que les reproduzca la canción de moda.

En el libro se desgrana la realidad que desde 2007 a la fecha viven miles de personas en todo el mundo, incluidos aquellos a los que el Sueño Americano se les convirtió en la Pesadilla del capitalismo tardío y salvaje. Donde las minorías ya no solo se definen de forma racializada (aunque este es un mito de los progres que no ven más allá de sus propios privilegios) sino por una clase media totalmente vulnerada, golpeada sin piedad por un sistema en crisis, por un capitalismo neoliberal que está mutando peligrosamente hacia un neo-feudalismo mucho más salvaje y depredador que se ve fortalecido por el capitalismo de plataforma que a su vez da las herramientas para que la desconexión entre el modelo de producción y el consumo se vaya dando de forma más clara. Las zonas de sacrificio son solo un mito para aquellos que no tienen que vivir y trabajar en ellas, no ven los impactos que éstas dejan en las comunidades cercanas y en la naturaleza, claro, siempre tienen la serie o la película que es tendencia para apaciguar su “conciencia social”.

La segunda razón de la importancia de la película y su desfase con el libro tiene que ver con la influencia que tiene el cine en la mayoría de la población y que es mucho mayor que la literatura, especialmente aquella de investigación, de crítica real. Y aquí tengo que ser claro. No cuestiono ni la técnica, ni la estética que Chloé Zhao logra con su filme. Es bastante buena; lo que cuestiono es su forma de abordar el punto central del libro y la denuncia muy clara que hace contra un sistema de clases injusto, Zhao lo deja de lado para convertir el objetivo en una especie de viaje de descubrimiento al estilo new age o cualquiera de esas filosofías que intentan ocultar la realidad con ideas que no tienen fundamento en la realidad, pensamientos mágicos sin sentido, absurdos.

No se espera que Chloé Zhao se convierta en la próxima Ken Loach, ni mucho menos; de este aún nos queda bastante por ver, sin embargo a la directora le falta la carga teórica socio-política que a Loach le sobra, por lo tanto se queda a la mitad del camino, o nos da un retrato romantizado de una clase que ha sido despojada de todos sus derechos, abandonada a la suerte por un modelo que la considera prescindible.

La idea de dejar todo atrás para irse en un viaje de auto descubrimiento se convierte en la trama, lo hace pensando que abandonar todo para viajar de un lado a otro es ser libre. Convierte al desalojo de las personas en una idea romántica que nada tiene que ver con la realidad, en pos a según de Zhao y muchos otros que parten de esta misma idea en la búsqueda de la felicidad completa así en abstracto, sin detenerse a pensar en lo que significa perderlo todo. En los tres años de investigación de Bruder, pocos son los que tomaron esto como un viaje de auto descubrimiento, la mayoría son desalojados, despojados, abandonados, parias.

Tal parece que el objetivo del entretenimiento actual es convencernos de que la organización ciudadana, comunitaria no es viable, que nos toca sentarnos y esperar que alguien más resuelva por nosotros la crisis actual. Una táctica que les esta funcionando bastante bien, si vemos este tipo de películas que aunque tengan un buen respaldo como lo es el libro de Jessica Bruder, se convierte en algo totalmente distinto.

 

Desde las montañas de Klatch City

enero 2021



*Jorge Tadeo Vargas, escritor, ensayista, anarquista, a veces activista, pero sobre todo panadero casero y padre de X.

Letrinas: Arrebol



ARREBOL

Por Amaranta Castro

I.

Ella se despierta con un dolor fantasma dentro de la cavidad. Se mira con un espejo, ahí está el espacio vacío que dejó la raíz torcida de su muela. Cuando pasa su lengua dentro de su boca, se pregunta en dónde habrá quedado ese pedazo semejante a un hueso, quizá dentro de algún contenedor sin líquido o en el basurero. Será el premio de otro y ya no mío.

