Nieves de enero: convocatoria de cuento 2026 | Editorial Agujero de Gusano



CONVOCATORIAAntología de cuentos

Nieves de enero


La Editorial Agujero de Gusano convoca a escritoras y escritores que radiquen en México a participar en la antología de cuentos Nieves de enero, un proyecto editorial que explora la relación entre la música popular mexicana, la violencia, la memoria y la cultura contemporánea.


Intención editorial

Esta antología parte de la convicción de que la música popular mexicana no es un mero acompañamiento de la vida cotidiana, sino un archivo vivo de la violencia, la memoria y las contradicciones del país. En un contexto donde la música narra lo que a menudo no aparece en los discursos oficiales —o lo hace desde la distorsión, el mito y el espectáculo—, estos cuentos buscan interrogar el papel de la canción como testimonio, mercancía, propaganda o resistencia. La intención editorial no es glorificar la violencia ni moralizarla, sino explorar sus resonancias culturales, las formas en que se canta, se oculta, se celebra o se normaliza. Desde la ficción, la antología propone una lectura crítica del país a través de su música: lo que dice, lo que calla y lo que deja sonando cuando todo lo demás se ha roto.


Temática

La antología estará dedicada a la música popular mexicana y su relación con la violencia, la memoria y la identidad cultural.

Los cuentos podrán dialogar —de manera directa o tangencial— con alguno o varios de los siguientes ejes:

  • La música popular como narradora de la violencia en México.

  • Corridos, narcocorridos y corridos tumbados como mito, crónica o propaganda.

  • La censura, persecución o silenciamiento de la música popular.

  • La narcocultura y su imaginario musical.

  • La violencia de Estado y su reflejo (o su omisión) en la música.

  • La música regional mexicana como herencia, identidad o condena.

  • La música como industria, mercancía y dispositivo cultural.

La música podrá funcionar dentro del relato como tema central, detonante narrativo, atmósfera, memoria, obsesión o ruina.


Participantes

Podrán participar autoras y autores de cualquier nacionalidad y edad, siempre que radiquen en México (condición indispensable para el envío del ejemplar de cortesía).

Cada participante podrá concursar con un solo cuento.


Obra

  • Se podrá participar con una sola obra.

  • El texto deberá ser original e inédito, y no haber sido premiado ni estar participando simultáneamente en otros concursos o convocatorias editoriales.

  • La obra deberá estar escrita en español, en hojas tamaño carta, con una extensión de 4 a 7 cuartillas, en formato Word, con letra Times New Roman o Arial de 12 puntos e interlineado de 1.5 (si el trabajo se extiende un poco más de las 7 cuartillas, no hay problema).


Método de envío

Los trabajos deberán enviarse al correo electrónico: hola@sputnikdos.com

Asunto del correo: Nieves de enero

El correo deberá incluir:

  • El cuento adjunto en documento Word con título, nombre o seudónimo del autor (respetando las características de formato y extensión).

  • Una breve semblanza del autor o autora en el cuerpo del correo (de manera opcional puede incluir redes sociales del autor).

Además, cada participante deberá incluir un enlace de Spotify o YouTube a una canción relacionada con la temática de la antología (no necesariamente vinculada al cuento enviado), con el fin de conformar la playlist oficial de Nieves de enero.


Plazos

  • Recepción de trabajos: 01 de enero al 30 de marzo de 2026.

  • Las personas seleccionadas serán notificadas vía correo electrónico en fechas posteriores.

  • La publicación de la antología está prevista para el verano de 2026.


Selección

Los cuentos serán leídos y seleccionados por el equipo editorial de Agujero de Gusano. El fallo será inapelable.

Debido a la extensión limitada del libro, no será posible incluir todos los trabajos recibidos. Sin embargo, algunos textos no seleccionados para la antología podrán ser considerados para su publicación en la sección literaria Letrinas de Revista Sputnik, en la página web de Editorial Agujero de Gusano o en el fanzine impreso que la editorial distribuye periódicamente en la ciudad de Aguascalientes. Al enviar su obra, las y los participantes manifiestan su conformidad con esta posibilidad.


Publicación y derechos

Los autores y autoras conservarán los derechos de su obra, cediendo de manera no exclusiva los derechos necesarios para su publicación en la antología Nieves de enero, así como en sus posibles versiones impresa, digital, en Revista Sputnik, el fanzine impreso o la página web de Editorial Agujero de Gusano.

Al tratarse de un proyecto autogestivo e independiente, no se contempla remuneración económica. Cada autor o autora seleccionado recibirá un ejemplar de cortesía de la antología.

Se otorgarán cinco menciones honoríficas a los cuentos más destacados, las cuales estarán acompañadas de un presente simbólico por parte de los patrocinadores del proyecto.


Consideraciones finales

Editorial Agujero de Gusano se hará cargo de los gastos de impresión, registro y distribución de la obra entre sus autores. Un porcentaje del tiraje estará disponible para su venta a través de los distintos canales de la editorial, y las personas participantes podrán adquirir ejemplares adicionales si así lo desean.

La participación en esta convocatoria implica la aceptación total de las presentes bases. Cualquier situación no prevista será resuelta por el comité editorial.

La fuerza invisible de "Auliya": un viaje de amor entre la magia y el desierto.



Falses Beatniks | Por Ale Ballesteros


En algún lugar del Medio Oriente existe una pequeña aldea llamada Achedjar. La arena blanca y el sol abrasador cubren todo a su paso y apenas algunas plantas crecen en la región así como algunas cabras que dan leche. Los habitantes sobreviven día a día.

Dentro de esta miseria nace Auliya, una pequeña que es marginada desde el instante de su nacimiento debido a, entre otras cosas, tener una pierna más larga que la otra. La postura del pueblo hacía Auliya se funda en el miedo: nace de la ignorancia, no entienden y, por tanto, temen. En consecuencia, la tribu la considera un mal presagio y sus padres no tienen más remedio que ocultar a su pequeña hija. Lo mismo para los dones que ella comienza a manifestar tan pronto comienza su niñez…

El temor a lo desconocido es un fenómeno universal. En él encontramos raíces psicológicas, culturales e incluso biológicas. La reacción “natural” es el deseo de alejarlo y negarlo, si no es posible eliminarlo. Sin embargo, nunca habrá de existir una explicación que justifique la crueldad.

Murguía construye la imagen de una joven devota tanto de sus padre como de su fe. Una personaje que tratará de desmentir los rumores que han crecido en Achedjar y cuya lucha no será suficiente para esperar que pueda conocer a alguien que se case con ella. Una vida de soledad es lo que habrá que aceptar.

El cuidado determina mucho de su esencia. Por ejemplo, cierto día, un joven casi moribundo de nombre Abú al-Jakúm quien recién emprendía un viaje de autodescubrimiento con rumbo al mar, llega en el lomo de un caballo y los habitantes asumen lo peor del forastero. Asociando su misteriosa llegada con el mal presagio que es Auliya y esta idea cobra fuerza cuando la joven coja muestra interés en el enfermo. Será la única que limpie cada día sus heridas, lo alimente y ore por su recuperación, mientras el resto esperan su mejora para ver su partida inmediata.

A diferencia de su tribu, Auliya no adopta una actitud de rechazo a lo desconocido. Al contrario, se interesa en saber cómo y de dónde pudo llegar un joven tan mal herido. En aquellos momentos breves de lucidez que comienza a manifestar Abú al-Jakúm, el moribundo, muestra interés en los rasgos singulares que posee la joven que siempre está a su lado. Como agradecimiento, le contará numerosos relatos y en ella nacerá un deseo de salir a conocer el mundo, como aquellos viajeros de los cuentos.