Cuando era niña, sus dientes de leche los conservó dentro de una caja de cerillos. A veces, los formaba en una hilera, juntos semejaban la forma de una nube. Los examinaba con sus pequeños dedos. Dentro de ellos sólo quedaba un hueco con sangre seca.


II.

Hace más de un mes que va cada viernes al odontólogo. Prefiere llamarlo así y no dentista. Nombrarlo de esa forma le da una sensación de seguridad engañosa, como cuando en vez de médico, dice cirujano o anestesista.

Ella llega a la cita. Se recuesta en la silla. Espera. Luego el olor de los guantes de látex le llega a la nariz, observa las microgotas de saliva, las ve saltar en sus mejillas. Le lavan la cavidad y le pican las otras muelas con algo parecido a un ganchito.

 

III.

A la altura de sus ojos, hay una ventana con diversas manchas a las que les encuentra la forma de insectos aplastados. Se centra en la que parece una mosca: las antenas, los ojos, las alas. Detrás del insecto, aparece una espesa nube deforme.

Y ya se sabe, las nubes deformes son de por sí extrañas. Las nubes tienen una conformación bien definida y sus siluetas reales aparecen unos segundos después de observarlas.

Pero la nube sigue sin tener un contorno definido. Mientras escucha el sonido de algo parecido a una turbina pequeña que entra en su boca, observa que la nube empieza a desplazarse hacia la izquierda en un movimiento pausado y blanco. Parece que la nube quiere ver dentro de su boca, que los miles de cristales de agua quieren asomarse hasta la campanilla de su garganta y tocarla. Ella deja la boca bien abierta.

 

IV.

¿A qué velocidad se mueven las nubes? esta no dejó ningún filamento suelto.

 

V.

Cuando la nube esta por desaparecer de su vista, cierra los ojos. La lengua, la saliva, el sabor amargo de algo en su garganta. Ella abre los ojos y le sorprende que la nube vuelva. ¿Cómo que vuelve? Ahora avanza hacia la derecha, lo hace con armonía apresurada. Una última mirada Martina, dice la nube. Dentro de Martina, una nube roja asciende desde dentro de su boca, la sangre roja se desvanece, se mueve lenta hacia su cuello.

Planeta Buba: el libro

Por Parraguirre | Ilustraciones tomadas de Planeta Buba |


La presentación de un nuevo libro de Buba
conlleva una gran responsabilidad.


En el precario mundo de la narrativa gráfica nacional, revisitar las obras indica la buena salud de éstas. Sobre todo, si su realización es posible gracias a la ciberdemocracia del fondeo, en donde la gente, la banda solidaria, el pueblo bien informado, son quienes determinan el éxito de los proyectos. Tal es el caso de Planeta Buba, que pasó de ser un modesto fanzine en blanco y negro, a convertirse en un librito hecho y derecho, a color, y con audio en Surround Sound System.

Esta nueva versión remasterizada, relata la génesis de Buba, quien fue expulsada de una excrecencia del Todopoderoso, donde parece insinuarnos, a la manera del escritor soviético Isaak Bábel: 

“Nosotros somos un escupitajo de Dios. Nuestro destino no vale un céntimo; nuestra vida exactamente lo mismo”. Porque la Buba puede ser así, altanera, caprichosa y orgullosa; frívola y aventurera; o lépera, cursi y de azote existencial.

No por nada se ha convertido en un personaje entrañable dentro de la historieta mexicana (y sus alrededores). Prueba de ello es la cantidad de seguidores que se encargan de mantenerla vigente. Pues a Buba se le puede encontrar paseando en un sticker dentro de los vagones del metro, observando desde un grafiti en alguna barda de ciudad, acompañando a sus acérrimos fans sobre el lienzo de su piel, custodiando la entrada de un bar de mala muerte, o bien, al interior de algún café cultural de buena muerte (porque hasta para morir hay estilo). Aunque del mismo modo, es posible verla en lugares más formales, como los libros.