Observamos el nacimiento de un amor que sobrepasa los prejuicios que el pueblo tiene sobre ambos. La autora narra este encuentro no encerrándose en la confusión, sino en el sentir de sus presencias, en interesarse el uno por el otro a través de pequeños detalles que reflejan sus verdaderas emociones. El joven herido, a pesar de saber cual es la probabilidad de su recuperación, procura mantener en calma a Auliya, brindándole una sonrisa cada vez que ella lo alimenta o cura sus heridas con los remedios caseros que prepara.

No obstante, encontraremos un tratamiento donde el amor aparece como efímero y Auliya, a través de este elemento, hará conciencia de sus poderes, la conexión que sus emociones logran establecer en los sueños, los eventos climáticos y eventualmente en el reino animal. Así, emprende un viaje en busca del mar del que escuchó hablar en las historias de Abu al-Jakúm.

Verónica Murguía nos adentrará en esta travesía por el desierto, el cual refleja la madurez que crece en su personaje a medida que se enfrenta con cada dificultad. Desde aprender a mantener comunicación con las diferentes criaturas que la ayudan a seguir su camino, aprender a manejar sus poderes y hasta la repentina ausencia de ellos.

Su estilo narrativo en tercera persona encaja con lo que desea transmitir a lo largo de su novela, combinado con la atmósfera poética, mítica y fantástica que crea, con un toque de metáfora en el renacer de Auliya. Resurgir sin más, que tu cuerpo sin memoria alguna de quién fuiste o eres lo redescubre de una forma tan genuina. Es decir, Murguía no crea una heroína inquebrantable, sino una joven que se deja cautivar por sus alrededores, que duda de lo que experimenta, sufre la incertidumbre, al igual que tiene constantes caídas, pero no la retroceden sino que la fortalecen.

Por momentos podemos llegar a cuestionar si algún día terminarán los constantes obstáculos que nuestra protagonista debe atravesar. Sin embargo, una suave brisa de mar es la que nos conduce a su final.

La protagonista pasa de ser una criatura solitaria y, a ojos de los demás, “peligrosa” a ser una diosa de la abundancia, emanando una esencia de valentía pura, sin dejar de ser la misma chica. Auliya es una joven que con frecuencia se ve perdida en diferentes cambios, físicos y mentales, demostrando que son consecuencia de la imagen que crearon de ella.

Podríamos relacionar sus diversos cambios con diferentes etapas de la vida. El tiempo no se detiene, vivimos eventos que nos obligan a cambiar. Estos cambios son confusos, a menudo frustrantes, a veces nos perdemos pero siempre podemos renacer de nuestros propios miedos.

Al final, encontramos una reminiscencia con la maga Auliya, que conectó con el mundo y lo multiplicó. Su esencia radica en renacer en algo más especial cada vez.

"Avatar: fuego y cenizas", poco innovadora en su guion, pero con una deslumbrante Oona Chaplin


Cinetiketas | Jaime López


La tercera entrega fílmica sobre el planeta Pandora, "Avatar: fuego y cenizas", lleva en el título su penitencia, pues es dueña de intensas secuencias de acción, que regocijan el espíritu como cuando uno se acerca a las brasas de una fogata, pero también tiene momentos grises y repetitivos que hacen recordar cosas de sus antecesoras.

Es decir, se trata de una producción irregular, sobre todo en lo referente al guion coescrito por James Cameron, Rick Jaffa y Amanda Silver, quienes nuevamente retoman a los protagonistas y antagonistas de sus dos primeras películas.

Eso último evidencia que los creadores de los nativos azules poco o nada quieren arriesgar en su argumento, el cual otra vez retrata a los humanos como unos depredadores desalmados sin un ápice de remordimiento.

Y no es que ello esté mal, porque siendo francos, en la vida real el homo sapiens ha dado muchas pruebas de que es la raza más peligrosa respecto al cuidado de los recursos naturales, pero ojalá los escritores le hubieran dado más matices a algunos de sus representantes. Sí, existe un científico/biólogo que se arrepiente de sus planes, pero parece sacado de la manga, solo para salvarle el pellejo al estelar masculino.

La trama de "Avatar: fuego y cenizas" recuerda a sagas épicas como la de "El Señor de los anillos", en donde también se prevé una gran batalla en el acto final del metraje con la participación de una especie que al principio no quiere estar en ninguna guerra.

En el caso de la trilogía de James Cameron se hace referencia a los Tulkun, las enormes criaturas marinas parecidas a las ballenas, que se comunican a través de sonidos o miradas.

Su postura antibélica o su actitud de estar al margen de cualquier confrontación cuerpo a cuerpo recuerda a los Ents, los personajes de la saga escrita por J.R.R. Tolkien. Eso sí, el diseño de sus movimientos corporales es digno de aplaudirse.

Es ese último punto en donde Cameron vuelve a poner su mayor esfuerzo, en la consolidación de su tecnología estereoscópica, que hace sentir a la audiencia como en un videojuego.

Lo malo es que el séptimo arte sigue requiriendo de historias sólidas para no solamente brindar una experiencia inmersiva al público, sino también emocional.

Ahi es donde "Avatar: fuego y cenizas" vuelve a quedar a deber, porque aunque aborda tópicos universales como el remordimiento, la venganza y el rencor, lo hace sin ingenio ni profundidad.

Ahora bien, hay un nuevo personaje que sí vale la pena destacar y que ha tenido buena acogida entre la crítica especializada, el de "Varang", la lideresa del clan "Ceniza".

Es interpretada por Oona Chaplin, la nieta del legendario director y actor británico, quien dota a su rol de una epidérmica sensualidad e ira contenida. Además de que probablemente es el personaje de "Avatar 3" con el mejor arco emocional de la cinta.

Sin temor a equivocarme, la también actriz de la serie "Juego de Tronos" podría tener su propio spin-off y brillaría innegablemente.



Carta navideña para AFS 2025


Por Alejandro Carrillo 


Todo comenzó como comienzan las cosas que parecen chiste y terminan volviéndose destino: un puñado de tipos sentados en un bar, intentando engañarse a sí mismos con la idea de que el futbol podía ser una cura temporal para la resaca eterna, para las malas mañas, para ese cansancio de la vida adulta que se pega a los huesos. No pasó así. Pasó algo mejor.

El dueño de la idea, músico en fuga de su propio horario, ya ni viene; pero fue él quien tuvo la chispa. Y aunque muchos se quedaron en el camino —porque no cualquiera despierta un sábado con el hígado protestando para ir a correr bajo el sol— otros fueron llegando desde rincones improbables.

De ahí nació este ejército mal organizado, esta hermandad improbable, este grupo de WhatsApp con el nombre menos épico de la historia: Amigos Futbol Sábados.
Un nombre hecho al vapor, sin poesía, sin glamour… y que hoy ya no nos atrevemos a cambiar porque ahí adentro vive una parte importante de nuestra vida.

Ahí están los mensajes a deshoras, los “confirmo”, los “en camino”, los “voy tarde”, los “estoy repedo”, los memes, las mentadas, las alineaciones, las discusiones inútiles y los silencios cuando alguien no aparece porque está pasando por algo pesado. Ahí está el pulso del grupo.

Y en la cancha están ellos. Todos ustedes.

Cuando cayó el régimen del músico —cuando la rutina le ganó al entusiasmo y la resaca fue más fuerte que su voluntad— apareció Esaú. Nuestro dictador benevolente. El hombre que tomó el caos y lo convirtió en calendario. El que convoca, reparte, cobra, insiste. El que nunca dejó que esto muriera. Inteligente, terco, solidario. Sin él, no habría cancha, no habría grupo, no habría sábados. Y eso hay que decirlo en voz alta.

Alan, cañonero hambriento, pelea ahora contra su rodilla como si fuera un enemigo jurado. Y aun así, cuando no está, falta el ruido: falta su pólvora, falta su amenaza. Familia.

Betito, el poeta, el hombre que escribe como juega o juega como escribe: con esa mezcla peligrosa entre lo sublime y lo torcido en la misma jugada. Capaz de una gambeta que parece metáfora y de una caída que parece un verso roto.