La presente edición de Planeta Buba, demuestra que el tiempo puede ser un buen aliado, debido a que la diestra pictórica de José Quintero, también evolucionó para darle otro cariz a la obra. Pero el progreso no es únicamente en el apartado gráfico, pues con la decisión de añadirle más páginas, consiguió una prosa ágil, es decir, para los entendidos en el noveno arte: un buen ritmo narrativo entre la secuencialidad de las viñetas. Lo que resulta en una lectura fluida y amena, aunque no por eso rápida, ya que dentro se podrá encontrar la clásica mitología Bubiana, que consiste en páginas con carga simbólica, y alegorías propias del microcosmos del personaje, las cuales podrían pasar inadvertidas en un primer vistazo.

Por otro lado, la brevedad de la obra es un acierto que permite regresar a su lectura más de una vez, además de ser un mérito, pues como apuntó el poeta Charles Baudelaire: Lo breve exige mayores esfuerzos que lo prolijo”. Encima, lo sucinto del trabajo es solo aparente, dado que al prescindir de textos y explicaciones, el lector puede darle rienda suelta a la imaginación y proponer distintas significaciones. Algo parecido a las alegorías oníricas hechas por Jim Woodring, en su historieta Frank.

Una interpretación somera de Planeta Buba, puede ser aquella en que el conocimiento, interpretado por la sierpe de Nietzsche, consigue abrir el tercer ojo de nuestra protagonista e iluminarla, o dicho más propiamente, ponerla al tiro; a fin de emanciparla del dogma religioso. Atendiendo así, lo propuesto por quien escribió el mamotreto de El capital: “La crítica de la religión es la premisa de toda crítica”.

Y aquí, metiendo la idea un poco con calzador, tal vez exista otra lectura subyacente a dicha crítica, con un guiño a las ideas decolonizadoras derivadas de la filosofía de la liberación. Pues la religión ha fungido como un dispositivo colonial, bajo el supuesto de su universalidad (y buena onda). Por lo que con el pretexto de un altruismo desinteresado, “el sujeto occidental –dice Abdennur Prado– se otorga a sí mismo la misión civilizadora de ayudar a los pueblos atrasados a salir de las tinieblas de la ignorancia a la luz de la razón científico-técnica”.

Ante esta lectura, quizás se pueda objetar la aparición del filósofo alemán homicida de Dios, como representante del colonialismo occidental, sin embargo, es posible pasarlo por alto, si consideramos que la crítica decolonial se desprende del propio cuestionamiento epistemológico de occidente. Algo así como el símbolo de Uróboros, a saber, la serpiente en forma de ocho devorándose así misma. Ya el escritor Leonardo Da Jandra ha mencionado que la razón sólo puede establecer significados, jamás verdades; la verdad de las cosas es incognoscible, por eso es que todas las filosofías que pretenden poseer la verdad son falsas”.

De cualquier forma, cada lector podrá aportar su propia interpretación del libro, el cual no pretende ser un tratado filosófico, sino una invitación a imaginar y reflexionar en torno al universo de Buba. Quien en una provocación, producto de la casualidad, decidió reaparecer en ésta ciudad mocha y conservadora, con una historieta que muestra el suicidio de Dios. Y aquí sí, habrá que concederle “a la provocación un alto valor filosófico”, como deseaba el filósofo Louis Althusser. Sobre todo en estos tiempos aciagos, complacientes y carentes de crítica, donde la rebeldía parece haber sido secuestrada por la tecnología y las redes sociales. 

En fin, celebremos pues, este atisbo vital del Espíritu Reacio, en un personaje iconoclasta, que a través de su libre albedrío parece decirnos, al estilo de Joseph Roth: “Dios no está ahí, el cielo está vacío y las estrellas son frías, lejanas y crueles, y puedes hacer lo que tú quieras”.


José Quintero, Planeta Buba, Mono Barroco/Animal Gráfico, Ciudad de México, 2021, 40 pp.

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