Preci, fundador, romántico del futbol viejo, necaxista. Uno de mis hermanos de vida, guerrero sin armadura, que ha sobrevivido a golpes más duros que cualquier entrada. Un hombre que ha aprendido a levantarse tantas veces que ahora se levanta también por los demás, incluso antes de que toquen el piso.

Alonso, arquero y cronista, guardián del arco y documentalista de la memoria del glorioso Hidra. Especialista de los penaltis. Cada atajada suya parece un pequeño milagro.

Chiki, tosco por fuera, noble hasta la médula. Llega cada sábado buscando un pegamento distinto. Y lo encuentra. A veces en un pase, a veces en una carcajada, a veces en una charla futbolera. Pero vuelve a armarse, siempre vuelve a armarse. Quizá el que mejor entiende para qué sirve la reta.

Dani Ibarra, defensa elegante, se peina antes de ir a chocar y despeja como si el estilo fuera táctica. Luis Miguel de fondo, donjuán y marcador serio. Convierte cada cruce en una coreografía.

Didiego, mi hermano. Incansable aunque el cuerpo proteste. Un corredor del alma más que de las piernas. A veces juega con pulmones prestados, pero siempre con corazón propio.

Diego Reyes poeta del gol y casanova del mundo. El que convirtió la capoeira en un idioma para anotar goles hermosos. Él no mete los goles, los baila. Más goleador en el área chica de las féminas.

Arka, el que cura, el que aconseja, el que se emputa si le das mal una pared. Médico de cuerpos ajenos y atleta de alma entera, un tipo que parece creado para jugar futbol. Todo en él es balance: tocar, pasar, ayudar, sanar. Dentro y fuera de la cancha.

Chuy Flores, el que viene poco pero cuando viene no se rinde y eso vale más que cualquier habilidad. Su terquedad es un recordatorio de por qué jugamos. Es malísimo y admirable a la vez. Y además, trajo a Taquero, así que todo perdonado.

JP, mi arquero favorito, mi amigo, mi mosquito, mi rey lagarto. Reflejos imposibles, nobleza infinita. Siempre queriendo mejorar, en la vida y en la cancha. A veces ataja balones, pero siempre ataja nuestras tristezas. JP siempre en mi equipo.

Taquero… qué se puede decir. Nuestro santo no canonizado. El más querido, el más popular, 40 millones de seguidores, no lo vas a entender jamás.

Waz, amigo tardío y necesario. Bigote mítico, asador místico. Un tipo que llegó sin aviso y se volvió un pilar del grupo y en lo personal uno de esos regalos que solo la adultez sabe dar. Gracias a él hay cancha y terceros tiempos INCOMPARABLES. Los mejores del mundo.

Luisillo, es como el hijo de todos, el hijo problema que nadie quiere tener pero que nos vemos en la necesidad de cuidar: rebelde, contestatario, genio y figura.  Tormenta con piernas. Un tipo que disputa batallas invisibles más consigo mismo que contra el rival y aun así siempre aparece. Su bondad y su amistad, siempre, siempre ganan los partidos que importan. Te quiero mucho Distinto19.

Moro, torero viejo, clase intacta aunque el tiempo le robe metros. Juega con la dignidad de quien sabe que se está acabando algo… ¡pero no hoy! Y ahora comparte la cancha con su hijo. Eso ya hace que el sábado valga la pena.

Oscar El Pai, velocista, zurdo eléctrico, carismático. Una estrella que no necesita estadio para brillar aunque juega como si siempre tuviera público. Un tipo que convierte cualquier pase largo en promesa de alegría. Diferente cada vez que toca el balón.

Pato, mi hermano desde los doce. Compañero de banda, de vida, de heridas. Él que siempre da un pique cuando estoy a punto de caer, dentro y fuera de la cancha. El que me ha visto triste, contento, destruido, y aun así siempre me pasa el balón.

Rudy, la ardilla, el culto, el brillante. Un escéptico natural, alma seria del grupo. Un tipo que opina fuerte, piensa hondo y juega como si todo el caos del mundo pudiera ordenarse con un buen pase filtrado. Pensador incómodo. Necesario. Un cineasta sin película, un filósofo sin público, un jugador que entiende más de la vida que del deporte -pero aun así ataja hermoso-.

Chuy del Futuro, maestro del francés, sacerdote de los edits, nuestro cronista audiovisual. Bibliotecario de ¡LA FOTO! ¡LA FOTO! Gracias a él no olvidamos quienes hemos sido en nuestros mejores sábados. Aunque es pésimo escogiendo equipos: Pumas, Madrid, Marsella, Partido Acción Nacional; pocos como él son tan generosos fuera de la cancha.

Vico, mi hermano del alma, presidente honorario de este grupo, espíritu del Ummagumma, un tipo querido por todos y que siempre nos abre las puertas. Aquí seguimos, carnal.

Charly, defensa duro, sobreviviente de verdad. Su cuerpo trae historias que el balón nunca podrá narrar. Cada despeje suyo es un acto de resistencia.

Eder y Fabián, hermanos, técnicos, incansables, obreros del medio campo que trabajan como si cada pase fuera un oficio honesto. Fabián, ejemplo vivo de resiliencia con su pierna recién curada; Eder, brújula silenciosa que siempre está donde debe.

Alfaro, el fantasma fiel. Nunca lo verás pasándote una chela pero sí corriendo al espacio. Casi nunca falta. Un misterio atado a una constancia admirable.

Kevin y Luis Ozuna, defensas de los de antes, muros serios y eficaces. Creadores de chistes involuntarios, pero también de entradas duras que sostienen al equipo cuando todo se tambalea. El futbol es más sencillo si los tienes a tu lado. ¿Alguien necesita un contador?

Miguel Ibarra, cuyeyo orgulloso, trabajador, amable. Le da serenidad a cualquier cascarita. Incansable, noble, siempre alentando, siempre corriendo, siempre ahí donde se necesite estar.

Pete, fundador, profeta, bebedor, ciclista, conquistador de bares, fecundador de nalgóticas. Carisma puro. Querido por muchos, odiado por unos cuantos, precisamente por eso: por su empeño, su alegría, su terquedad luminosa.

Sam, bala humana, egoísta por talento, feroz por naturaleza. Un tipo que juega como si el mundo le debiera prisa. Difícil de alcanzar, imposible de ignorar.

Paquito, músico exiliado en techos ajenos, fundador de primera hora. Cada vez que regresa ilumina el día: trae historias, trae recuerdos, trae algo que solo él puede cargar. Como si hubiera vuelto un tío querido.

Y luego están los cometas: Amaury, Cuauh, Dany Gallegos, Emilio, Lalito, Nico, La Cobra, los amigos de la infancia y familiares lejanos de Alfaro; y los que se irán sumando y restando como pasa en todas las familias. Gratitud también a ellos por los momentos compartidos dentro y fuera de la canchita.

Y pienso en mí, Carri, que creí que el futbol se me había ido para siempre cuando mi rodilla explotó y la vida me obligó a ser otra cosa. Que pasé dos años lejos de una cancha convencido de que ya no había lugar para mí. Hasta que este grupo apareció como un milagro que no pedí pero que necesitaba. Desde entonces no he dejado de jugar, ni ustedes de alivianarme. Soy uno de los agradecidos, uno que volvió a nacer en una cancha rentada cada sábado a las nueve de la mañana.

Porque este año en específico fue duro, muy duro, y sin ustedes no lo hubiera atravesado igual. Sus pases, sus gritos, sus consejos, los terceros tiempos con Juanito y Mari La Tetas, las risas, los parleys, las discusiones inútiles, los silencios compartidos… todo eso me sostuvo más de lo que creen.

Y yo los veo cada sábado, llegar a calentar como dios nos da a entender, sin árbitro, sin uniforme, sin promesa de victoria, pero con una especie de furia infantil que nos recorre a todos. Somos hombres cansados, derrotados por la semana, trabajadores, rotos, tercos, confundidos, con pérdidas, con deudas, con miedos. Pero cada sábado cuando el balón rueda, algo se acomoda. Algo nos limpia.

El mundo deja de pesar como pesa entre semana. Y por dos horas vuelve ese milagro sencillo de la infancia: correr sin saber por qué, reír sin motivo claro, caerse sin sentir vergüenza.

Quizá la vida adulta sea eso: tener un lugar donde el mundo no duela tanto.

Para nosotros, ese lugar es la Cancha #3 del Natural Soccer.
Para mí, ese lugar, son ustedes, mis hermanos.

Gracias a todos. Por estar. Por no soltar este grupo. Por seguir apareciendo cada sábado.

Larga vida a Amigos Futbol Sábados.

La estirpe de Caín: relatos sobre la herencia del daño


La estirpe de Caín (Editorial Agujero de Gusano, 2025), de Sergio Martínez, es una antología de cuentos que se adentra en una pregunta tan antigua como incómoda: ¿el mal se elige o se hereda? Desde distintos registros narrativos —realismo sucio, alegoría, reescritura bíblica, horror cotidiano— el libro construye un universo donde la violencia no irrumpe de golpe, sino que se filtra, se normaliza y se transmite como una marca familiar.

Los cuentos que integran el volumen dialogan entre sí a partir de un mismo eje: personajes comunes enfrentados a situaciones límite en las que el daño aparece como una respuesta posible, a veces incluso justificada. Aquí no hay héroes ni redenciones fáciles. Hay cuerpos expuestos, vínculos rotos, silencios prolongados y una sensación persistente de fatalidad.

Uno de los mayores aciertos del libro es su coherencia temática. Aunque cada relato funciona de manera independiente, en conjunto componen una genealogía del mal: padres que heredan violencia a los hijos, instituciones que fallan, familias que juzgan, comunidades que callan. El título no es solo una referencia bíblica, sino una declaración de principios: Caín no es un personaje aislado, es una condición que se reproduce.

La prosa de Martínez es directa, contenida, a ratos áspera. No busca embellecer la tragedia ni suavizar sus consecuencias. En varios relatos la violencia es explícita; en otros, apenas sugerida, pero siempre presente como una fuerza que modela la conducta humana. El libro incomoda porque se rehúsa a explicar o disculpar: observa y deja al lector frente al espejo.

Los textos finales del volumen funcionan como un cierre potente y revelador. Paradoja mutante, uno de los relatos más extensos, utiliza la pandemia como escenario para construir una alegoría inquietante: un hombre que, tras el encierro y la acumulación de tensiones sociales, descubre que puede transformarse. Lejos del tono heroico, la mutación se convierte en una herramienta para ejercer una justicia torpe, casi primitiva. El silencio que obtiene al final no es redención, sino alivio. Un gesto mínimo que dialoga con el resto del libro: a veces el mal no se castiga, simplemente se tolera si resulta funcional.

Soterrada, el cuento que cierra la antología, adopta el punto de vista de una mujer que presencia su propio velorio. Incapaz de comunicarse con los vivos, observa cómo la familia se fragmenta, cómo el juicio y el abandono pesan más que el duelo. Es un relato de inmovilidad y condena, donde la violencia no proviene del golpe, sino de la indiferencia. El cierre es seco, sin concesiones, y deja una sensación de soledad que persiste más allá de la última página.

Que La estirpe de Caín haya sido realizada con el apoyo del Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales, a través del PECDA Aguascalientes 2025, subraya el carácter de una obra que se arriesga a pensar el presente desde la ficción. No se trata de una colección de cuentos complacientes ni de ejercicios formales aislados, sino de un proyecto literario con una postura clara.

Con este libro, Editorial Agujero de Gusano reafirma su línea editorial: publicar textos que incomodan, que no buscan la corrección moral ni el consumo rápido, sino el diálogo con una realidad fracturada. Un proyecto literario paralelo a Revista Sputnik que comparte su vocación crítica y su interés por narrativas que se atreven a mirar la herida sin prometer consuelo.

La estirpe de Caín no ofrece respuestas. Plantea, insiste, vuelve sobre la misma pregunta desde distintos ángulos. Y quizá ahí radique su mayor fuerza: en recordarnos que el mal no siempre llega de afuera, que a veces se hereda, se aprende y se ejerce en silencio.

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"Jay Kelly", imperfecta como la vida, pero con una sorprendente actuación de Adam Sandler



Cinetiketas | Jaime López


Aunque en apariencia "Jay Kelly" puede percibirse como una nueva comedia dramática acerca de los claroscuros que tiene la gente que trabaja en la industria fílmica estadounidense, en el fondo la propuesta en cuestión hace una reflexión sobre lo irrepetible de nuestras existencias, en donde no hay oportunidades para segundas tomas, mucho menos para editar nuestros errores.

Protagonizada por el ganador del premio Oscar, George Clooney, la historia sigue a un actor veterano que enfrenta una crisis personal tras el fallecimiento de uno de sus seres queridos y el inevitable paso a la edad adulta de su hija menor.

Dicha crisis lo hace tomar decisiones impulsivas como viajar a Europa para tratar de aprovechar el último verano con la joven antes de que ésta se vaya lejos de casa por la universidad.

"Jay Kelly" comienza con una secuencia en la que el estelar está finalizando la grabación de su más reciente película y en donde pide insistentemente una nueva toma al director de la obra.

Esa línea tendrá una resonancia más relevante en el último acto de la historia, sobre todo para las audiencias que buscan un significado más profundo en el arte.

Y es que el guion escrito por Emily Mortimer y Noah Baumbach logra reflejar oportunamente temas universales con los que muchos espectadores se sentirán identificados como el distanciamiento de personas que fueron importantes en nuestras vidas.

"Jay Kelly" tiene la virtud de combinar secuencias cómicas y dramáticas para versar sobre la soledad, las personas narcisistas y las heridas del pasado que afectan las relaciones humanas.

Si bien es cierto que el guion no es perfecto y tiene momentos que rozan el cliché, no hay mucho que criticar en este rubro debido a que la vida es así: imperfecta y repleta de convencionalismos.

Ahora bien, "Jay Kelly" también tiene una gran representación de las personas que son fieles a sus amigos y se sacrifican con la finalidad de hacerlos brillar.

Dicha representación se percibe en el rol de Adam Sandler, quien da vida a "Ron", el manager del protagonista, que se ha mantenido a su lado durante tres décadas.

El actor en cuestión exhibe una sencillez epidérmica y también muestra su capacidad de dar una pausa a los personajes tontos o infantiles que han caracterizado su trayectoria.

Asimismo, Sandler tiene en sus manos una de las escenas más inteligentes y divertidas del reciente año fílmico, en donde hace mofa sin caer en la comedia barata acerca del rompimiento entre un actor y su agente.

Probablemente, el "pero" más grande en "Jay Kelly" es que no hay un buen balance en el desarrollo de sus personajes femeninos y, por tanto, algunos de ellos se sienten desperdiciados.

Es el caso de Laura Dern, que en la historia interpreta a la publicista del estelar y el exinterés romántico de "Ron", pero a pesar de su fuerte personalidad, no tiene escenas inolvidables como sí la tienen sus contrapartes masculinas.

En contraste, Riley Keough y Grace Edwards destacan como las hijas de "Jay Kelly", las cuales tienen personalidades diametralmente opuestas y fungen como la brújula emocional del protagonista.

Al final, el filme estrenado en la plataforma Netflix es altamente recomendable para quienes buscan propuestas íntimas y versátiles. Eso sí, no es la mejor cinta de Baumbach, pues tiene algunos momentos artificiosos o forzados, que le restan ritmo y autenticidad a la propuesta.



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